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EDITADO PRENSA POR DOMICILIO SOCIAL S E R R A N 0, 61 2 8 0 0 6- M A D R ID ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 29 NOVIEMBRE DE 1992 DL: M- 13- 58. PAGS. 152 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A publicación del Catecismo de la Iglesia católica ha suscitado el interés de la opinión pública. Se habla y se escribe sobre el nuevo catecismo. Eso sí, casi siempe sin haberlo leído. No ha sido el libro, sino la doctrina quien ha desatado el interés. Se hacen numerosas preguntas acerca de los posibles contenidos de éste, para algunos, sorprendente catecismo. Muchas menos son las cuestiones que se plantean sobre la misma razón de ser del catecismo, de su necesidad en la Iglesia, de su gestación y modo de exponer y decir aquello en lo que creen, lo que viven y a quién rezan los católicos. Inventaron un catecismo como si de un montón de principios, normas, condiciones y amenazas se tratara. Sin tener en cuenta que es la exposición ordenada y completa de la vida del creyente. Es como su carta de identidad: así somos, de esta manera vivimos, esto es lo que creemos, así rezamos. Y todo ello dicho en lenguaje claro y asequible. Muchas veces se había hecho sentir la necesidad y reiteradamente se había pedido. Siete años de trabajo, consulta a todos los obispos, 24.000 enmiendas, 10 redacciones. No había improvisación, ni prisa. Tampoco se trataba de hacer un recetario práctico de respuestas a ciertos problemas de algunos hombres en determinados países. Es un catecismo católico, universal, en el más amplio y positivo sentido de la palabra. No es un tratado de filosofía ni de ética. Es un libro de fe y de moral, de la vida según la doctrina de Jesucristo recibida en la Iglesia católica. El anuncio de la aprobación del catecismo por el Papa había bastado para que se desataran las más virulentas, despreciativas y airadas críticas. No lo conocían más que de oídas y referencias. Y se caía en lo morboso y obsesivo. Se inventaban pecados que no existían. Aparecían pontífices y censores que dogmatizaban sobre el bien y el mal, que estaban al acecho inquisitorial para cazar las brujas del involucionismo, de la vaticanización, de los santos oficios desaparecidos, de lo reaccionario, del moralismo, de lo anticonciliar que veían por todas partes. Era una mezcla de arrogancia e intransigencia. No podían ser tolerantes con una fe en la que no creían y una Iglesia a la que no deseaban pertenecer. Tienen una disculpa: no han leído el nuevo catecismo. Posiblemente tampoco han practicado el antiguo. Hablan al dictado de sus prejuicios, de la obsesión anticatólica, del sensacionalismo, de estar más enterados que nadie, de la rumorología o, simplemente, de la ingenuidad de creerse elegidos por los dioses L NUEVO CATECISMO para conocer, con ley y juicio, la última palabra de todo. En su arrogancia, niegan el derecho que tiene todo hombre a la libertad de buscar sinceramente la verdad. El nuevo catecismo no es un corsé agobiante que estruja con prohibiciones y mandatos y no deja respirar, amenazando con castigos eternos que ahogan cualquier atisbo de libertad personal. Ni es un catálogo exhaustivo de prohibiciones y pecados, ni una pesada losa que poner sobre las espaldas del hombre. El catecismo es una guía para el caminante que ha querido hacer su camino con Jesucristo. Los mandamientos, que los hay, no son amenaza, sino ayuda; no son angustia, sino alimento; no son coacción, sino libertad. Hacía falta un catecismo para la Iglesia católica y así se le había pedido al Papa. Se necesitaba un catecismo que fuera punto de referencia para conocer y explicar el contenido de la fe cristiana. Y que sirviera no sólo para una élite, para un grupo determinado, sino para los 800 millones y más de católicos de todo el mundo y para cuantos hombres quisieran conocer en qué consiste, a lo que obliga y cómo expresa su fe el católico. Es el catecismo del Concilio Vaticano II. No sólo no da marcha atrás en aquello que pudieran ser logros y avances del Concilio, sino que añade, a la tradición de la Iglesia, la riqueza de esta etapa posconciliar. No se es fiel al Vaticano II quedándose en el Vaticano II. La fidelidad es siempre dinámica, progresiva, vital. Es la atención perseverante a lo que Dios va diciendo a los hombres a lo largo de la Historia. Pero como es historia de salvación, nunca puede perderse de vista que Jesucristo es el único salvador y que fue a la Iglesia a quien encomendó el ministerio de guardar y enseñar. Catecismo de la Iglesia católica Ni tratado de filosofía, ni elenco de principios éticos, ni manifiesto programático y declaración de intenciones. Es cate- Jesús Yanes Se complace en presentar su Selección de Joyas Firmadas y la Colección de Plata del Palacio Real Reproducciones Numeradas Goya, 27 Goya, 6 y 8. El Jardín de Serrano cismo. Y para la Iglesia católica. Nadie debe sentirse molesto porque la Iglesia reflexione sobre lo que es el contenido de su fe y porque así lo exponga para uso y vida de quienes por el bautismo se han incorporado a ella. Que esté dirigido a los católicos no excluye el que pueda aprovechar a otros hombres. El bien rompe siempre las limitadas fronteras que ponemos los humanos. Es nuevo, pero no distinto y que hable de una fe que no es la de la tradición de la Iglesia. Se ha sacado lo mejor de lo antiguo y de lo nuevo. Siempre respetando escrupulosamente, como no podía ser de otro modo, el contenido esencial de la fe. Es muy grande el caudal de experiencia que tjene acumulada la Iglesia y numerosos los santos que han vivido su fe en ella. También son muchos los Santos Padres y los doctores y los teólogos. La Iglesia no comienza hoy, pero se actualiza todos los días. Es que está siempre animada y dirigida por el Espíritu Santo. Lo universal, lo católico, no elimina la dificultad de lo variado, de lo distinto, de las diversas situaciones culturales en que se encuentran los hombres. Quizá sea éste uno de los grandes méritos del nuevo catecismo: el valor de inculturación, de exponer la identidad de la fe cristiana para hombres y mujeres de todos los pueblos, pero que cada uno puede vivir dentro de la fidelidad al Evangelio y a su propia idiosincrasia cultural. Un catecismo nuevo que, para muchos, no tiene novedad alguna. Es la doctrina de siempre, pero dicha hoy y con el lenguaje de hoy. La novedad estriba no tanto en las respuestas, que son las del Evangelio, sino en los problemas que se plantean. Muchos de entre ellos completamente ignorados en otras épocas: ecología, comunicaciones, nuevas tecnologías, biogenética, narcotráfico... Se ha dicho que el nuevo catecismo es un libro fuera de serie. Sí, es distinto. No es sólo letra. Hay mucha vida dentro. Un libro que servirá para conocer mejor a Dios y para rezar alabándole. Un libro para aprender a comportarse con los hombres y mujeres con los que se vive, respetar la diferencia y ofrecer una conducta moral coherente con la verdad en la que se cree y se practica. La Iglesia necesitaba un nuevo catecismo. Ahora tenemos delante el trabajo de estudiarlo, asimilarlo debidamente y ponernos a caminar. Carlos AMIGO VALLEJO Arzobispo de Sevilla