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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 14 SEPTIEMBRE DE 1992 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ABC BERLÍN DE NUEVO problema económico. Yo creo que es algo más: es el peso de la Historia, que es difícil de exorcizar. Frente a los edificios y los hotelitos modernos en que se aloja la Universidad Libre del Berlín occidental, la oriental, la de Humboldt, en su viejo edificio dieciochesco, pertenece a otro mundo. Bella fachada, que están restaurando; interior viejo y sin estilo. Karl Marx todavía preside la escalera de entrada con su frase aquella de que la filosofía iba a transformar el mundo. ¡Menos mal que la tal transformación no llegó hasta el fin! En el primer piso están los bustos de Humboldt y de Liebknecht todavía. Y los seminarios, los que yo visité al menos, están en un viejo edificio de una calle trasera que todavía guarda heridas de la guerra y que contempla desde sus ventanas un solar abierto por las bombas. Esta Universidad deslumhraba a los españoles que a ella llegaban en los años treinta. Era el centro de la ciencia del mundo. Era, y me refiero sólo a los estudios humanos, la de Mommsen, Harnack, Wilamowitz, Jager y tantos más. Fue víctima de esos inventos alemanes que acabaron por hundirse y que arrastraron antes tantas cosas con ellos: el militarismo agresivo, el nazismo, el comunismo. Claro que ahora todo es internacional y nadie puede aspirar a la supremacía. Hoy, cuando vamos allí los estudiosos de algu? ñas ciencias, como la que he mencionado, nuestro deslumbramiento es, la verdad, mucho menor. Una visita a Berlín da la alegría de que haya terminado aquel espectáculo obsceno de una división llevada a cabo con el peor estilo. Ofrece optimismo: los sentimientos de un pueblo y el peso mismo de los hechos acaban por pesar más que teorías que pretendían arreglarlo todo y, al final, todo lo empeoraron. Ofrece la visión de un dinamismo y un poderío que, sin duda, antes o después acabará por cerrar las DOMICILIO SOCIAL S ER R A N 0 61 28i0 06- MADR I D DL: M- 13- 58. PAGS. 136 tado en B e r l í n fue mucho antes de caer el muro, que contemplé, siniestro, junto al Reichstag. Recuerdo el paso, deprimente y casi temeroso, al otro lado por la estación de la Friedrichstrasse, la bella y abandonada avenida dieciochesca de Unter den Linden, los edificios estalinistas, el monumento a los rusos, de bárbara y barroca grandeza, el bombardeo de la propaganda y las estadísticas. Tenía ganas de volver tras la unificación. Me procuró un pretexto un pequeño simposio, en la antigua Universidad de Humboldt, en el Berlín oriental, para celebrar el segundo centenario del nacimiento de Franz Bopp, el creador de la lingüística indoeuropea. Creo que no muchos lo saben, pero las comunes raíces en el pueblo y la lengua indoeuropeas es algo que, pese a todo, continúa uniéndonos a los pueblos y lenguas latinos, griegos, germánicos, eslavos, bálticos, indios y celtas, entre otros, amén de pueblos de lenguas ya desaparecidas como los antiguos de Asia Menor. Los alemanes están orgullosos de ese descubrimiento, a comienzos del siglo pasado, aunque tuviera precedentes en Francia e Inglaterra. Y de ellos hemos aprendido todos en este campo. En relación con este tema había estado yo antes en Berlín, tratando de abrir paso a algunas ¡deas mías. ¿Qué decir de este nuevo Berlín? Ha desaparecido el muro, claro, y junto a él venden recuerdos melancólicos de los antiguos regímenes de la Europa oriental: medallas, gorras militares. Y fragmentos, más o menos auténticos, del muro. Así pasa la gloria del mundo. Berlín occidental sigue como era: una ciudad bella y dinámica, con inigualables parques y lagos, con edificios de la arquitectura más moderna para bibliotecas (magníficas) museos (magníficos también) centros culturales. Han subido los precios, se ha desbocado el tráfico (aunque menos que aquí, por mucho que se quejen) El Berlín oriental lo han limpiado un poco, pero sigue siendo algo diferente. No es tan fácil la unificación. Esplendorosa Unter den Linden y la isla de los museos, bello el viejo casco antiguo. Pero el ambiente de los edificios estalinistas, de los barrios con enormes avenidas y apenas sin tiendas ni cafés, de los laberintos mal señalizados del metro, el estilo anticuado de los hoteles, las dificultades para telefonear al extranjero, todo ello recuerda demasiado el pasado. Hasta en el modo de vestir, en algo indefinible, sigue notándose la diferencia entre los dos Berlinés. No es fácil de borrar. Dicen que es un H ACIA nueve años que yo no había es- EDICIÓN INTERNACIONAL Un medio publicitario único para transmisión de mensajes comerciales a ciento sesenta naciones brechas que una unificación improvisada ha dejado. Pero hace pensar también en el pasado. Ese pasado se ve en todo, ya lo he dicho. Pero también y muy especialmente en tres exposiciones que tenían lugar en marzo: la de la historia contemporánea alemana, en el Reichstag; la del arte degenerado reconstrucción de la que con ese nombre había hecho Hitler con el arte moderno que había retirado de los museos (y que vendía luego al extranjero para cambiar basura por oro y también qtra sobre el último kaiser. Son impresionantes: tanta pasión, tanta violencia, tanta destrucción, tanto desastre. Es claro que hay en Alemania una obsesión por el pasado: bastaba contemplar la mirada intensa y ausente con que los visitantes absorbían las viejas películas e imágenes. Es un pasado que ya ha acabado. Y ello es una maravilla: que hoy se pueda debatir, discutir, pero también vivir y trabajar en paz. Hay hoy una nueva Alemania, aunque vistas las cosas más de cerca se vean aún las huellas de aquel pasado. En realidad, el enfrentamiento de nazismo y comunismo, primero, y de los dos Estados alemanes, demócrata y comunista, después, significó una verdadera guerra civil: dos guerras civiles. Ahora que todo eso ha acabado se nota una cierta desgana o desencanto, una lamentación por la factura a pagar, unos restos de otros tiempos que la inercia mantiene. Será, sin duda, transitorio. Pero lo más triste es la vigencia, hoy todavía, de antiguos resentimientos. Mientras contemplamos con sorpresa que los antiguos nombres se mantienen- y o vivía en la avenida de Karl Marx- no sé por cuánto tiempo, el profesorado universitario de la antigua república sufre una especie de depuración, y seguro que no es el único estamento: leo cosas semejantes sobre los deportistas. Algunos profesores han sido expulsados o esperan decisiones que se aplazan. Conozco algunos casos relativos a profesores ilustres. Dicen que si hay algo contra ellos en los archivos de la Stasi. Me temo que hay demasiadas cosas en esos archivos; y que demasiadas personas se vieron implicadas mal de su grado. Sería no sólo más generoso, sino también más inteligente cerrar esas viejas heridas. En eso España sí que fue un modelo. Es radicalmente nuevo el Berlín de hoy en un aspecto y lo será más cuando, en el futuro, acaben de triunfar las fuerzas que hoy operan, y que no son sino las del buen sentido y la voluntad del pueblo. Pero no hay magia en la Historia. Al que mira atentamente, muchas cosas le recuerdan el pasado, que muere lentamente. Sólo poco a poco puede ser exorcizado. Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española