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JUEVES 20- 8- 92 ESPECTÁCULOS A B C 77 tremendamente realista más allá de su superficial grotesco, marcado por el programa familiar de Don Sacramento, el futuro suegro que viene a buscarle a su alborotado y alborotador cuartito del hotel, es permanentemente incluso en este tiempo de atroces libertades. El lenguaje que hablan los personajes es un juego de sencillez, inocencia, contraste que agita al espectador entre los límites de la emoción y de la risa. Lo mejor de esta demostración escénica de la supratemporalidad del suceso teatral es que los personajes imponen sus diferentes verdades humanas y sociales en un torbellino de escenas que constituyen sendas demostraciones costumbristas, psicológicas, poderosamente burlescas. La miserable complicidad de Paula y su amante el violento y cínico Buby; la carísima conquista en la que el Anciano Militar compra el amor de la picara a cambio de todas las medallas, Pérez Puig ha repetido con fidelidad levemente actualizadora en aspectos técnicos su montaje juvenil de la obra. Luis Merlo llena de matices, de sugestiones contradictorias, con talento que le viene de raza y disciplina casi teutónica, el tipo de Dionisio, el protagonista y encuentra en esa actriz joven, Yolanda Aréstegui, la pareja ideal, el complemento de ternura e ironía que hace de un sentimiento humano que genera un drama, una permanente sonrisa. Fenomenal evocación llena de gracia, la que hace Prendes de un viejo personaje, Don Sacramento en una sola escena magistral. Llena de alegría, de risa desbordante, al hotelero, Don Rosario, Félix Navarro, y modelan con primores de observación y talento, Fernando Delgado, El odioso señor de difícil, graciosa sencillez, la Elvira Quintilla en su mujer barbuda, y completo juego de matices en la restante galería de tipos de tres actos realmente preciosos. Alto logro es la calidad de la música de García Segura. Alcanza el teatro ese punto de elocuente perfección y madurez en todos los complementos, vestuario, movimientos de conjunto, escenas complementarias en que se cuaje una pieza llena de talento, de audacia descriptiva, de sonrientes ironías críticas. Miguel Mihura, vivo, joven, atrevido, innovador y sonriente, estaba anoche, como hace ya tantos años, en la noche de su estreno. La personalidad inconformista, ingeniosa, atrevida del viejo amigo, vibraba anoche en este ejemplar montaje del Teatro español. Lorenzo LÓPEZ SANCHO Tres sombreros de copa en una magistral interpretación de una obra maestra de Murara Título: Tres sombreros de copa Autor: Miguel Mihura. Dirección: Gustavo Pérez Puig. Escenografía: Gil Parrando. Arreglos Musicales: Gregorio García Segura. Figurines: Josette Mahmías. Iluminación: J. Gallardo. Intérpretes: Luis Prendes, Félix Navarro, Paloma Paso, Jardiel, Nicolás Romero, Vicente Haro, Julio Téjela, Felipe Giménez, Charo Vázquez, Belén Martín, Raquel Abella, Emilio Traspas, Pedro García, Con Elvira Quintanillá y Fernando Delgado más Luis Merlo y Yolanda Aréstegui. Teatro Español. Cuarenta años después, volvía anoche al escenario del Español la comedia de Miguel Mihura, Tres sombreros de copa Miguel que fue siempre una curiosa mezcla de irritación y de paciencia, no ha sido capaz de esperar tanto. Ya había esperado en 1952 veinte años para que un día, como por milagro, un muchachete llamado Gustavo, nombre de personaje de comedia Mihura, la sacara de su encierro aprovechando el todavía hoy incomprensible liberalismo del T. E. U. (Teatro Español Universitario) si se tiene en cuenta lo que era aquel tiempo todavía demasiado cercano a la guerra civil. Como en un juego loco, el T. E. U. promovía un texto en radical contradicción de lo que era el pensamiento oficial, según la filosofía y la moral del régimen y un autor, en el fondo inédito, Miguel Mihura que se atrevía a tomar a chirigota la moralina de los vencedores, sin manifestarse no obstante enemigo del sistema. Quizá el jovencísimo Gustavo Pérez Puig al sacar a Tres sombreros de copa del armario, no pensaba en oponerse al tatachin moral de aquellos años. Sólo