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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 2 DE ABRIL DE 1993 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ON Juan, el que una m a ñ a n a de la p r i m a vera de 1977 se cuadró ante su hijo, inclinó la cabeza altiva y dijo: Majestad, por España, todo por España. ¡Viva España! ¡Viva el Rey! Y abdicó así los derechos históricos a la Corona, que había custodiado, frente a la dictadura, durante treinta y seis años. Don Juan, primer subdito de Juan Carlos I, el joven Monarca que ha cumplido el destino histórico de devolver la soberanía nacional al pueblo español. Don Juan, el que contempló con emoción la sagacidad política y la prudencia de su hijo, el Rey, convertido en estos años en el Jefe de Estado con mejor imagen internacional de nuestra Historia contemporánea. Don Juan, el descendiente de los Reyes Católicos, el que mantuvo siempre la fidelidad al Santo Padre y a la Iglesia de Roma; el que sufría las calumnias oficiales que le acusaban de masón, mientras en Estoril algunos españoles le descubrían rezando a solas en la iglesia de San Antonio o ayudando a misa con la sencillez del que había puesto la vida espiritual y la religión por encima de cualquier otra cosa. Don Juan, el enamorado de la patria, el que estuvo siempre dispuesto a. defender su unidad hasta la última gota de la sangre, el que lo entregó todo a España: la juventud, la tranquilidad, las horas de descanso, la salud, el silencio ante las calumnias y las persecuciones, el trabajo infatigable y tenaz, los sufrimientos intensísimos que sólo él conocía, la abdicación en el momento exacto, ni antes ni después, de los derechos que recibió de su padre. Don Juan, el que veneró siempre la bandera como símbolo de la patria, tras jurarla ante el Rey, su padre. Don Juan, el culto a la familia, el que tenía en todas las ocasiones delicadezas de enamorado para María de las Mercedes, la esposa ejemplar; el que celebraba con viva emoción los éxitos del hijo, el Rey Juan Carlos I, y de su compañera en el Trono y en la vida, la Reina Sofía; el que volcaba su corazón en Pilar y Margarita, las niñas que le alegraron los años de luchas y zozobras; el que rindió culto a la memoria del padre, Alfonso XIII; de la madre, Victoria Eugenia; el que compartió las risas de los nietos cuando revoloteaban, como pájaros felices, a su alrededor y luego, a solas, le lloraba todavía el alma por Alfonsito, el hijo muerto, sepultado junto al mar océano, entre los crisantemos y las violetas del cementerio de Cascaes, devuelto a. El Escorial en una ceremonia desgarradora. Don Juan, el que jamás pretendió el Trono, porque reinó en la sombra durante treinta y seis años, con la autoridad moral de un Rey constitucional; Don Juan, el que mantuvo digna y firme la idea de la Monarquía de todos frente a la dictadura y luchó por la libertad contra Franco sin hacer una concesión; Don Juan, el hombre sin rencor, el que padeció las más groseras persecuciones y, muerto el Generalísimo, no hizo una sola declaración que enturbiara su memoria. Don Juan, el clarividente, el que afirmó la ABC DOMICILIO SOCIAL AV. DE AMERICA, 1. 4 2 80 2 7- M A D R I D DL: M- 13- 58. PAGS. 220 D UNO DE LOS MAS GRANDES ESPAÑOLES DEL SIGLO XX de Juan Ramón Jiménez, de Salvador de Madariaga, de Dámaso Alonso, de Vicente Aleixandre, de Pablo Picasso, de las más altas inteligencias victoria aliada cuando casi nadie en Esnacionales; el que visitó en su casa a Rapaña creía en ella; el que señaló en sus món Menéndez Pidal y le dijo: Vengo a manifiestos los caminos hacia donde derivó rendir en su persona un homenaje a la culEspaña, a pesar de la dictadura; el que jatura española más perdió los nervios; el que trabajó teDon Juan, el que una tarde en México se nazmente para que en España se organiquedó largo rato ante una frase grabada en zara la moderación y sobre ella la demolos muros del Museo Antropológico: Estos cracia; el que suavizó aristas, predicó la toltecas eran ciertamente sabios. Solían concordia, alentó la conciliación, cicatrizó