Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
JUEVES 18- 11- 93 DEPORTES ABC Pág. 81 1- 0: España, al Mundial por casta y corazón La selección nacional se sobrepuso a la expulsión de Zubizarreta en el minuto 11 Sevilla. Enrique Ortego Con diez, por expulsión de Zubizarreta. Con nueve, por lesión de Goicoechea. Con casta, mucha casta. Corazón, mucho corazón. Y redaños, muchos redaños. No podía ser de otra forma. La selección española sufrió lo incontable hasta el último miA estas alturas el cómo casi no importa. No era un día para exquisiteces. Era un día para apretar los dientes, remangarse, correr y ganar. Y mucho más cuando te quedas con diez durante setenta y nueve minutos. A esta selección de Clemente parece que le han echado mal de ojo. Es difícil tener que superar más obstáculos, pero también es difícil tener más fe que ese puñado de hombres que ayer vistieron la casaca roja. La justa expulsión de Zubizarreta, tras un incomprensible error, dejó al equipo tocado durante unos minutos. Era lógico. Y tuvo que ser su sustituto, el debutante Cañizares, quien con tres intervenciones de maestro demostrara a su compañeros que por su parte podían estar tranquilos. No le dio tiempo a la selección a plantarse sobre el campo cuando Clemente, ya ronco, tenía que cambiar de planes. Había comenzado con esas tres líneas de tres hombres que tanto le gustan al seleccionador y ese llanero solitario que es Salinas. Alcorta- Nadal- Giner, muy adelantados, diez metros por delante del área grande. FerrerHierro- Camarasa, casi sobre la divisoria, y Goicoechea- BaqueroLuis Enrique en el medio campo enemigo. Era evidente que a Clemente le preocupaban las bandas. Tres hombres por cada lado. Bien escalonados, con clara conciencia de lo que tenían que hacer y ningún mareaje al hombre. El reajuste tuvo que ser inmediato. Se fue Camarasa para que entrara Cañizares. La peor parte recayó en Luis Enrique, que a partir de ese momento pasó a ser un lateral- centrocampista- extremo con el apoyo por detrás de Giner, quien se desplazó más a la izquierda. La selección pasó diez minutos horribles. Dinamarca aseguró la posesión del balón y con dos mareajes fijos, Rieper sobre Salinas y Vilfort atento a Baquero, buscó el contragolpe. España no llegaba. No podía llegar. No tenía el balón. Había demasiado distancia entre las líneas y la defensa tan adelantada era un riesgo continuo. Los únicos escarceos ante la puerta de Schmeichel llegaban en balones aéreos. Baquero y Hierro demostraban que los daneses por alto Hierro firmó su gran actuación contra Dinamarca con el gol de la victoria ñuto, pero ya está clasificada para el Mundial de Estados Unidos el próximo verano. Un cabezazo de Hierro lo hizo posible. De la mano de una maravillosa afición sevillana el equipo de Clemente, en inferioridad numérica desde el minuto once, superó todas las adversidades y consiguió su ansiado objetivo. Arbitro: Vassillios Nikakis. Mostró tarjetas amarillas a Nielsen, Vilfort, Giner, Schmeichel, Goicoechea. Mostró tarjeta roja directa a Zubizarreta en el m. 11 Goles: 1- 0, min. 63: Hierro, de cabeza, en un córner. eran vulnerables. Era como un aviso, una premonición. El descanso fue el mejor remedio para el equipo español. Clemente tuvo tiempo de fijar posiciones, pero Moeller Nielsen también para decirles a sus jugadores que ese partido se podía ganar. Y salieron a ello. Los primeros quince minutos de la segunda parte fueron tremendos. Cañizares volvió a ser decisivo, sobre todo en una salida ante Michael Laudrup. Clemente sustituyó a Julio Salinas y dio entrada a Kiko. El gaditano debía buscar la jugada individual y retener el balón todo lo posible. Por momentos, el equipo quedó roto en dos bloques. Cuatro defensas, cuatro delanteros y un todoterreno llamado Fernando Hierro. España seguía sin llegar y sólo en una jugada a balón parado parecía poder marcar. Y así fue. Goicoechea sacó un córner, Baquero le hizo falta a Schmeichel- no le dejó saltar- y Hierro tocó el cielo con las manos y el balón con la cabeza. El Sánchez Pizjuán entero miró el reloj. Quedaban veinticinco minutos. Una eternidad. Lo más difícil estaba hecho. A partir de ese momento era cuestión de perder tiempo, cerrar huecos y echarle lo que a este equipo le sobra: casta, corazón y redaños. Una fase de clasificación como la sufrida por España no podía tener otro final. Agóconmesurable. Con Nadal soberbio. Con Alcorta hecho un león. Con Giner un jabato. Con Goicoechea cojo, pero en el campo. Con Hierro en todos los sitios. Con Luis Enrique agotado pero pletórico. Con Baquero más guerrillero que nunca... Y con Kiko, con Kiko a punto de marcar un segundo gol. De los últimos quince minutos no se jugaron más de cuatro. Era de lo que se trataba, porque el objetivo estaba cumplido. A los daneses se les nublaron las ideas. Los de rojo eran menos, pero parecían más. Y además sacaban fuerzas de donde no las tenían. Así se llegó al final. Nadie recordará que la selección apenas entró en el partido, apenas tuvo el balón en su poder, apenas inquietó a Schmeichel. En un encuentro tan decisivo como el de anoche, con un hombre menos setenta y nueve minutos y la amenaza constante de esa maldición, lo único importante era ganar. Y se ganó. Y España estará en Estados Unidos. Como en Argentina 78. Como en España 82. Como en México 86 y como en Italia 90. Enhorabuena señores, además fueron hasta campeones de grupo, con más puntos que nadie- diecinueve- más tantos a favor que nadie- veintisiete- y sólo cuatro en contra. Lo dicho, Clemente y jugadores: ENHORABUENA Y FELICIDADES, sí con mayúsculas. Felicitación delRey Don Juan Carlos, a través ¡de su Casa Real, envió un mensaje de felicitación a la selección por el triunfo frente a Dinamarca, que la clasifica para el Mundial de Estados Unidos. Rafael Cortés Elvira, secretario de Es tado para el Deporte, confirmó que la Familia Real había seguido atentamente el partido y que había disfrutado con la brillante victoria del equipo español nico. Irlanda del Norte le echaba más morbo a la noche con su tanto en Belfast. Hasta de eso se dieron cuenta los hombres de Clemente. Estaban en todo y en todos los sitios. Cada vez había que tapar más huecos y cada vez quedaban menos fuerzas. Para colmo de males, Goicoechea se rompió cuando todavía faltaba un cuarto de hora. Quedaban nueve, pero les empujaban cuarenta millones de españoles representados en treinta y cinco mil mágicos seguidores llegados a Sevilla desde todos los rincones de la península. Y resistieron. Con Cañizares otra vez magistral. Con Ferrer in-