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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 3 DICIEMBRE 1993 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC BELLEZA mulgar en ella? Desde los griegos se la relaciona con el amor: la mirada de unos ojos bellos lanza rayos que encadenan en amor. Las amadas siempre son bellas, aunque no lo sean. Y de ahí pasó Platón a su teoría: el Amor no es bello, pero aspira a la belleza. A través de las criaturas bellas ascendemos, como por escalones, a la suprema Belleza, la de Dios. Antes de él, desde siempre, los dioses de los griegos eran bellos. Y jugaban al juego bello del amor. En todo el platonismo posterior quedan los ecos. El Esposo, en el Cántico espiritual al pasar por estos sotos... con sólo su figura vestidos los dejó de su hermosura El cielo es para Fray Luis templo de claridad y de hermosura La belleza se ha unido a la divinidad. Otras veces, a la moralidad. Para los griegos, la belleza de un cuerpo hace presuponer la belleza del alma: kalós tiene los dos sentidos. Todavía nosotros hablamos de acciones bellas o hermosas, hasta de un bel morir Lo que era forma hermoso viene de forma pasa a ser contenido. Así, la definición de la belleza tiende a ampliarse, a veces, al reino de la moralidad e incluso al de la divinidad. Pero al ampliar los límites, hacemos las cosas más difíciles. Porque hay disimetrías. Y provocamos rechazos. Los cínicos, ya apuntábamos, aborrecían de la belleza del cuerpo, encubridora de fealdad del alma. En Luciano, las calaveras de Helena y de Nileo no se diferencian de las otras. En la fábula cínica, la zorra opone a la belleza corporal de la pantera, la suya espiritual. Y luego los cristianos introdujeron el tema de la belleza nacida entre heces y orina condenada a ser pasto de gusanos. Es la belleza caduca, engañadora de Fray Luis. Tertuliano, pisando ya en el terreno herético, decía que Cristo era feo. Menos mal que, desde pronto, los cristianos crearon un arte bello que continuaba el antiguo. Esta continuidad se ve, mejor que en cualquier otro sitio, en los sarcófagos con escenas bíblicas y evangélicas. Y en la más antigua literatura cristiana. En fin, que hay una escisión, a veces, en- DOMICILIO SOCIAL J. I LUCA DE TENA, 7 2 8 0 2 7- M A D R ID DL: M- 13- 58. PÁGS. 196 T ODOS tenemos la intuición y el sentimiento de la belleza, pero nos es difícil definirlos. Nos procura ciertas dudas íntimas, como al poeta Lupercio Leonardo de Argensola: Porque ese cielo azul que todos vemos ni es cielo ni es azul: lástima grande que no sea verdad tanta belleza. Y es sospechosa también porque se la tacha de perecedera, porque se la considera, a veces, peligrosa, encubrimiento de maldad. Pero sobre esto, luego. Realmente, hay aquí un enigma. ¿Por qué ciertas combinaciones de formas, colores, sonidos, palabras, acciones nos resultan bellas, otras no, incluso feas? Seguimos, sin duda, modelos tradicionales. Tenemos que educar el órgano que reconoce la belleza, como se educa a los que gustan de los vinos, los manjares, los perfumes. Hay que saper vedere conforme al título del ya viejo libro de Marangoni. Y hay a quienes esto les es fácil, a otros difícil o imposible. Pero esos modelos son ampliables: lo que en una época era feo (el gótico, el barroco, el neoclásico) adquiere luego entrada en el mundo de lo bello o la recupera, mejor dicho. Recuerdo haber alcanzado a estudiar, todavía, un manual de Historia del Arte que decía que el arte árabe era bueno tan sólo para las plazas de toros. ¡Y los dicterios que los manuales de Literatura vomitaban contra los neoclásicos! Hoy nuestro gusto es más amplio cada vez. Es bella para nosotros no sólo la Venus de Milo, también lo son las musicantes egipcias de bello perfil, las Vírgenes góticas, las Bracias celulíticas de Rubens, nuestras estilizadas modelos, que a veces parecen sílfides a dieta lechuga. Son bellas las mujeres blancas, pero hay la belleza negra y la de varios colores. Mujeres de imagen nada académica son bellas. Son bellos los