dialogar con su propio corazón las heridas del exilio y la desolación. Don Juan, la pasión por el mar, tal- vez Don Juan, el que encaró los briosos deporque España conquistó sus mayores safíos del tiempo nuevo; el que vio ensomdestinos por los caminos del océano, brecerse a la política española; el que oyó cuando la Monarquía de Su Majestad Catódespués cómo sonaba la hora de los calica cosió con las tres agujas de las caramaleones; el que se estremecía ante las belas las costas del Viejo y el Nuevo ásperas sangres del terror; el que tuvo la Mundo. dicha de contemplar, después de tantos Don Juan, el vuelo del águila, el que se años, la granazón de la nueva Monarquía. situó en los últimos años de su vida por enDon Juan, el que no perdió nunca la cima del bien y del mal, el que hablaba gran virtud de la realeza: saber escuchar, y desde las páginas de la Historia, y tal vez en su pequeño despacho de Villa Giralda por eso se expresaba con serenidad absooyó las voces todas de la condición huluta; el que contempló en silencio, igual mana: la abnegación, el patriotismo, la geque su amigo José María Pemán, igual que nerosidad, la miseria, la traición, la hipocresu hombre de máxima confianza, Pedro sía, la vanidad inmensa. Don Juan, el que Saínz Rodríguez, cómo empalidecía el estocó con las manos las grandezas y los haplendor en la yerba, cómo renacieron las rapos de lá política; el que vivió acosado antiguas risas, cómo apretaban los viejos por las ambiciones de los mediocres, y por dolores enterrados. eso aprendió, como Quevedo, que el peDon Juan, grande por su humanidad, sebre es bueno para cabras, necesitados y grande por su amor a la patria, grande por otras gentes con apetito de barrigas y de su capacidad de abnegación, de renuncia, honras de sufrimiento; grande por su dignidad, Don Juan, el que hizo público el 21 de grande por su corazón, grande por su noviembre de 1975, en un documento gesto solícito para el humilde, grande por transparente, su idea de que la Monarquía su honradez, por su rectitud, por su homrecién restaurada debía ser instrumento bría de bien; grande por su caballerosidad; de reconciliación nacional y vehículo para grande por la humildad con que reconocía el pacífico acceso del pueblo español a la sus defectos y sus errores; grande por el soberanía, a través de la voluntad general sentido del deber que aprendió de su palibremente expresada dre y transmitió a su hijo. Don Juan, el saDon Juan, el que contó siempre con la figaz, el moderado, el paciente, el del indelidad de muchos de los cerebros más lúmenso sentido común, el patriota, el discidos de la política y la intelectualidad escreto, el de la callada prudencia, el que pañolas. tenía sobre todas las cualidades esta que Don Juan, el que nunca perdía el sentido su mayor enemigo no le podrá negar: del humor y a veces lo manifestaba con grandeza de espíritu. agudeza, como al referirse a un viejo políDon Juan III, en fin, el que se ha muerto tico: No ha acertado nunca y sigue en con una dignidad impresionante, el que un plena forma día de invierno y de tristeza, con el cáncer Don Juan, el respeto a la cultura, el que enroscado a la garganta, con la fiebre de quiso escuchar la palabra de Pablo Casáis, cuarenta grados quemándole los ojos, azotada la piel por el destino, y el alma, sangre de Reyes, dolorosa imagen de la soledad altiva, quiso cumplir la misión que había jurado en 1941, se fue a la Roma de los Papas y los Emperadores, tomó el cadáver intacto de su padre, lo Nevó en un barco de guerra hasta Cartagena y, después, abrazado a la bandera roja y gualda, lo depositó bajo las piedras heladas de El Escorial, en el lugar que le correspondía, EDICIÓN INTERNACIONAL allí donde entre mármoles y bronces viejos aguardaban a Alfonso XIII sus antepasados para que pudiera explicarles, con la voz osUn medio publicitario único cura del granito, la lección amarguísima del para transmisión de mensajes destierro y la injusticia a los Reyes que escomerciales a ciento sesenta cribieron la Historia de España. naciones Luis María ANSON