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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 7 DE AGOSTO DE 1992 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA era. Ellas lo inventaron y nos lo enseñaron a nosotros: ahora es de todos. ¿O es sobre todo de ellas, todavía? Quién sabe. En todo caso, queda bien como título. Parodia aquello de Hornero: La guerra es cosa de hombres; En un antiguo poema sumerio, del segundo milenio antes de Cristo, la sacerdotisa de Inana, la diosa erótica, se dirige al rey que representa al dios, pidéndole que yazga con ella: Esposo, amado de mi corazón... en la cámara líena de miel, deja que gocemos de tu radiante hermosura... Mi señor dios, mi señor protector, dame, te lo ruego, tus caricias. Y la diosa Istar pretende al héroe Gilgamés, que la rechaza (pero era un héroe) A lo divino, el Cantar de los Cantares dice iguales cosas. Habla la esposa: ¡Que me bese con besos de su boca! Tus caricias son mejores que el vino... ¡Llévame én pos de ti, corramos! Introdúceme, oh rey, en tus habitaciones. En ti nos gozaremos y nos alegraremos: celebraremos el amor más que el vino. Igual en Grecia. En el Himno a Afrodita es la diosa la que se enamora de Anquises y luego yace con él en el prado, mientras brotan las flores y se aparean las bestias. Demeter lleva a lasión a yacer con ella en el surco, para que nazcan las cosechas. Circe Invita a Ulises a su lecho: pero es un héroe y no lo hace sin antes chantajearla. Otras lloran: Calipso cuando se ve obligada a dejar partir a Ulises. Mil heroínas abandonadas lloran en los rituales de mil fiestas griegas, en que coros de mujeres las encarnaban llorando por Adonis, por Dafnis, por Menalcas, por Bormo, por Hilas, por Evatlo, por Ificlo. Igual en la India. En la historia tópica de las narraciones eróticas es la heroína la que se enamora del rey y le pide directamente que venga a su lecho, si no se suicidará. Ningún rey indio se niega a semejantes argumentos de las bellas. El amor es rotura de límites, del estado seco y mostrenco de lo cotidiano, de la norma consagrada. La rompen estas mujeres. A veces, ello es trágico. Eurípides inventó el tema de la mujer enamorada: una Fedra, una Estenebea, una Pasífae, una Medea, en su búsqueda o en su desesperación, provocan las mayores catástrofes, mueren a veces. Pero en el amor dan lo mejor de sí mismas, el poeta comprende su dolorido sentir. Como el de Melibea o el de Ana Karenina, que vinieron tras ellas. Otras veces la rotura es cómica. En Aristófanes, la mujer hace escapar al amante por detrás de una artística colcha que despliega, engañando al marido: historia que repiten Pedro Alfonso y Cervantes. Y hay cientos de estas historias, del Pacatantra a Apuleyo y a Las mil y ABC DOMICILIO SOCIAL s E RRANO, 61 2 8 0 06- M A D R I D DL: M- 13- 58. PAGSr. 160 O EL AMOR ES COSA DE MUJERES huesos penetrados de terribles dolores por voluntad de los dioses Sufrimiento una noches y a Juan Ruiz, y a Boccac- y búsqueda. Así, luego, el Cíclope siciliano de Teócrito y de Góngora, enamocio. Y Luego. ¿Y la boda? Es otra cosa: triunfo del rado sin esperanza de la ninfa Galatea. hombre y la mujer, plenitud, alegría, in- Así, los pastores de Virgilio y de Garciserción en la norma de la ciudad y las laso, que ven a su parra abrazada a otro generaciones sucesivas. ¿Y el hombre? álamo. Así, Bécquer. Así tantos otros. Ya En los antiguos poetas griegos, el amor tenemos, al lado del drama del amor fees para el hombre olvido entre el vino y menino, el drama del amor masculino. el canto de la dura tarea de la vida. Siempre por buscar esa felicidad que se Amores frivolos, amores de hetera. Algo escapa. Por buscar ese imposible abrazo de así como el famoso descanso del guedos, cerrando los ojos en torno. Esa imrrero. Sólo el poeta viejo que otra vez se posible posesión recíproca. Ese arrebato enamora- otra vez Eras cantan Ibico a otro mundo, esa detención del tiempo, y Anacreonte- añade un toque de me- ese esfumarse del espacio. Y de la lancolía al pensar en ese amor ya impo- norma, desde luego. Luna creciente, sible que le haría olvidar la decadencia y llena, decreciente, noche oscura del alma. Y ese milagro de volver a empezar la muerte. cuando el horizonte parecía cerrado en La mujer busca, implora, provoca tragedia o comedia, consigue a veces, torno. Ese choque, como el del hacha luego es abandonada y sufre. Este es el que en Safo golpea las encinas. El hombre, al menos, puede refuesquema del mito y el rito y la poesía de la antigua Grecia. El hombre busca un giarse, de cuando en cuando, en el antimomento de paz, tan sólo. Y una satis- guo amor de frivolidad, tratando de engafacción de amor propio, añadamos. No ñarse a sí mismo. Sin duda, hoy también hay héroes enamorados en la epopeya las mujeres. Vamos ya compartiendo todos los papeles, o los roles, que dicen ni en el teatro griegos. La mujer busca plenitud, pagando un los pedantes. Hemos empezado por los poetas: el alto precio. El hombre, descanso y haamor estuvo siempre unido a la poesía. lago de su vanidad, pagando lo menos Es canto de esperanza cuando se busca; posible. Así lo describían los antiguos. canto de dolor, cuando uno se siente Pero yo decía que ellas nos enseñaron el amor, y, efectivamente, para el amor abandonado, traicionado. El canto es masculino hay, junto a la anterior, una una medicina, como Teócrito dice del Cípoeta por el desdén Gasegunda línea de ideas y sentimientos. clope hecho ét mismo recomienda de mélatea, como al Hay ya en Grecia, aunque raramente, un dico Nicarco, destinatario del poema. amor del hombre calcado sobre el de la ¿Quién no ha escrito, como autoconmujer. Así, en Arquíloco, que, enamo- suelo, como síntoma, diríamos, de una rado, canta aquello de que el amor que enfermedad, versos como ésos cuando debilita los miembros me somete a su se ha sentido, a su vez, abandonado, imperio, amigo mío, y no me cuido de los traicionado? yambos ni de las diversiones Los versos del amante desdeñado son Ni más ni menos, que la muchacha de como el estómago sucio tras una mala que habla Safo: dulce madre, no puedo digestión. Sólo que los de algunos, los trabajar en el telar: me derrota el amor de los poetas de verdad, son consuelo por un muchacho por obra de Afrodita para todos, para siempre. Otros, fuera de floreciente También canta Arquíloco contexto, sólo sirven para dar que reír a aquello otro: estoy, desgraciado de mí, los que nos recomendaban la prudencia. rebosante de amor, sin vida, con los ¡Imprudente prudencia! Pero es que el amor es parte de la vida: es tragedia y es comedia. Y, a veces, ambas cosas, según desde donde se lo mire. ¡Se ha especulado tanto! ¿Hay en el amor un descubrimiento de un segundo yo nuestro, conocido en una vida anterior, cual decía Platón? ¿Hay la cristalización de nuestros sueños, un autoengaño, como proponía Stendhal? En todo EDICIÓN INTERNACIONAL caso, parece claro que se define por sus fines, su búsqueda, su añoranza. Y que lo describieron las mujeres, aunque toUn medio publicitario único dos, a ratos, lo hagamos nuestro un para transmisión de mensajes poco. Sin gran esperanza. comerciales a ciento sesenta naciones Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española