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VIERNES 3- 12- 93 CULTURA En la muerte de Carlos Ollero ABC 55 España pierde una figura decisiva en el proceso constituyente Sus restos serán incinerados hoy en el cementarlo de la Almudena Madrid. S. C. Informes El catedrático y fundador del Instituto de Estudios Políticos Carlos Ollero falleció el pasado miércoles, en el Hospital Clínico de Madrid, víctima de un enfisema pulmonar. Miembro del Consejo Privado de Don Juan, ex senador de designación real, autor del llamado Documento Ollero en 1976 y catedrático de Derecho Político, Ollero ha sido uno de los hombres que más ha contribuido al proceso constituyente de la España democrática. Carlos Ollero llevaba unos días ingresado en el Hospital Clínico de Madrid debido a graves problemas pulmonares. Finalmente, el pasado miércoles, el mismo día de su 81 cumpleaños, fallecía víctima de un enfisema pulmonar. Sus restos mortales serán incinerados hoy en el cemen terio de la Almudena. Carlos Ollero Gómez nació en Carrión de los ¿M Condes (Palencia) el 1 J de diciembre de 1912, en el seno de una familia de militares que destacaron en el Arma de Artillería y cursó la segunda enseñanza en el colegio de los jesuítas de Sevilla, en cuya Carlos Ollero Universidad ingresó a los quince años después de haber obtenido el único premio extraordinario de Bachillerato que se concedió en ese distrito. Licenciado en Derecho y Filosofía por la Universidad de Sevilla, Carlos Ollero se licenció en Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Madrid, obteniendo en ésta los correspondientes grados de doctor. En 1945 consiguió la cátedra de Derecho Político en la Universidad de Barcelona, y en 1953 obtuvo en nuevas oposiciones la cátedra de Teoría del Estado y Derecho Constitucional en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la Universidad de Madrid. Trabajó en diversas universidades extranjeras, especialmente en Alemania, y permaneció siempre en contacto con importantes centros de investigación y estudios europeos. Miembro fundador del Instituto de Estudios Políticos y director durante varios años de la revista que editaba el citado centro, Ollero ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en marzo de 1966, con un, discurso que tuvo una gran resonancia científica y política. En él proponía la Monarquía como forma política del proceso democratizador, que ya entonces consideraba necesario en España. Al hilo de estos pensamientos, ha subrayado reiteradamente que en una Monarquía actual, el Rey no gobierna pero reina Carlos Ollero fue durante muchos años miembro del Consejo privado de Don Juan de Borbón, y mantuvo con él y con su hijo, el Rey Don Juan Carlos, entrañables vínculos de amistad y afecto. Es el autor del llamado Documento Ollero redactado en noviembre de 1976, y que recogía el criterio de ésta sobre la reforma política llevada a cabo por el Ejecutivo. El 15 de junio de 1977, fue designado senador por el Rey hasta la promulgación de la Constitución de 1978, el mismo año en que fue elegido vicepresidente del Consejo del Reino. Memoria perenne de gratitud C ARLOS Ollero, que nos ha abandonado, inesperadamente, era un personaje generoso, abierto, rico de sabidurías, incansable, que jugó en su vida política un notable papel aglutinador, en los años de la transición. Su formación humanística y universitaria, le sirvieron de soporte en los diálogos extensos y en ocasiones, difíciles, que trataban de integrar a los múltiples sectores dispersos en el apoyo incondicional a la Monarquía naciente. Yo recuerdo sus versiones, atinadas, con un regusto humorístico, en las que nos comunicaba el sin número, en algunos aspectos, sorprendentes, de comensales que poblaban los salones de su acogedora casa. En los que en torno, a una taza de café se elaboraban alianzas sorpresivas, en la que su gratísimo entorno casero y familiar, lograban acuerdos provisionales que no habrían de tardar en cristalizar en forma de alianzas notables, en torno al eje inminente, de la Institución Monárquica. Carlos Ollero era la encamación del político que sabe valorar los diálogos encaminados a lograr perspectivas de un mañana viable. Su formación económica, política e institucional era exhaustiva. Fundó con varios amigos, el