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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 28 DE JULIO DE 1992 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA SE barca q u e sorteando mares, siglos, ¡monstruos trae a hom. j bres de las musas, atletas, cultura de Olimpia a Barcelona, de Grecia a España, a Europa, ¡al mundo, ilustra bjen, en su esquema simbóI lico, la historia dé los Juegos y la historia de I nuestro mundo, de todo el mundo ya. Hace ya muchos años publicaba yo en este i periódico un artículo que se titulada Grecia como pequeña Europa Como pequeño universo humano, habría debido decir. Unas veces sorteando siglos y riesgos, otras por obra de un rescate en un momento cualquiera, el rescate de un Petrarca o un Winckelmann o un Coubertin, Grecia helenizó a nuestro mundo y nuestro mundo trajo a Grecia a nosotros. Yo pensaba en la política, cuando escribía aquello. Pero los géneros literarios, el teatro, toda la cultura, el atletismo son otros ejemplos. Cierto, poesía, música, cultura en general, atletismo tienen raíces aquí y allá. Pero crecieron a partir de un momento bajo el sol griego. Y el atletismo competitivo, esto es, el olimpismo, sí que es griego. Como la competición en los festivales líricos y teatrales. Son la competición guerrera cambiada en competición de paz. Internacionalismo pacífico, competición sin sangre. Grecia hacía guerras, pero competía en paz en la música y el deporte. Igual ahora. Ya es! mucho, aunque querríamos más. Ya era tiempo de que este moderno olimpismo llegara a España y entrara en ella por su tierra más helénica de todas, por tantos motivos, Cataluña. Por Ampurias y Barcelona. Desde su refundación en 1896 las Olimpiadas no habían llegado a España. Sean bienvenidas. Simbolizan este retorno de España a la comunidad de las naciones, tras tantos aislamientos, tantas reticencias. O, mejor, un reconocimiento, pues de esa comunidad jamás hemos salido. Mucho ha cambiado desde los griegos, y Barcelona no es Olimpia. Hay ahora un mundo grande, admirable y terrible. Cerca de doscientas naciones, todas las razas, miles de participantes, miles de millones de espectadores, nuevos deportes, instalaciones espléndidas, gastos sin cuento. Pero cambiando las proporciones, todo continúa. Amamos también nosotros, cual los griegos, la excelencia, la competición dentro de reglas, la gloria que da cada cual a su familia y a su patria, la alegría, la belleza, la paz. Todo esto estaba ya allí. Hasta la vanidad y la ambición, la búsqueda del lucro, también estaban, en la escala que fuera, en las anti; guas Olimpiadas. Pregúntenselo si no a Hierón y Alcibíades y a los que rompían las reglas y eran expulsados a bastonazos. En fin, todo esto es humano, simplemente. Pero Grecia creó el marco para que fuera para todos: para todas las naciones, sexos, edades. Para que brillara más aún. Y nosotros continuamos expandiéndolo. Y hallamos una vez más, y en esta Olimpíada más que nunca, la reunión del deporte y de la gloria de las artes. Los músicos y los cantantes, y el teatro y la danza. Son los dos sectores que se repartían ya la educación de los griegos y cultivaban sus ocios. Y hallamos la palabra y la imagen, que ahora es fotografía, televisión. El vencedor griego era honrado casi como un dios: como él, podía merecer un himno, merecer una estatua. COjmo el triunfo guerrero sin poetas nada vaha, nos dice Horacio, tampoco el triunfo deportivo vale nada sin palabras e imá- ABC DOMICILIO SOCIAL SERRANO, 61 28006- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 120 DE OLIMPIA A BARCELONA con muy pocos turistas. Yo viajaba en los traqueteantes coches de línea, llenos de gente genes. Ahora llegan a todas partes en todos del pueblo que preguntaba curiosa en su los idiomas, en todas las televisiones. Es griego. ¡Difícil entenderse! Me dejaron en Pircomo una fiesta de todos los hombres. Lásgos: era la Pascua, no había coche a Olimpia. tima que no existan, como en Grecia, aqueDormí como pude en el vestíbulo de un pellos spondophóroi que, al comenzar los queño hotel y presencié asombrado la magniJuegos, proclamaban la tregua olímpica, el fin ficencia de los ritos pascuales. Al día side las guerras. guiente, otro mundo: Olimpia. Dos mundos tan distantes y tan nuestros. No hace mucho, en un Simposio en LoUnidos al culto de Zeus y de la belleza pagroño sobre la lengua deportiva, concluíamos gana de los cuerpos, los Juegos habían desFernando Lázaro, Manuel Alvar y yo mismo pertado la suspicacia de un cierto sector del que es esta lengua la que mejor conserva el Cristianismo. El emperador Teodosio, nuestro antiguo estilo de la épica