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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 5 DE MAYO DE 1993 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA N ciego tocaba el violín en la calle de Fuencarral, muy cerca del Metro de Bilbao. Como casi todos los ciegos que tocan el violín, se había aposentado en una esquina concurrida, donde los vientos del Este y del Oeste se cruzaban formando fríos remolinos, ya que era invierno, época favorita de los mendigos ciegos o videntes, deslucidos o virtuosos. Casi nadie le hacía caso y no tenía público alguno. Dos o tres perdidos de la zona buscaban taxi aprovechando la esquina del ciego, pero empezaba a llover y los taxis escapaban sin luz verde, y los posibles clientes del músico se enterraban en el Metro. Las nueve y cuarto de la noche, justo la salida del cine, y el agua empezaba a convertirse en agua- nieve. Los cristales de las tabernas estaban empañados, y cuando alguna se abría, del interior venía un fuerte olor a calamares fritos. De pronto el ciego- q u e en aquel momento tocaba Danzas campestres de Sibelius- abandonó el arco, olfateó la pesada huella de los calamares y gritó un lamento: ¡Qué triste es la vida del artista hasta que triunfa! Entonces yo me detuve a observarlo: tenía una hermosa barba blanca, llevaba liada al cuello una bufanda verde y vestía harapos. Era un ciego de cuento, disfrazado para una función de Navidad. Cuando se cerró la puerta de la taberna y el viento serrano se llevó lo que quedaba de calamares, volvió a su violín e inició las notas del Vals triste de Sibelius. Aquel ciego era, sin duda, un admirador del músico nórdico o la tristeza, e incluso el frío, le llevaban por caminos finlandeses. Dejé en su escudilla dos monedas de cien pesetas, para que escuchara repetida mi generosa aportación. Entonces vi al perro: estaba sentado y tenía color de toro jabonero, el agua goteaba por su hocico negro y una tremenda indiferencia marcaba sus ojos amarillos, ajenos a la música e incluso al olor a calamares fritos. Al oír tintinear las monedas, el ciego gritó por segunda vez: ¡Qué triste es la vida del artista hasta que triunfa! Y cambió de ritmo. Mientras me perdía por la calle de Fuencarral iba oyendo las zardas de Monti y pensando en el optimismo del músico: viejo, ciego, pobre y hambriento, tenía el coraje de hincarle el diente a su vida, y de afirmar que era triste, con la esperanza de que todo cambiará el día del triunfo. Hasta. Qué grande puede ser una humilde preposición. Hay artistas, hay muchos artistas, incluso artistas del balón y, por supuesto, toreros, y las folclóricas se dicen artistas a sí mismas y no digamos los pintores, los músicos, los escultores, aquellos que se dedican a las bellas artes, incluso algún escritor y tal cual que se engolfa en el cine, llamado Séptimo Arte. Los demás son artesanos- -marca de fábrica que arrebata a los críticos- gente que ejerce un oficio y que no pasa la frontera dorada de los elegidos por mucho que se empeñen sus partidarios. Bueno, pues... -como dicen en la tele- -se ha muerto un artista de verdad, un pintor que se llama- ABC CHINORRIS DOMICILIO SOCIAL AV. DE AMERICA, 124 2 8 0 2 7- M A D R ID DL: M- 13- 58. PAGS. 144 U pintores que, aferrándose a un solo monigote, lo repiten a lo largo de su vida hasta ba Juan Ignacio Cárdenas, alias Chinorris. abarrotar museos y galerías con el monigote evolucionado. Estos pintores son, por el conChinorris Cárdenas iba para arquitecto trario, magníficos, fiables, seguros y desde- s u padre sería, nada menos, el creador de luego prudentes. la emblemática Telefónica- pero se quedó Una vez en su vida estuvo Juan Ignacio entre los pinceles. Su vida entera fue la pinCárdenas, alias Chinorris, a punto de romper tura; si alguien tenía vocación en aquellos teel muro que le separaba del éxito. Fue en rrenos era él, pero además andaba sobrado Nueva York, hace muchos años, en una feria de entrega y talento. Inventaba, siempre inmundial. Por un milagro de clarividencia, o ventaba, practicaba, vivía para la pintura y sólo hablaba de ella, aunque a veces se refe- como resultado de una insensata sensatez, resultó elegido para decorar el Pabellón