pensaba en el teatro. En que aquel teatro de seres indecisos, resistentes a ser felices a causa de una condición impuesta de no serlo, intuía que palpitaba el alma de un hombre nuevo, de un hombre de la posguerra, harto, sin percibirlo, de todo un mundo social que había organizado y vivido aquella guerra. Aquella intuición de Pérez Puig al enamorarse del mundo nuevo que se despertaba en la comedia de Mihura, estaba surgiendo también en los otros pueblos que, estaban como renovados y renacidos, tras la otra guerra más grandona, y de signo contrario que había sido la Segunda Guerra Mundial. El caso es que Mihura se había anticipado a la corriente que sería llamada del teatro del absurdo, y también, por otras razones, teatro de evasión. Anoche, mirando a los personajes de Tres sombreros de copa y sus extravagantes comportamientos, pensábamos que en los años cincuenta había como un vómito que transformaba a la expresión artística y que ese vómito, sin esa acidez, con otro gusto, lo había traído aquí, en los años treinta aunque la rutina, la incomprensión española y otros elementos de presión, no le dejaran manifestarse en los años treinta. Si pretendiéramos sugerir períodos de dos décadas, pensando en 1932, cuando la comedia se escribe; 1952, cuando se estrena, descubriríamos, entre nosotros, un año 1972 de desarrollo y un 1992, totalmente fallido, en el que a falta de renovaciones válidas, de vomitinas liberadoras la reposición de Tres sombreros de copa viniera o fuera traída, como una pócima limpiadora. Este último decenio de los años ochenta, ha sido un período incapaz de sustituir debidamente a los que le preceden. No tenemos ahora los sustitutos de Ruiz Iriarte, López Rubio, Edgar Neville, Álvarez de la Iglesia, tras la etapa de los Pemán, Luca de Tena, los Quinteros, Arniches, Alfonso Paso, poco después, Buero Vaüé ¡o, fnaugurador de otra simultánea que no ha sido cumplida satisfactoriamente. Esos vacíos que desembocan en este momento de crisis creadora que algunos intentan disimular haciendo títeres y dramaturgias deformadoras de textos ajenos, justifica, hace oportunas, creadora, hermosamente aleccionadora, esta fiel actualización de aquel hallazgo de Tres sombreros de copa en 1952 por el entonces jovencísimo Pérez Puig cuando, tras veinte años de incomprensión ni el propio Miguel Mihura. creía en una obra que preanunciaba los grandes cambios que iban a producirse en el teatro europeo. Somos un pueblo dado a feroces incomprensiones. Nunca olvidó Mihura los pateos de los espectadores de domingo, a la frescura innovadora de su comedia. Autores con personalidad, con maneras inconformistas que esperan su hora de ser entendidos, como, por sólo citar a uno peculirísimo como Arturo Coca que tres estrenos como Jugar a las muñecas con una momia en los brazos (1968) Un paraguas en la cama descritas por algún crítico como propias de un humor metálico siguen esperando la ocasión de ser entendidos. Anoche el público de el Español, entendía, saboreaba, el humor de Mihura; sentido aguda, innovadoramente crítico, que por los años cincuenta sólo tenía parejas en los mejores humoristas italianos de la postguerra, inspiradores del humor nuevo de La Codorniz Vista hoy, sesenta años después de ser escrita, la validez de Tres sombreros de copa xonaiate en que medio siglo largo no ha hecho de este texto un clásico necesitado de correcciones, de adapjaciones, de explicaciones. Todo lo que sucede en estos tres actos puede suceder hoy porque se refiere a condiciones permanentes del comportamiento humano. La tentación de Dionisio, el joven inocente que descubre de pronto un mundo libre, inesperado, la atracción de una muchacha que se ofrece y rompe así un porvenir severamente pautado en la escena cruel y ÜPEIMKí Ángel Fernández Santos, EL FAIS INSTINTO BÁSICO ES UN EXCELENTE THRULER Carlos Boyero, EL MUNDO UNTHRULEREROTICO QUE LE MANTENDRÁ AGARRADOALABUTACADE PRINCIPIO AFÍN Peter Iravers, EOLLING STONE MICHAELDOUGLAS YSHARON STONE ESTÁN IMPRESIONANTES Susan Grangen AMERICAN MOVIE CLASSKá M I C HA E L D 0 U GLA S JStJBi 5 R Jiite Mtí íí no üfflí