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VIERNES 23- 9- 94 ESPECTÁCULOS Crítica de teatro ABC 87 Los bellos durmientes divertimento supergala en el Marquina Los bellos durmientes Autor: Antonio Gala. Dirección: Miguel Narros. Escenografía: Andrea D Odorico. Música: Víctor Marinas. Intérpretes: Amparo Larrañaga, Carlos Lozano, Eusebio Poncela y María Luisa Merlo. Teatro Marquina. Colubi: El Marquina no prohibe la entrada a nadie Madrid. S. E. El director del Teatro Marquina, Alejandro Colubi, reunió ayer a los medios de comunicación para entregar un comunicado en el que sale al paso de las noticias difundidas sobre la prohibición de la entrada en dicha sala a un crítico teatral. En el curso de la rueda de Prensa, y en comunicación directa a través de una emisora de radio entre el señor Colubi y el señor Haro Tecglen, éste reconoció que él no había acudido a dicho teatro. La nota del teatro, firmada por Alejandro Colubi, dice lo siguiente: Tanto el Teatro Marquina como Alejandro Colubi nunca han impedido el acceso a don Eduardo Haro Tecglen ni a ninguna otra persona. Por tanto, es absolutamente incierto el que se diga que el Teatro Marquina impidió en la noche del 21 de septiembre de 1994 el acceso al critico don Eduardo Haro Tecglen, puesto que el señor Haro Tecglen no vino a dicho estreno. Sí es cierto que el Teatro Marquina, como todos los teatros, tiene una relación de posibles invitados a los estrenos y representaciones privadas, donde no figura el señor Haro Tecglen. Lo anterior no excluye que como en ocasiones anteriores, el señor Haro Tecglen el primer día de función al público haya sacado su localidad, visto la función y hecho la pertinente crítica. Tampoco excluye que pueda estar en esas representaciones privadas invitado por otras personas o estamentos, pero no por nosotros. Dicho lo anterior, queremos reafirmar que no tenemos ninguna animadversión contra nadie, mucho menos contra El país, periódico al que admiramos como a todos los demás, pero nadie puede pedirnos, ni a nosotros ni a nadie, que aunque comulguemos con el continente, tengamos que comulgar con todos y cada uno de los contenidos. Resumiendo, coincidimos con las declaraciones hechas por Antonio Gala, que a una función privada vienen los señores que son invitados, sin que eso signfique que se impida nada a nadie. Homenaje a Buero Vallejo. Con motivo del estreno en el teatro Juan Bravo de Segovia de su última obra, Las trampas del azar esta tarde recibirá un caluroso homenaje del pueblo y las autoridades segovianas el autor teatral Antonio Buero Vallejo, homenaje en el que también colabora la Sociedad General de Autores, que le hará entrega de una placa de manos del también autor Fermín Cabal, así como la Asociación de Dramaturgos, Directores y Productores, la Red de Teatros y Auditorios de España y de Castilla y León entre otros estamentos. Orquesta de señoritas Este montaje que llegó a mediados del mes de agosto al Reina Victoria, teatro que tuvo que abandonar por compromisos de programación, proseguirá su estancia madrileña a partir del próximo martes, en el escenario del teatro Príncipe Gran Vía, a cargo de la misma compañía, Comediantes de Buenos Aires. La bella Aurora La compañía Don Duardos estrenará el próximo día 30 en el TeatroSalón Cervantes, de Alcalá de Henares, su última producción, La bella Aurora basada en la obra de Lope de Vega, en versión y dirección de Eduardo Vasco. Son sus intérpretes María José Zaragoza, Marcial Álvarez, Carlos Tejado, Antonio Molero y Adolfo Pastor, Cuatro personajes, dos mujeres y dos hombres, en un solo escenario: el interior de un sofisticado piso lleno de máquinas automáticas. Un robot que repite fielmente la última palabra de Diana, su dueña, teléfonos para alta voz, teléfonos más discretos para sólo quien los escucha, luces automáticas, muebles ultramodernos. Esta situación inicial tiene un antecedente cercano en la comedia de Alonso Millán, Oportunidad, bonito chalet familiar interpretada por Juanjo Menéndez en el Maravillas. No importa la coincidencia. Esta comedia titulada Los bellos durmientes es otra cosa. Algo muy propio del teatro de Antonio Gala que vuelve a la escena muchísimo más literario que teatral y más esotérico que realista. Diana y Claudio, que cohabitan en esa vivienda ultramoderna, son lo que solemos llamar dos tecnócratas. Hablando como descosidos en ese lenguaje tecnocrático hiperestesiado