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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 12 DE JUNIO DE 1993 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA I NA v e z más vuelve Juan Pablo II a España. Se van a cumplir quince años de su pontificado. No es mala ocasión para lanzar una mirada a lo que han significado, lo cual será una anticipación de lo que podrá ser en los años próximos. Quiero recordar ante todo algo que escribí a raíz de la muerte de Pablo VI, cuando no tenía la menor idea de la existencia de un hombre llamado Karol Wojtyla, pero que leído ahora parece una mínima semblanza suya. ¿Fue realmente pastor Pablo VI? Intentó serlo denodadamente, hasta el sacrificio; pero no sé si se dio bien cuenta de cómo era el ganado que le había tocado en suerte. Recuerdo los versos de Rubén Darío: Fuera pastor de mil leones y de corderos a la vez. Imagino al Papa que acaba de morir preguntándose día y noche de quién tenía que ser pastor. Pregunta tan parecida a la del escritor responsable que se pregunta, ante la página blanca, para quién escribe Estas preguntas tendrá que hacérselas el sucesor de Pablo VI. Debería recordar ante todo que será el sucesor de Pedro. Y, después, que estamos ya muy lejos de 1963, que casi todo lo que entonces parecía nuevo- muchas veces sin serlo- es ya antiguo, y muchas veces irremisiblemente periclitado. Hay que pedir a Dios que el nuevo Papa no se asuste de cómo están las cosas porque un Papa no tiene derecho a ese susto- n i a ningún o t r o- un Papa no puede asustarse de nada, es el precio que hay que pagar por la tiara. También hay que esperar que no tenga la tentación de la marcha atrás porque no existe en la historia; tiene que tener el valor y el acierto de evitar todo reaccionarismo. Y, naturalmente, el más grave de todos, que es retroceder de la religión a cualquier dimensión secundaria de la vida Imagino la sorpresa de algunos ilustrados y enciclopedistas del siglo XVIII, para quienes el pontificado era un residuo, una reliquia sin importancia, si viesen que al final del siglo XX Juan Pablo II es la figura pública más importante del mundo, que atrae multitudes increíbles en todos los países, cristianos o no, que apasiona, entusiasma o es combatido. Hay que preguntarse por qué es así, cuáles son los motivos de esa proyección mundial. Tiene la experiencia de ese mundo en su realidad efectiva, con una plenitud que muy pocos alcanzan. En mi último libro, Razón de la filosofía aventuro una tesis filosóficamente audaz: que cuando se trata de personas y no de cosas, de la vida humana, que no es cosa alguna, el verdadero principio de individuación son las experiencias radicales- constitutivas unas, eventuales otras- Karol Wojtyla, nacido en Polonia en 1920, ha trabajado con sus manos, ha sido actor, deportista, sacerdote, ha hecho la experiencia de un país inva- ABC dido por la Alemania nacional- socialista, después por la Unión Soviética, sometido a dos formas de tiranía totalitaria en su grado máximo. Ha asumido finalmente la más alta responsabilidad religiosa, se ha sentido obligado a preocuparse por todos los hombres, de cualquier religión o sin religión, hermanos por ser hijos del mismo Padre. De ahí su necesidad de ver el mundo, de conocerlo de cerca. No ha estado nunca aislado, enclaustrado- signo del tiempo- Kant pudo nacer, vivir y morir en KGnigsberg; Antonio Machado escribió: Tartarín en Kónigsberg. Con la mano en la mejilla todo lo llegó a saber. En nuestra época el mundo nos asalta por todas partes, y hay que salir a su encuentro, verlo y tratar de entenderlo. Desde la Reforma, la Iglesia católica vivió a la defensiva, recelosa de las novedades, en alguna medida vuelta de espaldas a un mundo inquietante. Karol Wojtyla es el primer Papa, desde hace varios siglos, que se encuentra en su casa en el pensamiento de su época, que lo conoce y ha contribuido personalmente a él: fantástica innovación, en la que no se repara, de la que apenas se habla. Es intelectualmente actual, capaz de entender los problemas del siglo XX y los intentos- muchos geniales- de buscarles una respuesta. Y es también teólogo, y creo que de una manera nueva, precisamente por haber renovado la instalación en la filosofía. Muchos eclesiásticos se quejaban hace treinta años de que era difícil hacer teología, porque había presiones, cerrazones, incomprensiones demasiado evidentes. Cuando llegó la libertad religiosa, y con ella la de hacer teología, muchos de ellos prefirieron hacer otras cosas, aunque hoy se hable de teólogos por centenares. Juan Pablo II ha escrito extraordinarias encíclicas teológicas- nada menos que sobre las tres personas de la Trinidad- que no han sido repensadas como se merecen. En parte porque son encíclicas, género literario que se lee poco y con ciertas dificultades; si fuesen ensayos libremente escritos, dirigi- DOMICILIO SOCIAL AV, DE AMERICA, 124 2 8027- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 184 u BALANCE PROVISIONAL dos a lectores, creo que su fecundidad podría multiplicarse y cambiar la manera de ver las cosas decisivas. Pero las cuentas, si se hacen, han de hacerse bien. No se puede pasar por alto el hecho de la hostilidad que, junto al entusiasmo, suscita también Juan Pablo II. Una de las causas es lo que llamo hace mucho tiempo el rencor contra la excelencia del que hay tantos ejemplos y que explica tantas cosas. Pero hay que tener en cuenta que en los últimos decenios había la impresión de que el catolicismo estaba en peligro de descomponerse, de desmoronarse, de diluirse y desvirtuarse, y esta expectativa era acogida con alegría por muchos, incluso dentro de la Iglesia. Creo que la dificultad mayor del ecumenismo en nuestro tiempo no estriba en viejas rencillas, en pequeños detalles, en cuestiones de primacía; lo grave es que se llaman cristianos- a veces obispos de varias confesiones- que no creen en el núcleo esencial del cristianismo: en la Trinidad, o en la divinidad de Cristo, o en su resurrección, y por tanto en la esperanza de la nuestra. Éstas personas son sumamente respetables, pero no tienen la condición de cristianos; serán a lo sumo, con expresión de Unamuno, fiócristos Juan Pablo II se dio cuenta de que una de sus misiones principales era evitar el desmoronamiento del catolicismo. Dispuesto a dialogar fraternalmente con todos, a llamar a los judíos nuestros hermanos mayores se ha sentido responsable de mantener el depósito de la fe, hacerlo comprensible y fundar en él una interpretación de la vida en todas sus dimensiones. Han sido muchos los que se han aquietado pensando que las puertas del infierno no prevalecerán Sí, pero si no se piensa sólo en la Historia Universal, sino en los hombres concretos cuyas vidas pueden quedar afectadas por el error, y no menos por la incompresión de los que exigen creer lo que no hay por qué creer hay que ver las situaciones en su realidad efectiva y no desentenderse de aquellos a quienes ha tocado vivir en una época determinada, sujetos a las presiones, las tentaciones, las manipulaciones, las intransigencias, las irresponsabilidades de unos o de otros. Al cabo de quince años- e l plazo de una generación, grande mortalis aevi spatium vale la pena empezar a hacer las cuentas de este Papa que llegó de Polonia, interrumpió la continuidad de los italianos- justificada cuando Italia no era una nación y quedaba fuera de las presiones de las grandes potencias- e hizo que entrase el ingrediente eslavo de Europa y, por consiguiente, del mundo. Julián MARÍAS de la Real Academia Española EDICION INTERNACIONAL Un medio publicitario único para transmisión de mensajes comerciales a ciento sesenta naciones