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DOMINGO 26- 7- 1992 LA FIESTA NACIONAL ABC Pag. 105 Octava corrida de la feria de Valencia Los taurinos continúan aferrados a la prehistórica caverna No hay manera de ponerlos al día La feria toma su recta final a la vera del estruendo de la Olimpiada, del ruido ensordecedor de las competiciones deportivas, que nuestros compatriotas los catalanes han hecho suyas, aunque el resto de los españoles, digo yo, hayamos contribuido con nuestro óbolo a su carísimo montaje, que nos llenaría de orgullo si no fuera porque el aldeanismo de los nacionalismos son capaces de amargar la mejor confitería. La gerencia taurina de la Diputación valenciana nos puso para el sábado la corrida de rejones. No vean ustedes el inmenso sacrificio que he tenido que hacer para dejar a las cinco de la tarde el Sidi Saler, la refrigerada habitación del hotel, para desplazarme hasta la ciudad, con una temperatura de casi 40 gra- dos. Me permito hacerles una sugerencia a los señores Barcei y Miranda, porque ambos le están echando rr, j cho cariño a la plazp de Valencia: ¿han pensado ustedes que el sábado hubiera encaV jado perfectamente la Ginés Cartagena corrida de rejones por la ncche? Se impone poner una iluminación corro la de los estadios de fútbol. Valencia siempre fue muy amiga de los espectáculos nocturnos. Una corrida de rejones, que tiene un no sé qué de espectáculo ecuestre con ribetes circenses, dicho sea sin menosprecio de los caballeros rejoneadores, no quedaría mal de noche. La temperatura, más baja, invita a ir a la plaza. También los caballos actuarían con menos agobios. Nada de sol y moscas. Las cabriolas de los equinos, los alardes de los rejoneadores, lucirían igual o más que en la tarde africana. Lo mismo digo de las novilladas. Hay que hacer la prueba, pero siempre con la plaza espléndidamente iluminada. Los taurinos no es que sean tradicionales, es que en la mayoría de los casos representan la caverna. Viven en un bunker, de espaldas al progreso. Confunden tradición con atraso. Son rutinarios, monótonos, retrógrados. Pepe Barceló conoce a la afición levantina como nadie y estoy seguro de que va a probar el próximo año esta modalidad. También la plaza de las Ventas debe pasar las novilladas que celebra ahora los sábados a festejos nocturnos, porque la gente acudirá a la plaza con el ánimo de ver a los novilleros y también a tomar el fresco. Precios razonables, asequibles y verán como llegan los llenos hasta la bandera. Nos hemos olvidado pronto de las novilladas de la oportunidad, que fueron un acierto en la plaza madrileña de Vista Alegre, ¿por qué no en las Ventas? ¿Tan difícil es retrasar unas horas la corrida de rejones en Valencia para que pueda presenciarla, sin temor a una insolación, el aficionado menos pudiente? Pongámonos al día, señores, porque ha llegado el momento de romper con la rutina. Si las plazas de ferias lluviosas requieren la cubierta, estos cosos veraniegos con sol de justicia precisan de gentes que le busquen las cosquillas al astro rey, toreándole de la mejor forma posible. Y no vemos otra solución que la de la nocturna. Ficha de la corrida Plaza de toros de Valencia. Octava corrida de la feria de San Jaime. 25 de julio de 1992. Seis toros de la viuda de Antonio Flores Tassara, bien presentados, fuertes y de buen juego en conjunto, excepto el tercero, que resultó muy distraído y deslucido. El mejor el sexto, bravo y noble. Curro Bedoya, (ovación y vuelta al ruedo) Antonio Ignacio Vargas, (ovación, una oreja y vuelta al ruedo) Ginés Cartagena, (ovación, una oreja y dos vueltas al ruedo) Fermín Bohórquez, (ovación y vuelta al ruedo) Por colleras: Bedoya y Vargas, (ovación y vuelta al ruedo) y Cartagena y Bohórquez, (ovación, dos orejas y salida en hombros por la puerta grande) La plaza registró más de tres cuartos de entrada en tarde muy calurosa. También los del fútbol no se hacían a la idea de los partidos de noche. Pero don Santiago Bernabéu demostró pronto que se veía igual o mejor, y, además, el