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MARTES 30- 8- 1994 ESPECTÁCULOS ABC Póg. 75 Muere en México Pepita Embil, la estrella del último momento de gloria de la zarzuela Su hijo, Plácido Domingo, asegura: Toda mi fuerza procede de ella A los 76 años, y a consecuencia de una enfermedad hepática, falleció anteayer en México D. F. la cantante Pepita Embil, que fue durante los años cuarenta una de las grandes figuras del último período creativo de la zarzuela. Moreno Torroba, Sorozábal, Romo y otros Pepita Embil, que durante los años cuarenta y cincuenta fue una de las grandes estrellas de la zarzuela en España y en Iberoamérica, falleció anteayer en la capital mexicana, a consecuencia de una afección hepática. Tenía 76 años. Su hijo, el tenor Plácido Domingo, confirmó a ABC que Pepita Embil había contraído hace varios años una hepatitis C en el curso de una transfusión de sangre durante una operación de apendicitis. Aquella hepatitis le produjo una cirrosis hepática. Pepita Embil protagonizó algunos de los últimos grandes éxitos del género lírico español. La voz, la planta y la desenvoltura de Pepita Embil eran legendarias en la España de la postguerra. Los compositores de la época le pedían que estrenase sus obras. Fue durante las representaciones de Sor Navarra de Federico Moreno Torroba, en el madrileño Teatro de la Zarzuela, cuando conoció al barítono Plácido Domingo, fallecido hace siete Madrid. José Luis Rubio compositores escribieron obras para ella. Con su marido, el barítono Plácido Domingo, formó una compañía lírica que recorrió Iberoamérica, donde siempre ha sido recordada como una estrella. Hace seis años, regresó a España para recibir un homenaje en el Teatro de la Zarzuela. pocos años después, cuando ya habían formado su propia compañía, con la que recorrieron toda Iberoamérica, sobre todo México, Venezuela y Cuba. Con la desaparición de Pepita Embil, la lírica española pierde a su última gran dama dice el director de orquesta Miguel Roa. Ella era la zarzuela entera- dice José Antonio Campos, ex director del Teatro de la Zarzuela, que en 1988 organizó un homenaje a Pepital Embil en Madrid- Ella tenía el garbo de la antigua zarzuela. Tenía una forma única de hablar, de moverse. Era un estilo de artista de los que ya no hay. En aquel homenaje recibió un mantón de Manila: yo nunca he visto mover un mantón con una gracia tan castiza En aquella ocasión, Pepita Embil volvió a declarar su amor por el género lírico español: He comprobado que en España se protege más a la ópera que a la zarzuela- declaró a ABC- Debería ser al contrario Zubin Mehta clausuró el XLIII Festival de Santander Santander. Efe años. Fue ella la que se declaró a mi padre- recuerda hoy el tenor- Siempre fue una mujer de mucho carácter que me transmitió toda su fuerza. Espero que ahora lo siga haciendo, desde dondequiera que esté, junto a mi padre Una vasca castiza Pepita Embil había nacido en Guetaria (Guipúzcoa) el 28 de febrero de 1918. Su padre tocaba el piano y el órgano y era un enamorado de la zarzuela. Ella estudiaba música en San Sebastián cuando estalló la guerra civil. Al acabar la contienda fue contratada para cantar Sor Navarra en Pamplona y luego en Madrid, donde conoció a Plácido Domingo padre. Ambos estrenaron en Madrid Black, el payaso y Don Manolito de Pablo Sorozábal. En 1946 embarcaron para México en la compañía lírica de Moreno Torroba. Sus hijos Plácido y Mari Pepa les siguieron Cantante de raza e intérprete modelo del género lírico Para muchos, el nombre de Pepita Embil quedará exclusivamente ligado al de Plácido Domingo, en su condición de madre amantísima del excepcional tenor. No han de faltar los que, por triste irrenunciable privilegio de la edad, podemos tenerlo bien alto de haber disfrutado con el arte en plenitud de una gran cantante, figura primerísima de nuestro género lírico, un día ligado al estreno de obras importantes y con una voz siempre al servicio de un repertorio extenso. Pepita Embil, mujer bellísima, de una simpatía arrolladora, comunicativa y espontánea, reunía en su persona la triple condición de cantante, esposa de quien lo era como ella