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GENTE. Dar el cante I hay algo que resulta molesto es alguien que quiere hacerse notar, llamar la atención, virtud ésta que solían atribuir a los hijos únicos y que, por cierto, no falla nunca, ni con ellos ni con los niños. Y si hay algo más pesado que un pequeñuelo plomo es un mayor plomazo. Hablamos del karaoke. Recuerdo una de las primeras veces que acudí al casino. Fui de mala gana porque aquel tipo de juegos, a priori, no me interesaban en absoluto. Ese fue el principo, el final resultó un poco de película. Me había quedado enganchada con el 21 y no había manera de que nadie me sacase de allí; sólo la persuasión de dos amigos y la negativa a darme más dinero consiguieron ponerme de patitas en la calle, ante mis quejas y lamentaciones. Cuento esta anécdota porque, aunque no lo parezca, tiene gran similitud con el fenómeno del karaoke, espectáculo al que- l o confieso- he asistido dos veces en mi vida. La mayoría de la gente se resiste a entrar en escena, les da vergüenza, pero a medida que el personai le va echando un poco de cara- que es de lo que se trata- los papelitos con las elecciones de los temas musicales se multiplican de forma pasmosa, y el que antes no quería agarrar el micrófono, de repente no hay quien se lo quite de las manos. Famoso por un minuto, quizá por dos, popular entre los extraños, estrella del rock and roll, del blues, clónico de Pablo Abraira, de Mari Trini, protagonista de las coreografías de las Supremes... Que te miren, que hablen de ti aunque sea mal. Mañana será otro día y volverás a ser uno más. Carmen de CARLOS S Rosa Morena animando a los muchachos a cantar su Karaoke Que yo sé lo que es el karaoke bien que lo sé broder Que yo he hablado con Shuji Goto, secretario de la Embajada del Japón en el Reino de España. ¡Shuji Goto, man 5 Que todo nació en la ciudad de Kobe hace diez años. Que conozco el significado de subir escalones ¡vete a Yokohama y te enterarás! Que un colegui mío, Osear Rozas, fue encargado del primer establecimiento con karaoke que llegó a nuestro país y que menos Suntory y más JB pues como casi todos. Menudo chavalote. Y con otro amigúete del Sumimoto me echaba yo mis ¡Kampai! con el resto de conocidas tokioítas. Tokioítas, que se dice así, a ver si vamos enterándonos. ¿Qué decir de Miguel Suárez? uno de los pioneros de la importación de los aparatos que posibilitan la reprodución de tu propia voz con el fondo de la Royal Filarmonic Orchestra Foryou Foryoucouisin. Además, ei mismo señor Nebreda me comentó lo espabilada que estuvo la Sociedad de Autores para permitir la grabación de los discos especiales de karaoke mediante e! aforamiento consecuente y de rigor. De factura, más bien. ¿Y en Canberra? Al que lo hace mal, los hijos australianos lo largan del escenario mediante la aplica A ción corporal de un extintor de incendios. Algo parecido vimos en la Expo en el bar Kangaroo 112 ABC Y Todas estas cosas se perderán como lágrimas bajo la lluvia La del mar de las explicaciones. Jonás LARRACOECHEA Siguiendo la estrofa: Triqui, triqui, triqui, triqui, triqui... Bravo, no S í, es un placer misterioso escuchar voces anónimas (karaokistas) emulando a sus más queridos mitos. Por unos instantes, estas voces se transforman en centro meticuloso de los oyentes que, ¡n situ esperan el más mínimo gallo para hacer dianas con sus abyectas e insanas críticas. Pero creo sinceramente que los karaokes pueden evolucionar mucho más si la técnica y, sobre todo, el desparpajo de estos artistas momentáneos lo permiten. Por ejemplo: se podrían aprovechar las prestaciones del satélite Hispasat para crear un vínculo iberoamericano de karaokistas internacionales. ¿Y por qué no mandar en imágenes y sonido las voces de los mejores karaokistas a Venus o a Júpiter? Seguro que los extraterrestres, ante tan tierno incierto acto de fraternidad, nos corresponderían, vete tú a saber con qué nos corresponderían estos escurridizos colegas del Cosmos. También se podría crear con la colaboración de Telefónica un club de karaokistas en donde se pu- SÁBADO 27- 11- 93