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30 A B C NACIONAL VIERNES 8- 4- 1994 El Burladero Cuaderno de notas LA LEPRA Por Víctor Márquez Reviriego TIEMPO DE VENGANZAS Por Lorenzo CONTRERAS C ON estos asuntos de los últimos escándalos, el ministro de Justicia, Juan Alberto Belloch, tuvo anteayer en el Congreso de los Diputados un involuntario rasgo de humor. Aseguró que el poder o la Administración en España no tiene los instrumentos organizativos y procesales que la hagan particularmente idónea para enjuiciar ese tipo de delitos O sea, que los tribunales están adaptados al delito tradicional y no a golferías de nuevo cuño. Pues oportunidad ha tenido el Julio Anguita socialismo gobernante para arreglarlo. Un caso de dinero, como el de Rumasa, fue su primer acto sonado. Y eso ocurrió hace más de once años, tiempo que en una democracia comprende el espacio de tres legislaturas. Con lo cual concluimos que sobraban dos en caso de buena voluntad. Esa buena voluntad es la política, capaz de acometer cualquier asunto si así lo quiere el poder que tenga detrás una mayoría aceptable. Las de aquí incluso fueron a p l a s t a n t e s Hoy lo aplastante es la cantidad de casos. Estamos en un triste y escandaloso momento en que la cantidad ha pasado ya a ser cualidad. Esto no es una especie de acné juvenil que afea la cara de la democracia. Es lepra capaz de acabar con ella. La cantidad es ahora mucho más que magnitud. Es categoría. Hemos pasado el punto de infíexión, el punto nodal, en el que! a saturación convierte lo cuantitativo en cualitativo y produce una mutación de naturaleza. La savia democrática de la vida política puede hacerse gaseosa, y entonces se volatilizaría todo Parece increíble que algo tan elemental como lo que acabo de decir (y lo es hasta desde el punto de vista físico) no haga sonar las sirenas y las alarmas. Dicho sea lo anterior en muy primer lugar por el Gobierno y luego por la oposición. En una democracia hay que dudar del poder y confiar en el ciudadano. Aquí, en más de una ocasión, se tiene la sensación de ¡o contrario. Y creo que esto lo he repetido otras veces, pero no es culpa mía. Conocía a un santo varón que tenía la facultad de entender el lenguaje de los animales. Iba por el campo y oyó una voz que decía: Me siento como un burro de noria. Miró y vio a un burro de noria que llevaba agua de cloaca en sus arcaduces. El ministro Belloch estará tan falto de leyes como sobrado de razón. Así será si a él le parece así. Pero si seguimos con nuestras redundancias de hoy, a nosotros también nos puede parecer que el poder sigue teniendo mucho poder y, si lo transforma en voluntad, le sobraría instrumental para operar, que es lo que vino a decir Julio Anguita en Pamplona con su cortar, clarificar y sanear Tres infinitivos tan elementales como saludables, tan oportunos y necesarios. O, como diría el señor ministro, particularmente idóneos y útiles, inaplazables y demás urgencias e importancias, ahora coincidentes. L O que está ocurriendo en España, la cantidad de corrupción por milímetro cúbico de aire político, no es un descubrimiento fruto de una investigación, como pudo ser el Watergate a partir de ciertos indicios, sino el resultado de una oleada de d e n u n c i a s Nunca tuvimos los periódicos que trabajar tan cómodamente ni los junta dossieres que afanarse más. Estamos en el reino florentino de los apuñalamientos furtivos. Las guerras de unos contra otros, en la alta suciedad, han escogido el escenario de la Prensa en lugar de los Juzgados. Nadie quiere dar la cara contra nadie, pero las venganzas se perpetran de modo implacable y tenaz. Estaban los viejos cuchillos tiritando bajo el polvo, en una larguísima cuarentena, pero he aquí que el sentido de la delación ha sustituido al de la justicia. Se ha pasado del ditirambo al degüello, en una terrible cacería de brujas, bastantes de ellas brujas verdaderas. Lo cual viene, aunque inicialmente no lo parezca, en beneficio de la democracia. El problema de la España política y altonegociante no es tanto que la corrupción se frene como que hay stock de corrupciones atrasadas a las que algunos, o muchos, buscan mercado. Hay criterios respetables AE TA QUE DEMfJ SUCULR 4 BÍÜQ 4 D que entienden esta situación como lesiva para el prestigio del sistema. Puede ser. Uno cree que la democracia se defiende con la verdad, aunque la verdad sea horrible. No menos cierto es que v i v i m o s ahora en una democracia bajo sospecha. Peor sería, sin embargo, una situación de corrupción ocultada. A lo mejor nuestro país se encamina hacia la catarsis o purificación, que, por desgracia, nunca sería muy duradera. Lo lamentable es que en este totum revolutum la justicia conoce tremendas excepciones. Se ha dicho, con razón, que en el torbellino de las imputaciones y denuncias el único que ha pagado de verdad ha sido el ex alcalde de Burgos José María Peña, a quien la sentencia que sobre él recayó no priva, sin embargo, de la facultad de estar en política, siempre que sea fuera de la Administración local. Uno cree que los enemigos de Peña se pasaron y el tribunal optó por moderar sus rigores. Como decía Machado, no está el mañana, ni el ayer, escrito. Lo que sí está escrito y preparado es un vasto turbión de denuncias y crímenes de encargo que, paradójicamente, neutralizan sus efectos. Aquello tan popular de que la mancha de la mora con otra verde se quita, encuentra cumplida aplicación en nuestro tiempo. Lo menos positivo de la verdad es la saturación. Añádase el cansancio de un pueblo amnéslco e imaginaremos la consecuencia. Fernando Moran, candidato socialista a las elecciones europeas, acaba de decir que un instinto sano de la sociedad ahorra a su partido un mal resultado en las urnas. En realidad intuye hasta qué punto se diluye la verdad en las conciencias cansadas. ¡Instinto sano! A cualquier cosa fe ilamaba chocolate mi vecina. Pero así se escribe la historia.