que el vulgo considera el propio de la actual tecnocracia economista y financiera, Diana, una abogadita, joven, guapa, millonaria y liberada y Claudio, un guaperas sinsorgón que más que su amante es el tipo con el que ejerce el sexo, se olvida de ejercerlo, enajenados por su refinado lenguaje tecnocrático. Entonces aparece, como por arte de magia, un tipo, Marcos, que a primera vista parece un violento vengativo y que resulta ser algo así como un filósofo esotérico que muy pronto deslumhra a los dos chicos con su complicado lenguaje medio hindú, medio jipi inspiradísimo en los más oscuros principios hindúes. En un pispas el discurso de Marcos disipa el discurso tecnócrata de los chicos y los mete de refilón en las seducciones del karma, hacia el dominio del cuerpo y del espíritu así como, por el estilo del autor, a los placeres del aforismo a los que escenas después, Nieves, la todavía joven y también liberada mamá de Diana, se entregará con delicia. El morbo de la palabra, de la metáfora, del aforismo, de las frases redondas y brillantes, devorará enseguida toda acción real. Los cuatro personajes conversan y conversan de una manera desbordante. Prescindiendo del Karma, que es la acción, y revolcándose en el iyana que es el conocimiento, Diana, su madre Nieves y el zangolotino Claudio, navegarán de frase en frase al descubierto de la legitimidad de la homosexualidad tanto masculina como femenina, el menosprecio de la acción, en una mezcolanza muy galáctica que les hace pasearse por el budismo, el brahmanismo, la libertad sexual, la importancia del dinero, hasta, sugestionados por el misterioso Marcos, descubrir el camino hacia el estado de éxtasis del que Claudio tiene la aproximada idea de que puede tratarse de una droga de ésas de diseño que están de moda ahora. El brillante texto de Gala es una orgía de frases redondas. Las empalman incesante, incansablemente los cuatro personajes que por eso carecen de tiempo para actividades más prácticas. Afortunadamente el oportuno suicidio del marido de Nieves y padre, casi por casualidad, de Diana saca a los personajes del nirvana. En un final de pieza abracadabrante las dos mujeres se adjudican cada una a uno de los dos hombres, que en el fondo son unos cantamañanas decididos a vivir a costa de ellas. No dirá el crítico con quién se queda Diana, cuál será el tesoro masculino de Nieves, su mamá. Domina en todo esto el talento literario de Antonio Gala en contraste con su dificultad para organizar una verdadera acción real. Pero ¿por qué se sometería el autor a un desacreditado realismo cuando es tan grato darle suelta brillantemente a la máquina de escribir? La decoración de D Odorico es vistosa, creíble. Madrid debe de estar infestado. Esos tecnócratas en el fondo están tan vacíos, que se rinden en cuanto los coge por su cuenta un mistificador como Marcos. Por cierto: ¿quién es Marcos? El autor no se molesta. Marcos es ése. Está ahí y basta. Narros es un magnífico director. Sin embargo, no ha podido evitar que Amparo Larrañaga, joven actriz de talento, evidentemente no encantada en el papel de Diana, haga una de las peores creaciones de su vida. Eso hace resaltar el trabajo, muy de su estilo, de María Luisa Merlo en Nieves, un personaje casi de saínete que es el mejor mistificado asunto. Poncela tampoco está bien. No logra hacerse creíble, realmente humano a su Marcos y Lozano es un principiante que tiene muy poco que hacer. Más bien dejarse hacer. Los bellos durmientes es una bagatela, que parece escrita hace algunos años y que ya está pasada. Hay que pedir a la alta calidad literaria de este autor algo más considerable. Creo que puede hacerlo. Lorenzo LÓPEZ SANCHO CRÍTICA, INVENCIÓN Y LIBERTAD ABC no coincide, evidentemente, con muchos de los planteamientos intelectuales de Eduardo Haro Tecglen y aún menos con su corrosiva crítica teatral. Pero, naturalmente, defendemos su derecho al ejercicio de la libertad de expresión y repudiamos que haya sido declarado persona non grata por algún empresario de teatro que, además, ostenta la presidencia de un gremio al que la Cultura tiene tanto que agradecer. Aunque se haya producido alguna distorsión en las noticias, porque Haro ni fue invitado ni acudió, queremos dejar rotundamente clara nuestra oposición frontal a cualquier tipo de discriminación que afecte a un crítico, sea cual sea su ideología, sean cuales sean sus simpatías o antipatías teatrales.