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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 1 DE NOVIEMBRE DE 1993 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA INALMENTE, la Unión Europea ha nacido el 1 de noviembre después de un largo proceso de incertidumbres y de dificultades generadas a raíz del referéndum danés y del complicado proceso de ratificación británico. El nuevo tratado representa un gran salto cualitativo en el proceso de integración europea al establecer las bases para una Unión Política y crear una Unión Económica y Monetaria (UEM) Refuerza la cohesión externa e interna de la Comunidad, asume nuevas competencias en materia de Justicia e Interior, enriquece las competencias del Tratado de Roma, configura por primera vez una auténtica política social, instaura una ciudadanía de la Unión y dota a las instituciones de una mayor legitimidad democrática. Quisiera referirme a cada uno de estos capítulos: Se establece una Unión Económica y Monetaria que permitirá, cuando se alcance una tercera fase, disponer de una política monetaria, de un Banco central emisor y de una moneda única. Constituye la última piedra del edificio del espacio sin fronteras denominado Mercado Común y posteriormente Mercado Interior. La práctica totalidad de los especialistas reconocen que sin una moneda única que evite distorsiones, el Mercado Interior, en el que pueden circular libremente mercancías, servicios, capitales y personas, se derrumbaría inexorablemente. Las reglas establecidas en la UEM permiten disponer de un plazo razonable, entre cuatro (1997) y seis (1999) años para poder cumplir los criterios de convergencia convenidos en el Tratado de la Unión, pero sobre este particular, la mayor parte de los gobiernos, entre ellos el español, desean que se mantengan incólumes. En primer lugar porque la situación de crisis económica es forzosamente temporal, y en segundo lugar porque es necesario lograr el objetivo final buscado. En la Historia, las monedas únicas no siempre han generado procesos políticos de integración, pero sin ellas éstos raramente han progresado. El camino estará plagado de dificultades. El punto de salida, resultado de la reciente crisis financiera (en que las diferentes monedas pueden fluctuar entre un 15 por 100) no es el mejor de los mundos. Ya hoy algunas voces alertan que esta situación es incompatible a medio plazo con el mantenimiento del mercado interior al permitir devaluaciones competitivas. Sin embargo, la voluntad política de todos los gobiernos es clara, como se ha reafirmado en los últimos Consejos de Ministros de Asuntos Generales y de Economía y Hacienda de la CEE: lograr la Unión Política y mantener el objetivo final y los mecanismos y las reglas establecidos para conseguirlo, incluyendo los plazos y los criterios de convergencia fijados en Maastricht. En segundo lugar, se enriquece el Tratado de Roma introduciendo nuevos mecanismos de solidaridad, y ello tanto a nivel interno como externo. En efecto, se refuerza de manera decisiva la cohesión económica y social en el interior de la Unión, creando un nuevo fondo de cohesión destinado a los cuatro ABC países más desfavorecidos de la Comunidad, entre ellos España, para financiar grandes proyectos de infraestructura de transportes, terrestre, marítimo y aéreo, y de protección del medio ambiente. Igualmente se modifican las reglas sobre los ingresos comunitarios para lograr una mayor equidad, potenciándose el cuarto recurso (PNB) y reduciéndose los efectos discriminatorios del tercer recurso (IVA) Por último, se mejoran y flexibilizan las disposiciones sobre los fondos estructurales (que permitirán la financiación de inversiones en las áreas de educación y sanidad) La buena voluntad de los doce Estados miembros, aún en período de crisis, ha posibilitado que el Tratado de la Unión se aplicara mucho antes de que entrara en vigor, alcanzándose acuerdos sobre la cohesión en el Consejo Europeo de Edimburgo, en el que el presidente del Gobierno español, Felipe González, en una dura negociación sentó las bases para que el pasado mes de junio España consiguiera un aumento de las cifras que recibirá en concepto del objetivo 1 (que financia a las regiones d e s f a v o r e c i d a s) superior en