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Títeres de la luna paseo por el amor y la muerte L Romanticismo descubrió los cementerios como escenarios ideales para el ensueño y la poesía, lugares llenos de vaga espiritualidad por su condición de frontera entre la vida y la muerte. Jorge Márquez construye en Títeres de la luna que triunfa desde hace varias semanas en el Centro Cultural de la Villa, una fantasía erótico- necrofílica cuajada de humor y ternura, y que transcurre, precisamente, entre las tumbas de un camposanto. Los buenos aficionados al teatro recordarán el nombre de Márquez como autor de la estupenda obra titulada Hazme de la noche un cuento en cuyos ensayos la muerte sorprendió al gran José María Rodero; la pieza fue uno de los éxitos destacados de- c r e o hace dos o tres temporadas y descubrió a un nuevo autor, con voz propia y excelentemente dotado para extraer chispas de lirismo de los materiales más sórdidos. En Títeres de la luna reedita aquellas impresiones y avanza por el camino de contraponer lo grotesco y lo sublime, una fórmula no muy diferente a la acuñada por el eximio don Ramón María del Valle- lnclán para edificar sus esperpentos. El mundo real y el onírico se alternan en esta obra sorprendente y divertida, llena de poesía y de atrevimiento, impregnada de un erot t n t Iq t c ex I c t E Títeres de la luna de Jorge Márquez, triunfa desde hace semanas en el Centro Cultural de la Villa. Arriba, a la derecha, Elisenda Ribas y Valeriano Andrés en un momento de la representación. Junto a estas líneas, Rocío Valero y José V. Moirón, que protagonizan las hermosas escenas de desnudos de esta pieza MARTES Í 9- 4- 94 en varios momentos de bellísimos desnudos. Como se ha adelantado, la acción de Títeres de la luna sucede. en un cementerio, al que, por parejas, acuden los diferentes personajes que pueblan la obra, seres interrelacionados de alguna manera por los sutilísimos hilos del azar y del destino. La pareja madura que intenta hacer el amor junto a una tumba abierta, los amigos que acuden a llorar al amigo muerto por su exagerada inclinación a la bebida, el padre que, junto a una extravagante cantante de ópera, llora a la hija violada y muerta... El amor, la muerte, la amistad, los caprichos de la vida... Mil y una hebras se enredan en la trama de esta obra que el autor culmina con una sorpresa para el espectador, dando un sesgo fantástico y poético a la acción. Dirigidos muy eficazmente por Manuel Canseco, los actores realizan una interpretación muy ajustada al tono alucinado, trágico, humorístico o lírico, según las ocasiones, que impone el ritmo de Títeres de la luna Están bien José Salvador, Vicky Lagos, José V. Moirón, Luz Várela, Valeriano Andrés, Elisenda Ribas y la joven Rocío Valero, que salva con sobresaliente una difícil escena de desnudo. Enrique ASENJO A B C 127