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VIERNES 14- 8- 1992 ESPECTÁCULOS ABC Pág. 71 John Cage, la muerte de un viajante por los caminos de la música de vanguardia Nueva York lo recordaba ayer como el patriarca de la música actual La ciudad de Nueva York recordaba ayer con dolor a John Cage, compositor creador del minimalismo musical y uno de los músicos más revolucionarios del siglo, que murió la tarde del pasado miércoles en el hospital San Vicent, de Su personalidad, descrita por algunos críticos como inigualable por la influencia que tuvo en las artes de los Estados Unidos y del mundo siempre estuvo acompañada de los elogios de sus seguidores y de las críticas de sus contrarios, que calificaron su estilo como la obra de un charlatán o de un loco. Resumiendo su propia filosofía musical, Cage definió en una reciente entrevista, su visión de la composición, utilizando los siguientes términos: Yo pienso que si es verdad que los sonidos son en esencia armoniosos, a mí me gusta extender esa armonía al ruido, ya que no hay ruido que no sea sonido. Yo nunca he oído- decia Cage- ningún sonido que ya no quiera volver a oír otra vez, a excepción de aquellos que le causan miedo o que sugieren dolor John Milton Cage Jr. nació el 5 de septiembre 1912, en Los Ángeles, y pasó gran parte de su infancia en Detroit y en Ann Arbor, Michigan. Entre los particularismos que forman su infancia está el haber tenido su propio programa de radio en la ciudad de Los Ángeles cuando tenía 12 años. En 1930, el joven Cage, marchó a París, donde trabajó para Erno Goldfinger, un arquictecto que conocía Marcel Duchamp y otros artistas dadaístas que luego influyeron sus estilos musicales. Durante su época francesa, John Cage estudió piano contemporáneo, escribió poesía y pintó, así como viajó a Mallorca. De vuelta a los Estados Unidos el año 1931, Cage tras trabajar, de jardinero, cocinero y otros oficios manuales, mientras pulía su estilo musical, que al final tomó la forma de un sistema de doce tonos de la escala donde todos ellos tenía el mismo peso. Después vinieron las influencias que Cage recibió del compositor Schoenberg, quien había tenido que huir de la Alemania nazi a causa de la purificación intelectual que estaba llevando a cabo Hitler. En el año 1943, Cage actuó en el Museo de Arte de Nueva York, en un concierto considerado entonces como muy polé- mico, al comparar la crítica su Nueva York. Interino Nueva York, a la edad de 79 años, a causa de un derrame cerebral. Su muerte cierra un capítulo importante en la historia de la música contemporánea, al ser él el creador de un nuevo lenguaje que rompía con la composición tradicional. mera pieza en cinta magnética ya había llegado en el 1952. Al final de esa década empezó a escribir partituras en las que dejaba libertad de improvisación a los intérpretes. En una de sus piezas, de 1962, Cage cortaba verduras, las ponía en la batidora y se bebía el zumo. John Cage también escribió poesía, ensayos y conferencias. Entre sus libros más conocidos figuran Silencio y Un año a partir del lunes Como compositor, su trabajo más singular fueron quizá las Sonatas e interludios para piano preparado de 1946- 48. Los últimos años de su vida, John Cage recibió toda clase de homenajes, tanto en los Estados Unidos como en el mundo. Entre sus- galardones está su puesto como miembro de la Academia de las Artes y de las Ciencias de lo Estados Unidos. Casado y divorciado de Xenia Andreyevna Kashevaroff, John Cage vivía desde el año 1970, con su amigo de la infancia, el coreógrafo Merce Cunningham. J El silencio no existe Madrid. Jesús García Calero Ha muerto John Cage, el compositor norteamericano que llevó a cabo una de las revoluciones sonoras más importantes de la música contemporánea. De su pluma y de su destornillador surgieron algunas de las páginas más sorprendentes de la música de nuestro siglo. Cage convirtió un piano en un caleidoscopio cféS ritmos, de umbrías algarabías. Pero su más escandaloso logro