y con ella un luchador infatigable en la defensa de la zarzuela española y madre- ¿qué mejor y más lógico fruto de un matrimonio de artistas? -de un tenor al que formaron en la música, iniciaron en el teatro, ayudaron en los primeros pasos y del que recibieron el mejor premio posible: verle triunfar por el mundo como artista sin fronteras, siempre unido a quienes le dieron el ser. Yo recuerdo bien a Pepita Embil, a la que incluso juzgué en mis primeros años de crítico. Y tengo muy viva la imagen, muy dentro de mí, puedo afirmarlo, el sonido de una voz caliente, dulce, de soprano spinto con calidades acontraltadas de timbre. Si hubiese de citar una obra, un papel, me inclinaría por el de Black, el payaso de Sorozábal, que estrenó. Sus ¡Te quiero! en el magnífico dúo de amor, tuvieron la fuerza de encender el entusiasmo desbordante del público que colmaba el Victoria Eugenia. También tenía una muy noble calidad de barítono Plácido Domingo, su marido. Perdí la relación con ellos un largo tiempo. Hubo un circunstancial reencuentro en México, donde habían afirmado su residencia, en una escapada personal para desarrollar un ciclo de conferencias. Después, a partir de 1970 ya la relación va unida a su hijo Plácido. Múltiples encuentros. En Barcelona, el homenaje liceísta: la Doña Francisquita por él dirigida, en la que la madre canta el papel de Aurora la Beltrana y el padre incorpora el personaje de Don Matías, siempre fresca y hermosa la voz de ella, que en toda ocasión canturreaba, evocando efemérides. ¡Cómo, los dos, las revivieron en una conferencia que sobre nuestro género lírico brindé en Puerto Rico y a la que asistieron! Encuentros en América, por Europa: en Viena, Milán, París, Verona, claro que Madrid, emocionados ante las apoteosis que su hijo desataba. Murió un día el padre. Pepita siguió siempre los pasos de Plácido, que ahora, nos dicen, no faltó a su lado en los momentos últimos. ¡Cuántas veces la recordará, cuántas sentirá el vacío, el desamparo de la orfandad, aún con el apoyo de los suyos: de Marta, sus hijos! ¡Pero Pepita, Plácido, sus progenitores, han sido para Plácido Domingo tanto! Porque lo fueron, justo es la vinculación en esta nota necrológica de urgencia, el pésame sincerísimo, pero tambiérj que se deje bien firme constancia del valor artístico que por sí misma tuvo Pepita Embil, cantante española inscrita en la mejor historia de nuestra lírica. Antonio FERNÁNDEZ- CID Zubin Mehta Beethoven y Dvorak, interpretados por la Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino, clausuraron la cuarenta y tres edición del Festival Internacional de Santander. Representaciones relevantes como la ópera Tosca de Puccini, el espectáculo La Cenicienta de Lindsay Kemp, el concierto de la Orquesta Sinfónica de Pittsburgh bajo la dirección de Lorin Maazel y el Ballet y la Orquesta Nacional de Ucrania Virsky fueron los protagonistas otras noches más destacada de esta edición del Festival Internacional, celebrado en la sala Argenta del Palacio de Festivales. Por el contrario, la crítica consideró decepcionante la producción Sheherezade a cargo delBallet de la Opera de Georgia y la orquesta del Festival Internacional de Santander con la gran bailarina Maya Plissetskaya como estrella invitada. Zubin Mehta dirigió a la orquesta florentina en la obertura de Rosamunda de Schubert, el Concierto para violín de Brahms, con Frank Peter Zimmermann como solista, y la Séptima sinfonía de Beethoven. Tras prolongados, Zimmerman ofreció, para terminar, una pieza de Bach, mientras que la orquesta Maggio Musicale Fiorentino, bajo la dirección de Zubin Mehta, interpretó a Dvorak. A la jornada de clausura asistieron el. ministro de Administraciones Públicas, Jerónimo Saavedra; los embajadores de Israel en España, Yaacob y Rachel Cohén; el presidente de Cantabria, Juan Hormaechea; el alcalde de Santander, Manuel Huerta; y el rector de la UIMP, Emest Lluch, entre otras personalidades. Zubin Mehta, responsable artístico del Maggio desde 1986, negó que fuera a dirigir la London Philarmonic Orchestra. No tengo ningún interés por ser director estable de ninguna orquesta dijo el músico.