Esría a los toros o a las chicas. No había procepañol con sus toros y sus toreros, que arredimiento que Chinorris- también llamado bataron a los neoyorquinos y a los forasteros. Chino- no utilizara: óleo, acrílico, gouache, Las revistas especializadas se ocuparon de dibujo a lápiz, a tinta, a carboncillo, grabados, con las uñas, con todo, pintura. Yo me Chinorris y todos alabaron el talento del singular artista. El eco del prodigio llegó a Esatrevo a decir que sus retratos sólo son compaña y sobre todo a la buena sociedad, zona parables con los que pintó Vázquez Díaz. high life más o menos jet life con pasta, Según Chinorris- delgado, rubio, pequeño, y fue tan espectacular el mentado eco que nervioso, de ojos vivísimos- envejecía por muchas señoras y algunos señores le encarfuera, le iba naciendo en las entrañas una garon retratos. Entonces a Chino, Chinorris, enorme y benéfica solitaria que le mandaba Chiquitín le dio por pintar santos, nubes, vírpintar con más alegría y con total falta de pregenes y cielos. Los señores y la señoras se juicios. Iba siempre contra la moda, contra lo cansaron de esperar y cuando Chino terminó que se hacía. Y creaba, se comprometía de de pintar al Niño Jesús ya se habían olvidado una forma a veces insensata, casi disparade él. Los señores y las señoras de la high tada, absurda como un juego de niños. Chilife son como los bandar- log de El libro de norris era un inventor natural. Hay mucho de las tierras vírgenes de Kipling: se olvidan burocracia en la pintura, más solemnidad de de todo, incluso de que están subidos a los lo que se supone, hay pólizas, escalafones e árboles y llevan a Mowgli prisionero. Del incluso protocolo: quien entra por el arco pueblo de los monos usanzas éstas son y triunfal de los que dominan la industria- e l ésta es la vida: consolaos, hermanos, en arte también es industria- tiene el puesto fijo vuestra espalda el rabo se adivina. en los museos, en las colecciones exquisitas De Mowgli era partidario, de Alicia, de de barones y banqueros, en las galerías que Pipo y de Pinocho y Chápete, y juntaba la mandan, en las revistas de élite y, por su- pintura con la literatura y con la música. Se puesto, la bolsa llena de doblones, y, como marcó Alicia en el País de las Maravillas y un notario- con todos mis respetos para los La flauta mágica llenando los cuadros de notarios- la vida a resguardo de vientos personajes arbitrariamente dispuestos, pero cruzados. Chinorris Cárdenas era una espeque él colocaba con misteriosa lógica, de cie de saltamontes de la pintura, que andaba forma que, al verlos, uno era consciente de de un lado a otro, brincando, pintando siemque allí estaba el espíritu de la música y de pre diferente- así le ocurría a Picasso, no lo la palabra. No tenía pereza al enfrentarse olvidemos- imaginando, investigando y di- con un lienzo enorme, ni le temblaban los virtiéndose. A mucha gente del gremio, sobre dedos al encarar una miniatura como un setodo a las que difícilmente pueden adivinar llo de correos. Era según le daba. Y todo el qué hay dentro de un artista auténtico, la con- mundo- l o que se llama todo el mundoducta de Chino les parecía una pura frivolidecía: ¡Qué gracioso es Chinorris! Era gradad, desde luego muy poco serio, ligero, incioso en serio, ocurrente y disparatado, lleno sustancial o pueril. Son importantes- a s í lo de inventiva y falto de presunción. Tal vez dicen los libros más respetables- aquellos por eso, porque no era trascendente, el cerrado mundo del arte lo ignoró. Hermanos, en vuestra espalda el rabo se adivina. Así ha muerto Chinorris aún joven, aún con mucho camino por delante, pobre, como siempre, y muy querido, admirado por unos pocos y envuelto en un tópico traidor: el que tiene una onza la cambia, pero muchas veces no la cambia. Pocas onzas he visto tan doradas, tan hermosas y tan inútiles como las de Chino Cárdenas. Ya no está el ciego en la calle de Fuencarral, el perro amarillo se ha ido con otro ciego, la vida del artista- hasta que triunfasigue siendo dura y mandan los de siempre, pero consolaos, hermanos, en vuestra espalda el rabo se adivina. AUTOMÓVILES Símbolo deéstimMn San Francisco de Sales, 12 Jaime de ARMIÑÁN