público, cualquier miércoles, podía acudir al campo después de haber cumplido su jomada laboral. Es falso que haya una grave crisis de toreros. Cuando menos se piensa sale una figura de escándalo. Yo sigo insistiendo en que la verdadera crisis, salvo rarísimas excepciones, es de empresarios. Falla la imaginación. La rutina puede enterrar a más de uno. La fiesta no puede estar como el caballo del picador, como la estatua de Felipe IV, siempre en el mismo sitio. Y es que son estáticos, cuadriculados, absurdos, incapaces de actualizarse. El espectáculo Abrió plaza Curro Bedoya, que estuvo espléndido ¡qué bien suena este adjetivo de espléndido verdad don Alvaro Dómecq y Diez! en una actuación vibrante que le llegó mucho al público. Bedoya estuvo a punto de quedar inútil para este arte hace unos meses por una lesión en una mano. Actúa con una especie- de guante ortopédico, pero a la hora de torear, el público no aprecia nada. Su actuación resultó vibrante. Certero al clavar, aprovechando siempre la buena condición del toro, que colaboró en el buen resultado artístico del jinete de la Puebla que enardeció con un soberbio par a dos manos. Dejó el toro para el sobresaliente, que remató de un descabello. Dio la vuelta al ruedo. Antonio Ignacio Vargas, que es un consumado caballista, se encontró con un toro que comenzó embistiendo co n largas arrancadas, para terminar acobardándose en la puerta del chiquero. Vargas entusiasmó a los valencianos. Le encontramos sobrio, tranquilo, torero, muy en su papel de maestro. Magnífico con el rejón de muerte, cortó la primera oreja, de la tarde y dejó un gratísimo sabor de boca. Gustaron sus caballos, la excelente doma y el arte del rubio caballero. Ginés Cartagena armó su tradicional alboroto con la heterodoxia de su estilo. Ahora viene con la novedad de citar como si fuera a quebrar. Pero no cambia el viaje de la res, sino que sale por el lado natural, colocando el rejón de violín de manera espectacular, tan espectacular que pone al público en pie con estas filigranas. Pero no podemos- -ni debemos- uniformar el toreo, y el público así lo quiere y hasta se entusiasma con verdadero delirio, sería injusto negarle la legitimidad del éxito. Cortó una oreja y le pidieron la segunda, que el presidente no concedió. El hombre se llevó una gran bronca. A Fermín Bohórquez no le acompañó la fortuna, con un toro distraído y manso, que no colaboró en el lucimiento del artista jerezano, que tuvo una actuación decorosa, aunque no rayó a la altura, ni mucho menos, de otras veces. Pero le hicieron dar la vuelta al ruedo, porque siempre deja la huella de lo buen jinete que es el bien plantado mozo de Fuente Rey. Por colleras, Bedoya y Vargas llevaron a cabo una actuación muy lucida y compenetrada. Los dos caballeros rivalizaron en clavar rejones, farpas y banderillas, escuchando fuertes ovaciones, que alcanzaron su máxima expresión en las cortas y las rosas. Malograron su buen hacer con sendos rejones de muerte de Bedoya y Vargas, que quedaron bajísimos, por lo que el premio quedó reducido a la vuelta al ruedo. Ginés Cartagena y Fermín Bohórquez también se conjuntaron armoniosamente en una labor llena de aciertos, haciendo gala de una perfecta sincronización, para no caer en el abuso y la ventaja que supone clavar a dúo, sorprendiendo al animal. La espectacularidad de Cartagena y la pureza y hortodoxia de Bohórquez fueron debidamente valoradas por el público, que no cesó de ovacionarles en una actuación de las más brillantes que les recordamos. Un certero rejón de muerte del caballero benidormí sirvió para que los tendidos solicitaran las dos orejas, que la presidencia concedió y que ambos caballeros pasearon por el ruedo a hombros, saliendo de esta manera por la puerta grande, mientras Vargas y Bedoya eran despedidos con una fuerte ovación. Y lo dicho: hay que ir pensando en las corridas nocturnas, en los lugares extremadamente calurosos. Hagamos el ensayo con la de rejones y con las novilladas. El tiempo nos dará lá razón, como nos la dio Arturo Béitrán. Vicente ZABALA