fue hacer gritar al silencio. Comparable al Grito de Eduard Munch, su 4: 33 -4 minutos y 33 segundos de silencio continuo- es una obra que trasciende su propia provocación. Cage creía que el lenguaje separa a los hombres, los enfrenta. Hijo de la Babel en que vivimos, comprendió la inflación comunicativa que nos subyuga, observó la depreciación de la palabra en nuestra cultura y arrojó el velo que cubría el arcano deí zoon phonanta el animal que habla: el lenguaje, mucho más que el brazo y la hábil mano, es el milagroso, sagrado y blasfemo arma del hombre. Cage sólo se paró a escuchar, y deseó crear aquello que no oía: el silencio. Un acto de creación terrible, por lo que tiene de nostalgia, pero no una alternativa cobarde; una provocación elocuente, la de mostrar el cadáver, la de hacer una representación corpore insepulto de la víctima de nuestra cultura. E ü Ser se ha exiliado del mundo como explicó Heidegger, y se ha llevado consigo el Silencio. Todos los actos de creación, y por tanto de afirmación, divina y humana, lindan entre sí. La luz y la poesía, la música y el silencio. De divino, la poesía tiene la duración, porque el hombre arroja las palabras allende la muerte. La música tiene la intensidad divina, y su cénit se encuentra en el corto espacio de tiempo que va desde el último segundo de una pieza al momento en el que restalla el aplauso. Cage fue ca- v, paz de atrapar ese brevísimo silencio entre las palmas de sus manos, y lo hizo sonar. Ese vero silencio fue la herramienta por medio de la que John Cage demostró la comunión que subyace a toda comunicación. Ese silencio, más allá de la complicidad de su atónito oyente, es tan difícilmente alcanzable como la más pura armonía. Kafka, en sus Parábolas dice de las sirenas: Pero éstas tienen un arma más terrible aún que su canto, y es su silencio. Aunque no ha sucedido, es quizá imaginable la posibilidad de que alguien se haya salvado de su canto, pero de su silencio ciertamente no Ahora, John Cage ha desaparecido, pero el resto no es silencio. John Cage música con los sonidos sin sentido que hacen los niños cuando juegan con cucharas y tenederos en la cocina En la década de los cincuenta Cage lanzó la idea de que la música no sólo se basaba en sonidos sino que podía ser cualquier cosa que tuviese lugar en un periodo de tiempo determinado. En 1958, una composición suya incluía doce radios, su pri- Suprema lección de libertad John Cage está en el mismo origen del alma de la cultura actual. Fue como una especie de enorme motor que puso en marcha un espíritu nuevo. No puedo aventurar lo que quedará de su obra, pero siempre se reconocerá que fue un grandísimo impulsor de otras gentes. Como Sócrates, Cage dejó lo mejor de sí mismo en los demás. Partiendo de la música, John Cage desató una revolución en toda la creación artística a partir de la segunda mitad de los años cincuenta. Su trabajo con otros músicos, coreógrafos, diseñadores y pintores inspiró a numerosos artistas. Su presencia era extraña y atípica. Más por su actitud que por su obra. La suya era una postura de liberación. Una liberación radical del individuo. Hay algo en él que tiene un valor incalculable: Cage es una suprema lección de libertad, que se deriva del anarquismo norteamericano, de hombres como Thoreau. Quizá por eso, creo yo, Cage no ha sido muy bien entendido en Europa. Algunos pueden haberle considerado como el Schoenberg actual, cuando no sólo está en las antípodas; está en otro planeta. Hace veinte años, cuando él iba a cumplir los sesenta, le dedicamos un amplio espacio en los Encuentros de Pamplona que se llevó a cabo con su presencia y participación. Luego, en 1982, cuando yo era director artístico del Festival de Lille, volví a invitarle, y él realizó una nueva versión de alguna de sus obras, mezclando elementos dispares, como oratorio y ballet. Tengo que reconocer que la obra musical de Cage me interesa menos que su estatura humana. Como persona era, diríamos, canonizable. Luis de PABLO