y de la retórica, inpaisano, los prohibió. ¡Siempre tan inquisitocluso de la prosa lírica. Podríamos decir, exa. gerando un poco, que esta lengua continúa a riales nosotros! Pero ya en la Edad Media y no digamos en el Renacimiento, volvió, con tiHornero, el primer cronista deportivo cuando midez primero, abiertamente luego, el culto a narró los Juegos en honor de Patroclo muerto, en el canto XXIII de la Ufada. Con los la belleza desnuda, el orgullo del cuerpo. baches que se quiera. ¿Y qué decir de la ¿Por qué hacerlo incompatible con el orgullo del espíritu? Ambos son de Dios. Los griegos imagen deportiva que es para los griegos, no lo hacían. fuera de la de los dioses, la imagen por exceY los Juegos, que se pasaron sin Pélope, lencia? Disfrutemos de todo ello. sin Hércules, podían, después de todo, paLos Juegos eran en su comienzo celebrasarse sin Zeus. Na sin todos esos otros ideación de la victoria o consuelo en la muerte del les que albergaban. Cuando el barón de Couhéroe. Pélope muerto, Hércules victorioso, bertin los reintrodujo, no encontró obstáculos. Apolo y Zeus que imponen la paz presidiendo Y yo podía gozar aquella primavera del la derrota del asesino Enómao o de los lapimundo de la liturgia cristiana y del mundo de tas violentos, Ifito haciendo la paz con esparOlimpia. Una antinomia más que hemos supetanos y pisatas, son sus patronos. Y vinieron rado, un prejuicio más que hemos barrido. gentes de toda Grecia, de toda Roma, incluso Pero vuelvo a Olimpia. Allí estaba el valle de esta Grecia y Roma lejanas que era Escon sus olivos y sus plátanos, sus almendros paña, a competir en paz, a ir cada día más le- y frutales florecidos. Un viento suave. La sujos en el esfuerzo de los cuerpos. Y en el esbida al pequeño monte de Crono entre pinos, fuerzo de las almas: en la antigua visión desde donde todo se domina. Las ruinas: griega y pese a los celos resentidos de algutemplos de Hera y de Zeus, palestra, gimnanos intelectuales, todo iba unido. sio, estadio con unas modestas gradas, instalaciones para los magistrados y los peregriViendo el espectáculo inaugural de Barcenos. El taller de Fidias. Y el Museo: Zeus y lona- luces, colores, movimiento ritmado, Apolo desnudos y gloriosos acompañados de bandera que a todos cubre, música, clamor los atletas triunfantes, también desnudos, y de multitudes, poderosos de la Tierra- todo de las bellas heroínas con sus peplos. Y el magnifícente, lanza clavada en una lejanía diHermes de Praxíteles, con el niño Baco, de fícil de hacer retroceder, yo recordaba la peun mármol como carne. (Y en el taller de Fiqueña Olimpia, excavada por Dórpfeld y los dias, los restos de una pequeña iglesia bizanarqueólogos germanos en el valle donde contina) fluyen el Alfeo y el Cladeo. Muchas veces he Yo era algo romántico, a ratos, por entonestado allí con varia compañía. Pero recuerdo ces, y recogía piedras y flores: aún duermen sobre todo aquella vez que la descubrí yo en algún arcón con mil recuerdos. En fin, por solo, en mi primer viaje a Grecia, en la primaentonces nuestro mundo comenzaba, entre vera ya lejana de 1953. esperanzado y temeroso, un periodo de paz a Yo había ido a Salónica, al IX Congreso de la sombra de la bomba atómica. Intentábamos todos reconstruir, hacer avanzar un mundo en Estudios Bizantinos; hacía mis primeras arruinas. Las Olimpiadas que refundo Coubertin mas filológicas. Presidía el Rey Pablo, padre habían recomenzado. Tras tantas catástrofes, de nuestra Reina: conservo la fotografía de la no digo ya las de los griegos, sino desde los sala presidida por él. Luego marché a Atenas griegos para acá, en nuestro siglo sobre todo, y a Olimpia. parecía que salíamos adelante. Grecia era un país pobre y hospitalario, Y, después de todo, vamos saliendo. Pese a mil obstáculos, a mil problemas que nos prohiben ser felices, que tienden ante nuestros ojos un velo de premoniciones poco gratas. Basta leer los periódicos, oír las radios, ver las televisiones. Quizá exageremos. Quizá el espectáculo de Barcelona, la continuación llevada al límite de aquel viejo, modesto, pero ilustre espectáculo de Olimpia, sea más cierto y real que nuestras aprensiones. Después de todo son los mismos ideales EDICIÓN INTERNACIONAL humanos los que una y otra vez, cual el topo que excava sus galerías subterráneas y de vez en cuando horada la tierra para ver el sol, Un medio publicitario único salen a la luz, y triunfan otra vez. Debemos para transmisión de mensajes creer en esta bella historia. Aunque a veces nos cuesta trabajo. comerciales a ciento sesenta naciones Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS dé la Real Academia Española