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DOMINGO 26- 7- 92 BARCELONA 92 A B C 75 1 día más largo, la noche más hermosa Barcelona amaneció con todos sus edificios engalanados con miles de banderas olímpicas Barcelona. Manuel Frías Barcelona vivió el día más largo de su historia. Fue la culminación de un proceso que comenzó én septiembre de 1986 con la designación y que culminó ayer con la brillante ceremonia de inauguración de los Juegos de la XXV Olimpiada. Quizá, ni los Barcelona se levantó serena. El tiempo, en contra de las predicciones que aseguraban que llovería, puso la brillantez que necesitaba un día como el de ayer. Los barceloneses, que saben que van a tener que sufrir en sus propias carnes los Juegos, pusieron el granito de arena que les había pedido su alcalde en un Bando Municipal solicitando la colaboración de todos para que el acto se desarrollase de la mejor manera posible. Por eso, a pesar de que las principales vías de la ciudad permanecían cortadas, el tráfico discurrió mejor que en cualquier otra jornada. Sabedores de lo que les podía pasar, con muchas calles cortadas e infinidad de visitantes en la ciudad, los barceloneses prefirieron quedarse en sus casas, y quienes se atrevieron a salir lo hicieron dejando sus coches en casa y utilizando los transportes públicos. Además, los barceloneses se dedicaron a engalanar su ciudad, colgando miles de banderas olímpicas, de Barcelona y Cataluña en todos los edificios. El ambiente festivo se palpaba por todos los rincones. Por la tarde llegó la locura colectiva. La Plaza de España y la Avenida de María Cristina eran un hervidero de gente que se encaminaba por las escaleras mecánicas a la montaña de Montjüic. Las medidas de seguridad para acceder al Estadio, en contra de lo que se pensaba, fueron escasas. Sólo un control se tuvo que pasar antes de la entrada, cuando dos días antes, en el último ensayo general realizado, había hasta tres. Dos horas antes del comienzo de la ceremonia, el Estado Olímpico ya tenía media entrada en sus gradas. Una hora antes quedaba muy poco cemento disponible, y para las siete y cuarto- el comienzo era a las ocho- el lleno ya era absoluto, manifestando el público un comportamiento ejemplar en las gradas y en los instantes de espera. Después de una primera parte brillante llegó el simpático y emotivo desfile de los atletas. Aplauso generalizado para los nuevos comités olímpicos nacionales, los de Suráfrica, BosniaHerzegovina, Croacia, Equipo Unificado, Estonia, Letonia, ütuania y Eslovenia, y atronadora ovación para la entrada en el EsUn arquero, Antonio Rebollo, recibió el fuego en su flecha de la antorcha que portaba Epi. El lanzador, con una precisión máxima, acertó y el pebetero estalló en la gran llama que preside el estadio. Los barceloneses prolongaron hasta la madrugada la fiesta de la inauguración más optimistas pensaron que todo se iba a desarrollar de la forma en que lo hizo. Brillante, espectacular, amena, impresio. liante, emocionante... Lo cierto es que la de ayer fue una jornada especial para los barceloneses, que culminó con la noche más esperada desde hace seis años. La noche más hermosa. Así se encendió el pebetero olímpico. La flecha describió una parábola en el aire -después de recorrer setenta metros Trayectoria dé la flecha. Para evitar accidentes, la policía ha acotado la zona donde caerá la flecha. Cuando la fecha entró en el pebetero inflamó el gas y la llama se elevó a una altura de dos metros. 2 m Área ocupada por el (inflama Trayectoria de la flecha. Zona desde donde será lanzada la flecha El arco. Más duro y largo de lo habitual, no irá equipado con visor. É La flecha. Más larga que la reglamentaria para evitar que el arquero se queme sus manos. Debe ser disparada con rapidez. tadio del equipo español, con ei Príncipe de Asturias a la cabeza. Luego, la llegada de la bandera y de la antorcha. Fue tal la emoción que los nervios traicio- naron a Luis Doreste en el momento de realizar el juramento olímpico de los deportistas. Y por la noche, la locura colectiva en la ciudad, que ya salió a la calle dispuesta a celebrar la jomada más gloriosa que haya vivido jamás en los últimos años. El espíritu olímpico se había infiltrado. Maragall: Nuestra ciudad es hoy la ciudad del mundo entero El alcalde de Barcelona, Pascual Maragall, pronunció el siguiente discurso durante la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos: Ciudadanos del mundo: Hace 56 años que tenía que celebrarse una Olimpiada Popular en este estadio de Montjüic. El nombre del Presidente de la Olimpiada Popular está grabado en la antigua puerta de Maratón. Se llamaba Luis Companys y era el Presidente de la Generalidad de Cataluña. Hoy el Estadio ha sido renovado y la ciudad también, con la ayuda de todos vosotros, que yo agradezco. Tengo el honor de saludaros y daros la bienvenida en Barcelona, a los que estáis aquí y a los miles de millones que nos estáis escuchando o viendo desde c u a l q u i e r p a r t e del mundo. Y lo hago en nombre del actual Presidente de la Generalidad y en nombre del Presidente del Gobierno español, a quienes tengo el honor de representar. Sin su intervención y la del vicepresidente, Narcís Serra, este momento nunca hubiera llegado. Nuestra ciudad, esta ciudad abierta que es Barcelona, es hoy vuestra ciudad, la ciudad del mundo entero. Quisiera citar una carta que he recibido del Secretario General de Naciones Unidas en la que me pide haga un llamamiento público para que se cumpla el acuerdo del 17 de julio, relativo a una tregua olímpica que quizá signifique el comienzo del restablecimiento del sentido común y del comportamiento cívico. Hoy, nuestra ciudad representa a Cataluña, a las 16 ciudades subsede, a toda España, al amplio mundo Iberoamericano que se encuentra aquí y muy especialmente a Europa, nuestra nueva gran patria. Y lo hace gracias al esfuerzo de 60.000 trabajadores, la mitad de ellos voluntarios, a quienes agradezco su entrega y dedicación. Barcelona, que junto con Albertville ha hecho del 92 el año europeo de los Juegos, quiere ser, por encima de todo, una ciudad europea, orgullosa de Coubertin y sus amigos, de su espíritu intemacionalista que ha permitido a nuestro siglo, el siglo del progreso y de las guerras, de la arrogancia de las palabras y de la impotencia de los corazones, encontrarse periódicamente para hacer deporte, para luchar sin violencia y para hablar un lenguaje común. Que está fiesta sea también la de los hombres y mujeres de las naciones y ciudades de todo el mundo, y que signifique el inicio de una paz duradera que la juventud merece y conseguirá. ¡Vivan los Juegos Olímpicos!