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30 A B C NACIONAL LUNES 28- 6- 1993 El Jardín Cuaderno de notas GUERRA, N O hay quien se atreva con él. Metió el ordago en la Ejecutiva y Alfonso Guerra salió huyendo hacia el Sur a esconderse en el Rincón de la Victoria malagueño, una vez hundido el pobre, pobrísimo, Martín Toval y, salido de sus cenizas, más crecido que nunca, el enano de Tafalla, Carlos Solchaga, el divino cuto, según su propia tradición popular. ¿Se atreverá el grupo parlamentario socialista del Congreso a revocar la nominación de Solchaga? Joaquín Leguina se monda de risa, harto de razón: Ahora sabemos quién está en minoría y quién en mayoría movimiento en falso que hagan, les amenaza con romper el partido, con dejar el Gobierno, con hablar de la corrupción. Precisa imente ahora que Benegas tiene al cuello la piedra de Filesa y el hermano Juan Guerra, con el careto de tonto- ladrón, se sienta patético en el banquillo por los delitos cometidos en el despacho de Alfonso. No hay salida para el guerrismo. O se plantan ahora, o se acabó. Y, de momento, y salvo Pujol, que se atrevió a decir que no y véase la furia del diario gubernamental y de su suplemento catalán La Vanguardia nadie se atreve a hacerle frente al general González ni dentro ni fuera del PSOE. Porque hay que vigilar de cerca a José María Aznar, a quien le dijeron en la noche electoral que su discurso reconociendo la derrota había estado muy bien, y ahora siempre repite lo mismo. Que hay que dejar a González gobernar, lo de la crítica constructiva o asesoramiento al poder, mientras tontea Isabel Tocino con su discurso fascista anticomunista en público a la vez que la doña pide un pacto con IU en privado. Está igual de loca y confusa que cuando Maastricht. Y Julio Anguita en batín, mesándose la barba y mirando de reojo a Leguina. Son todos incapaces de ejercer la oposición. Desde Guerra a Anguita, pasando por Aznar. Ya 1o decíamos semanas LA OFERTA DE AZNAR E atreví a sugerirlo hace bastantes días como fórmula posible. Falto de apoyos políticos en el nacionalismo periférico, Felipe González podría recibir el del PP de Aznar en concretos aspectos de la política, que harían viable la gobernabilidad. Ello permitiría ahorrarse los costosos precios que los respaldos catalanistas y vasquistas implicarían. La sombra de la gran coalición proyectándose a niveles secundarios sobre la realidad española. Aznar lo ha dicho y repetido a su manera: no meter palos en la rueda del Gobierno. Conllevar la crisis para evitar que la situación se agrave en perjuicio de todos. Lo cual significa calcular con prudencia el grado de oposición practicable. De nada serviría llegar a las siguientes elecciones- probablemente dentro de un par de a ñ o s- con el país todavía más deteriorado en lo económico y con un Gobierno de centro- derecha embarcado en el trance de tener que gestionar una dificilísima salida de la crisis empeorada. Hoy por hoy, el PP no parece tener ninguna prisa. Sería una sabia actitud dejar que el PSOE de Felipe González se consuma como una tea en la hoguera de sus propios problemas, de los suyos específicos, sin dejar por ello la casa general inhabitable. El sentido de lo manifestado por Aznar en Chantada tiene el aspecto de responder a esa preocupación. El dirigente conservador ha hablado del interés general y del esfuerzo de todos Esta demostración verbal de solidaridad en lo esencial, preludio de auxilios políticos concretos, viene a ser por parte de los populares algo así como la valoración de una emergencia. El PSOE puede estar simbólicamente en el papel del boxeador sostenido por los brazos del rival para que el espectáculo no se acabe demasiado pronto. Su victoria electoral del 6 de junio no ha puesto término a sus cuitas. Más bien las ha acentuado. Felipe González ha decepcionado a una buena parte de sus votantes cinco minutos M 1 después del aparente éxito. Ha tenido que inclinarse por lo que el cuerpo le pide: el intento de gobernar en coalición con fuerzas conservadoras. Se ha dej a d o sobre el campo de batalla un montón de bajas, como aquel Pirro de la Antigüedad que ganaba los combates con costes altísimos. Es ¡o que le está ocurriendo además con el partido, cuyo sometimiento a la voluntad del jefe supremo será tan inevitable como caro. El control del Grupo Parlamentario va a significar, antes del congreso del PSOE, la primera gran escaramuza interna. Perderá el guerrismo, pero González necesitará una importante convalecencia política. Con Carlos Solchaga en el puesto de Martín Toval, que es lo conseguido por aquél, ha introducido un rinoceronte en una tienda de porcelana. Las espadas siguen en alto. Felipe González ve cómo se desvanecen los felices tiempos en que Alfonso Guerra le domesticaba el partido mientas él jugaba a estadista europeo y a figura internacional. Ahora tiene que atender dramáticamente a lo de dentro, tanto en lo que afecta a la gestión de los asuntos internos de Gobierno como en lo que se corresponde con la rebelión de la mitad de sus barones del partido. Frente al PSOE, el PP es una balsa de aceite. No está por la tesis de Andreotti, según el cual el poder desgasta principalmente cuanto no se tiene. En el presente caso español tenerlo, como lo tiene el felipismo, es garantía de un tiempo fatigante, opresivo, extenuador. Ante la opinión pública, los populares intentan ofrecer un ejemplo de responsabilidad, colaborando en la superación de la crisis y reservándose la oportunidad de pasar a la ofensiva cuando le convenga. Lorenzo CONTRERAS P. D. El teclista me hizo decir el sábado que Franco fue un mal político para sí mismo y sus específicas metas. Justamente lo contrario de lo que escribí. Alfonso Guerra Pero el guerrismo huye en desbandada y los felipistas acérrimos, Almunia y compañía, piden venganza en un congreso extraordinario, mientras se dan el pico, por la espalda, con la Izquierda Socialista de Carlos López Riaño, el esquirol de las libertades y promotor del delito de difamación. Por eso lo promociona González en la portavocía del Congreso, por su valor probado contra la libertad de expresión. Igual que a Mohedano, por su desfachatez contra las libertades públicas en la, cdefensa contra la ley Corcuera. Y a Solchaga, por coraje contra el guerrismo y los sindicatos. En suma, por defender el felipismo y prostituirse renegando de sus anteriores compromisos. Son el mismo caso que Garzón. A los que se distinguieron por defender la democracia, el Estado de Derecho y las libertades, el general González los pone a limpiarle las botas y les da galones de sargento frente al guerrismo perdedor. Y no hay repliegue posible de los guerristas, refugiándose en lo más profundo del grupo parlamentario, o de la Ejecutiva, o del Comité federal, donde pasea Corcuera exhibiendo la porra. No, no hay escondite ni respiro posible para Guerra y los suyos, porque González no está dispuesto a pasarles una, y, a cada Carlos Solchaga atrás: ¿quién le pone el cascabel al gatazo tontiastuto, gordinflón, castrado y satisfecho? De momento, nadie. Anguita, en batín; Aznar, de soplagaitas, y Guerra, acorralado. ¿Se atreverá este lunes por fin? Si no lo hace, la desbandada y el final del guerrismo no habrán hecho nada más que comenzar. Aurora PAVÓN