dioses griegos y las tallas africanas, desde el reino de Benin hasta ahora. Y así es con los paisajes, la arquitectura. ¿Y qué decir de las palabras y las ideas en un mundo cada vez más mezclado? Hoy, las distintas bellezas nos atraen. Elegimos, cambiamos. Hay una especie de democratización de la belleza. Así, si siempre ha sido difícil la definición de la belleza, ahora es más difícil cada día. Y, sin embargo, existe. Porque existen lo feo y lo indiferente. Aunque lo indiferente y aun lo feo, o lo por muchos reputado feo, sea impuesto adrede por muchos artistas para expresarse, rompiendo los cánones tradicionales. Ya los griegos decoraban sus templos con cabezas de Borgona. Sin fealdad, no habría belleza. Claro que hay la tentación de las definiciones individuales, subjetivas. Para Safo, lo más bello es aquello que uno ama. O como aquello de San Juan: Sin otra luz ni guía, sino la que en el corazón ardía. Pero junto a la belleza de cada cual hay los modelos generales de belleza, según época o educación, hay los modelos sincréticos, hay la amplitud del gusto educado. Y luego, ¿cuál es la función de la belleza, si no es la de simplemente existir, hacer co- EDICION INTERNACIONAL Un medio publicitario único para transmisión de mensajes comerciales a ciento sesenta naciones tre belleza física y conducta, hoy nadie lo duda. Que hay una conexión con lo divino pueden pensarlo algunos hombres en algunos momentos, no está en el centro de la definición. Y luego hay la arbitrariedad del lenguaje. Bello hermoso dice de sensaciones de los ojos y oídos, y luego, de palabras, acciones, conductas, aunque menos habitualmente. No se dice de olores, del tacto, del gusto. ¿Por qué no puede haber un bello menú, un vino de bello bouquet Pura arbitrariedad, pero no hay ideas sin palabras y las palabras dicen esto. Éste es el complicado panorama: modelos contrastantes o reconciliados, generales o individuales. Extensión o no a lo moral, a lo divino. La belleza ya es algo en sí, ya una estrategia, un truco para propagar la especie. ¿Quiere esto decir que no existe la belleza? Existe más que nunca: exige más amplitud, más tacto, más refinamiento que nunca al explorarla. Es varia y elusiva. Quizá cuando más claramente se percibe la belleza es cuando se le despoja de todo interés, de todo apetito, de toda división, de toda amplificación pretenciosa. Cuando se ofrece a la pura contemplación que nos funde con ella. Cuando no tenemos ya ninguna tensión adquisitiva. La vemos, oímos, gustamos simplemente, nos fundimos con ella. Entramos en la gran placidez, la gran comprensión no reflexiva. Como decía Safo, ya vieja: Aún son mías la luz del sol y la belleza. Pero no sólo hay la gran placidez. Cuando la belleza crece hasta grados superlativos es tan vivamente sentida, incorporada a nosotros, que produce dolor. Ha sido descrito muchas veces. Un cauterio suave ciertamente. Hay la cultura, la adquisición de los modelos, está claro: pero son múltiples. Hay la trascendencia: pero de ésta puede prescindirse. Queda la belleza pura, en sí. Única y múltiple. Hemos emprendido la tarea de definirla y nos hemos encontrado con el mismo problema que encontramos siempre que intentamos definir algo: es elusiva, se nos escapa. Juega con nosotros al juego del escondite entre épocas, ideas, visiones, audiciones, palabras, acciones, lo humano, lo divino. ¿Cuál es su último refugio? A veces damos con él cuando ya ni lo esperábamos. No tenemos planes ni guías ciertas para llegar a él. No llegaríamos nunca (y cito otra vez a San Juan) si no es por un nos sé qué que se alcanza por ventura Quizá sea una potencia que está en nosotros y que a veces, de un modo misterioso, encontramos realizada fuera. Puede ser un paisaje, una mujer, un cuadro, un verso, una idea. Es nuestro premio, quizá inmerecido. Por eso, cuando por un momento se nos llega, luego escapa infiel, falsa ¿o es que nunca fue nuestra? casi la perdonamos, la amamos siempre. Queda la herida. Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española