Instituto de Estudios Políticos y su celebrada Revista. Fue Senador y Vicepresidente del Consejo del Reino y Decano de la Facultad de Sociología de la Universidad de Madrid. Pero sobre todo, fue un dechado de generosidad y lealtad, de amistad y de fe, en las Instituciones de nuestro tiempo. Yo guardo de su actividad incansable una memoria perenne de gratitud. José María de AREILZA de la Real Academia Española -Profesor y político- A Carlos Ollero le gustaba recordar que él era coetáneo del Conde de Barcelona, una de sus grandes lealtades políticas e históricas. En realidad era algo mayor que Don Juan, y de año distinto, pero sólo se llevaban unos meses. Los fieles de Don Juan y amigos de Ollero hemos venido a perder en el mismo año, al Padre del Rey y al que fuera su fiel consejero y parlamentario constituyente de 1977, como senador designado por Don Juan Carlos. Por azares de la vida de sus padres, el profesor Ollero había nacido en la Tierra de Campos, en Carrión de los Condes, provincia de Palencia. Pero se consideraba con todo derecho sevillano, por ascendencia familiar y por su personal biografía, igual que todos los numerosos Ollero de su estirpe: todos de la Cofradía de la Amargura y puntuales, salvo fuerza mayor- q u e tenía que ser muy grande- a la cita anual del Domingo de Ramos en San Juan de la Palma. Sevilla y la Virgen de la Amargura fueron otras de sus grandes y profundas lealtades y vivencias espirituales y humanas. El profesor Ollero ha sido uno de los más notables constitucionalistas españoles de su generación: Catedrático de Derecho Político en las Universidades de Barcelona y Madrid, Académico de Ciencias Morales y Políticas, fundador del Instituto de Estudios Políticos y autor de numerosas obras de Derecho Constitucional y Ciencias Política, tanto manuales como monografías y asiduo colaborador de los principales periódicos durante muchos años y con importantes artículos, muchos de los cuales merecerían ser recogidos en publicaciones más duraderas. Recuerdo particularmente los que escribió en el diario Madrid del quinquenio 66- 71, cuando lo dirigía yo. Pero de todos los aspectos de la personalidad del profesor Ollero yo querría destacar en esta nota de urgencia unos puntos que me parecen especialmente dignos de recordación. Uno, quizá poco conocido, es el de los estudios que elaboró para el Conde de Barcelona y lo que entonces se llamaba la causa monárquica Ollero trabajó durante años en asidua relación con García Valdecasas y Gamero del Castillo, elaborando informes sobre la situación política y los problemas constitucionales con que se iba a encontrar la Monarquía que, sin duda, ejercieron notable influencia en las declaraciones públicas del depositario de la Corona y en la configuración de lo que muy bien se podría llamar ia renovación del pensamiento monárquico español. Además, personalmente, con su peculiar simpatía y buen hacer social, atrajo al contacto y a las relaciones con la Corona y los monárquicos a un importante sector de tradición republicana y socialista. La cátedra de Ollero y sus funciones en el Instituto y en la Revista de Estudios Políticos fueron especialmente fecundos. Eran espacios abiertos y para muchos jóvenes independientes e inconformistas, y para otros no pocos que estaban en marcada oposición al Régimen imperante, un lugar de trabajo particularmente cómodo en donde se respiraba un clima de libertad intelectual e ideológica, que entonces no se encontraba fácilmente en otros sitios. Ollero fue también uno de los más brillantes ingenios del mundo académico y político español. Ocurrente y socarrón, siempre sin herir, era dueño de un humor agudo y culto. Ollero fue un hombre de vastísimas lecturas literarias, sobre las que sabía reflexionar como un filósofo de la cultura, del pensamiento y de la vida. Yo sólo he conocido, por ejemplo, una persona que supiera de Balzac tanto como él, y se trata de un escritor balzaciano de renombre, pero de París. Carlos Ollero será recordado por colegas, correligionarios y discípulos. Pero también hay que decir ya que habrá que contar con lo que él ha publicado- y quizá con lo que queda inédito- para hacer la historia de la ciencia y de la vida política española de estos últimos cincuenta años. Antonio FONTÁN