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24 A B C OPINIÓN MIÉRCOLES 1- 6- 94 Panorama CHUPAS H AY prendas que se convierten en símbolos. Los progres de los sesenta, con principios o sin ellos, llevaban una chaqueta de pana y la gente de los ochenta, con moto o sin moto, una chupa de motorista. Yo nunca tuve ni moto ni chupa, pero anduve en muchas prestadas y tengo que decir que se sentía bien uno allí dentro, dentro de la chupa dura y gruesa de cuero negro, dentro de una prenda protectora hecha para parar los golpes y contra el despellejamiento, una prenda para ir amparado y parecido a los demás. La chupa de cuero tiene esa potica y esas ventajas, todas para quien la lleva. Y una se siente muy bien dentro de la chupa, pero muy mal fuera, porque la chupa es también un símbolo de independencia, de libertad y de protección ante los demás, cosa limpia. Por eso, que no se puede tener un novio con chupa si tú no la llevas, como no se puede salir por mucho tiempo con alguien que lleva una chaqueta de pana sin tú llevarla también. Dicen que el amor está por encima de esas cosas. Las criadas y niñeras de los parques y las fotos salen siempre enamoradas del guardia civil con su bigote y su porra y su uniforme. ¿Será eso el amor entre iguales? ¿O tendrá Woody Alien razón con sus perversiones y sus señores enamorados de ovejas? ¿Es el amor ponerse la chaqueta de pana o la chupa de cuero del otro? Y eso de ponerse en la piel del otro es todavía peor. En todo caso, prefiero una chupa rota que una chaqueta de pana con coderas, aunque las dos cosas sean lo mismo y protejan igual, y aunque ambas no sean ya símbolos de nada. Qué difícil es vestirse algunos días. Algunos días, y desde que voy a los baños rusos, escuela de aprender lo que es el cuerpo humano en vivo en todas sus variedades de raza, edad, sexo y condición, me dan ganas de que vuelva el paraíso terrenal y que el mundo entero sea una playa nudista. Un cuerpo desnudo, como sea, siempre tiene interés. Los vestidos, las modas, los principios, las motos, las chupas o las chaquetas de pana son mucho menos interesantes que los cuerpos desnudos. No hay dos iguales en todo el mundo. Cada uno un mundo. El mundo. Luisa CASTRO QUENEAU, CELA Y LO EUSKALDUN L J A C E cosa de cuatro años, sobre 1 1 poco más o menos, una mañanita dominical de abril, a la salida de misa, el marinero vizcaíno y sesentón, que no sexagenario, Baltzuskie comienza mi viejo amigo Camilo José Cela uno de sus artículos en ABC, titulado ¡Gora Ipurtaldea Euskaldun! La minuciosa prosa del gran prosista que Cela es, se desliza lenta, progresivamente hacia un desenlace en el que la intención satírica rebosa en el precioso apostrofe que enlaza el título con el final. Estamos en la hora, típicamente electoral y española, en que la grosería injuriosa, ultrajante, zafia, saca de su segundo plano político al desterrado talento de don Alfonso Guerra y, en inevitable emulación, los insultos de los unos provocan los insultos de los otros. Nadie, tan pronto, parece saber ya a dónde vamos, si es que queremos ir a parte alguna, cuando, lo mismo en las elecciones andaluzas que en las europeas, sobre las que lo que más saben es que se nos quitan las viñas para que los verdaderos europeos nos envíen, bien envasados, los zumos. El refinado, el despacioso juego de Camilo José Cela me traía la otra tarde al leerlo, al saborearlo, el eco muy lejano de otro escritor francés, de otro gran maestro del estilo, el también académico de la de Francia, Raymon Queneau, me parece que poco leído aquí, aunque de uno de sus libros más deliciosos, Exercices de Style se hizo una curiosa adaptación teatral, creo recordar que titulada ¿Qué no. hace unos seis años en el hoy desaparecido teatro Madrid. En Exercices de Style cuya edición de Gallimard, de París, en 1947, poseo, Queneau realiza la admirable hazaña literaria de contar un pequeño, un mínimo suceso, de cien maneras diferentes. La primera, titulada Notations trece líneas nada más, es el suceso. Alguien cuenta que ha visto a un sujeto porfiar con otro en un autocar callejero y horas después ha vuelto a verle, hablando de ropa, en la estación de SaintLazare. Eso mismo será contado en 154 deliciosas páginas, de formas diferentes: Sorpresas dudas ensoñación escrito oficial precisiones Esta última comienza así: A las diecisiete horas en un autobús de la línea S, 10 metros de largo, 3 de ancho, 6 de alto, a 3 kilómetros 600 del punto de partida... etcétera. No otro que ese sistema, el de lo minucioso, el frío y detenido en precisiones congeladoras, Camilo José Cela habla de ese sesentón, no sexagenario, Baltzuskie que nos llevará, sin saber cómo, a ese apacible ¡Gora Ipurtaldea Euskaldun! cuya sencilla traducción parece ser ¡viva el culo vasco! del final. Cómo una parte de la espalda vasca pierde su honesto nombre es un descubrimiento semántico al que el escritor llega apaciblemente caminando de precisiones en precisiones por caminos del lenguaje hermanos de los recorridos hace años por Raymond Queneau. Jamás, y menos en estos últimos días, he tenido ocasión de saber por mi amigo Camilo José si alguna vez, en sus curiosidades, llegó a conocer el precioso libro de Queneau. Probablemente no, pero los senderos de la refinada escritura pueden hacer que un día se encuentren quienes en juegos parecidos se divierten. Este de ahora, de Cela, aplicado a lo político, es una lección de sobriedad, de serenidad, de humor para pensar, para escribir con superior claridad de tantas cosas que hoy preocupan a los. que se insultan. El libro Guinness en manos de un gran escritor puede introducir en lo político la superioridad de la sonrisa. Lorenzo LÓPEZ SANCHO Planetario MEJOR COCIDO Í I E I MUNDO Í Jasca Grao COMPRAMOS SU EMPRESA NEGOCIO Gestionamos un socio activo o capitalista. Absoluta confidencialidad: EUROINVEST tel. 457 77 43 50 fax. 457 10 76