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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 18 NOVIEMBRE DE 1992 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA IALOS tiempos para los hombres en América, quiero decir para los varones, por lo que toca al sexo. Si uno es (o aspira a ser) hombre importante y público en la política o en las artes o deportes, lo mejor es decirle que deje lo uno o lo otro: o el sexo o su carrera. Sobre todo si tiene dólares abundantes. Alguien se las arreglará para sacárselos y, de paso, arruinar su carrera, en medio de una orgía nacional y aun internacional de los mass media Casi, casi, parece la Inquisición rediviva. ABC o a otra cosa importante. Su esposa ha de aparecer en toda la campaña, en todos los actos oficiales, al lado del marido, aunque se aburra soberanamente y aunque esto no fuera prescrito por San Pablo ni por la Constitución americana. Tiene, a veces, un poder asombroso (Nancy Reagan nombraba y desnombraba secretarios) No importa que ningún elector la haya votado. En ese ambiente americano hombre político y esposa han de ir siempre juntos, de buena o mala gana, como la Guardia Civil. Creo que es más humana la costumbre española y europea, que deja a la esposa un papel distinguido en ocasiones, pero no le impone esa servidumbre. Ni se la impone al marido. Pero esperar para ver. Y no se trata sólo de los presidentes. En cuanto alguien es en América personaje importante (candidato al Tribunal Supremo, familiar Kennedy, boxeador famoso) puede contar con que en el momento más inesperado puede desencadenarse sobre él una de esas tormentas entre sexuales, monetarias y televisivas, campañas de resultado incierto. Pues se trata de cosas que pasaron entre dos personas, es una palabra contra otra, nadie puede certificar los hechos. Clarence Thomas, candidato al Tribunal Supremo, fue acusado por Anita Hill de acoso sexual. Habría suministrado información sobre el tamaño de su pene a esta antigua secretaria suya. Pero, ¿quién da esa clase de información a una mujer si no se han dado circunstancias tales que sobra toda información? Fue absuelto. Pero el circo televisivo (son palabras de Time fue incomparable y el daño quedó hecho. Sigue la división en torno al tema. Resultados contrarios tuvieron los juicios por violación del hijo de Kennedy y del boxeador Tyson: uno absuelto, otro c o n d e n a d o Cabe argüir lo DOMICILIO SOCIAL S E R R ANO, 61 2 8 0 0 6- M Á DR I D DL: M- 13- 58. PAGS. 144 M SEXO AL ESTILO AMERICANO Tras la revolución sexual de los sesenta y diversos episodios, ahora llega la contrarrevolución. Siempre es así. No sería extraño que alcanzara a cruzar el Atlántico, como cruzan tantas cosas. Todos hablan mal de los americanos, pero todos imitan a los americanos (y buscan sus dólares) Hasta ahora la cosa no ha llegado aquí a tanto. Las revistas del corazón (a ratos son, yo diría, revistas biológicas) entretienen a todos y a algunos o algunas dan de ganar, pero no parece que arruinen las carreras. Pero si alguien aspira a presidente en América y ha tenido o tiene alguno de esos que llaman ligues sentimentales, las cosas se le ponen muy difíciles. Ya sucedió que la interesada (y nunca mejor dicho) hiciera llegar a la Prensa o la televisión, previo pago, alguna foto en que posaba cariñosa en las rodillas del candidato. Así ocurrió con Hart, el anterior candidato demócrata a la presidencia, y quedó acabado. Nada dice más en honor de la capacidad de supervivencia del nuevo presidente Clinton que el que fuera capaz de salvarse de un enredo semejante (ciertamente, no había foto) Hubo de salir su esposa en su defensa y hubieron ambos de abrazarse ante las cámaras y hacer juntos la campaña. Pero el riesgo fue grave: la excepción confirma la regla. Son legión los que en Norteamérica e Inglaterra (no en vano son primos) han perecido en él. Y uno se pregunta qué relación tiene todo eso, responda o no a una realidad, con las capacidades de gobierno. Pienso que nada: un buen amante (y no sé en qué medida lo son esos varones asediados) ha sido a veces un buen político o un buen jefe de Estado. Nadie pensó en destituir a Luis XIV o a Napoleón por ciertas aventuras (ni a Catalina de Rusia tampoco) Incluso en América a un Roosevelt y a un John Kennedy se les toleraron ciertas veleidades. Pero ahora los tiempos han cambiado. Incluso el episodio de Clinton lo demuestra. El presidente, tanto o más que buen presidente, tiene que ser un buen marido. E igual el candidato a la presidencia ALFOMBRAS TIBET y NEPAL 2,40 X 1,70 m 59.000 Ptas. La Esencia de lo Autentico mm mismo: ¿Cómo saber lo que pasó? ¿Y qué es una violación? Sobre esto escribió recientemente Newsweek muy documentadamente. Hay casos clarísimos, perfectamente tipificados. Otros menos, los Tribunales debaten. Si una mujer, como fue aquí el caso, va a la habitación de un hombre bien conocido por ella y hay alcohol y sexo, ¿es eso una violación? Quizá sí, quizá no: nadie lo sabe ni puede certificar si es verdadera o no alguna negativa que ella dice que en algún momento dio. Y, si la dio, nadie sabe si fue real o fue de esos no que se dan antes de admitir el sí He comenzado este artículo con un tono levemente irónico, pero el tema es muy serio. Las mujeres van encontrando protección, aunque no siempre ni mucho menos, frente a la violación y frente a abusos y molestias en su trabajo, a una situación que a veces es humillante y que debe terminar. Pero en un país como Estados Unidos la situación del hombre que destaca en alguna profesión se está volviendo, a su vez, insostenible. Una extraña alianza entre el puritanismo ambiente e intereses que intentan arruinar su bolsillo o su carrera o las dos cosas, le colocan en albures impredecibles. Felicitemos a Clinton. Las películas nos habían hecho creer que los Estados Unidos eran una cosa y ahora encontramos la otra cara; y cada vez más. También los hombres, al menos los que están en ciertas posiciones, necesitan protección. Van siendo, cada vez más, una especie acosada a la que se mira con sospecha. Y la verdad es que todos los abusos son repudiables, pero que debería quedar un cierto ámbito de libertad para hombres y mujeres, para que a través de él y gracias a él el mundo y la vida y el amor continúen. Sin tanta sospecha y tanto moralismo, la verdad es que a veces sospechoso. Porque si las cosas van por donde nos señalan nuestros mentores de Norteamérica, dentro de poco para que una mujer y un hombre hablen van a tener que llevar cada uno un abogado. Claro que hay una solución: no ser importante, ni presidente ni estrella. Nadie arruinará nuestra carrera. Y se mirarán, quizá, con mayor indulgencia nuestros pecadillos. Sexo al estilo americano para hombres y mujeres: poco sexo y muchísimos engorros y demasiadas sospechas. Y no he hablado de las bodas y divorcios y nuevas bodas a golpe de dólar ni del sida y el sexo seguro ni de tantas cosas más. En fin, esperemos que el mundo continúe rodando y multiplicándose, pese a todo, por obra de hombres y mujeres. Y que quede hueco para un poco de amor. Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española Serrano, 5. MADRID