un 150 por 100 a las que se obtuvieron en 1992. En virtud de estos acuerdos, España va a recibir en el período 1993- 99 más de seis billones y medio de pesetas (a precios de 1992) pasando los ingresos por cohesión del 1 por 100 del PNB en 1992 al 2,4 por 100 del PNB en 1999. DOMICILIO SOCIAL J. I. LUCA DE TENA, 7 28027- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 120 F MAASTRICHT TAMBIÉN ES NUESTRO El éxito o el fracaso de España en Europa no depende de estas cifras sino del esfuerzo de todos los españoles en una economía abierta y competitiva, pero hay que reconocer que coadyuvarán a que recuperemos el retraso histórico que padece nuestro país en materia de infraestructura y medio ambiente. En el plano exterior se configura una nueva Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) que va a permitir adoptar posiciones y acciones comunes de los Doce, para que la Unión hable y actúe con una sola voz en todos los foros y temas de relaciones internacionales. Es necesario una Europa fuerte que contribuya a la paz y a la estabilidad en el planeta. La defensa está más desdibujada pero se ha creado una dinámica en torno a la Unión Europea Occidental (UEO) que se EDICIÓN INTERNACIONAL Un medio publicitario único para transmisión de mensajes comerciales a ciento sesenta naciones constituye en brazo operativo de la Unión. Se introducen los temas de Justicia e Interior como nueva dimensión de la Unión, que permitirán regular en común cuestiones tan sensibles e importantes como son las migraciones, el asilo, el control de las fronteras exteriores, la creación de mecanismos de cooperación policial (Europol) la lucha contra la droga o la cooperación judicial civil y penal. Se añaden nuevas políticas que incorporan un carácter más humano al Tratado de Roma (Cultura, Sanidad, Protección de los Consumidores, Educación y Cooperación al Desarrollo) y se refuerzan algunas políticas tradicionales, especialmente en materia de medio ambiente y de investigación y desarrollo. Se configura por primera vez una auténtica política social, que permitirá dotar a la Unión de una fuerte dimensión social equilibrando el carácter fuertemente economicista del primitivo Tratado de Roma. Por último, se instaura una ciudadanía de la Unión que concederá nuevos derechos que se añadirán a los que ya se gozan a nivel nacional, que garantizará la libre circulación y residencia de todos los nacionales de los diferentes Estados miembros y que permitirá la participación activa y pasiva y el voto en las elecciones municipales y al Parlamento Europeo. Habrá una protección diplomática y consulta a los Doce. Finalmente, Maastricht representa un afianzamiento institucional de los elementos supranacionales contenidos en el Tratado de Roma. Así se refuerzan los poderes legislativos del Parlamento Europeo, estableciéndose por primera vez un procedimiento de codecisión con el Consejo de Ministros. Se concede al Parlamento Europeo el derecho a crear comisiones de encuesta (voto favorable de un cuarto de los parlamentarios) y a designar a un Defensor del Pueblo, institución que se incorpora al acervo comunitario. El Parlamento Europeo y la Comisión tendrán, a partir de 1995, el mismo período de mandato, con lo que inevitablemente se producirá una mayor dependencia de la segunda respecto al primero. Se crea un comité de las regiones en el que España tendrá 21 miembros con voz en todas las cuestiones que interesen a las regiones y municipios. En suma, se ha reforzado la legitimidad democrática y se han enriquecido los aspectos institucionales del Tratado. Por ello, Maastricht representa un paso decisivo hacia una Europa más humana, democrática, solidaria y unida. España ha tomado decidido partido en este proceso, logrando que se incorporasen numerosas aportaciones y contribuciones españolas. Por primera vez, el Tratado de la Unión Europea es también nuestro. De la simple adhesión a la CEE, España ha pasado a la corresponsabilidad y a protagonizar nuestra propia historia en Europa. Por importante que sea, sin embargo, el impulso de la Unión a la modernización de España, el logro de una ambición nacional de este alcance no se concibe sin el esfuerzo responsable y solidario de cada día de todos los españoles. Javier SOLANA MADARIAGA