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46 ABC CULTURA DOMINGO 26- 7- 92 Tres años... 7 de febrero de 1989. El director del Centro de Arte Reina Sofía, Tomás Llorens, declara que el Guernica será el eje central de la futura colección de arte moderno del CARS 14 de mayo de 1992. El ministro de Cultura, Jordi Solé Tura, afirma en el Congreso que el cuadro Guernica de Picasso debe exhibirse en el Museo Nacional Reina Sofía. 19 de mayo de 1992. Se reúne el Pleno del Patronato del Museo del Prado para discutir si autoriza o no el traslado del Guernica al CARS previsto por Solé Tura. El cambio de emplazamiento se aprueba por diecisiete votos a favor y cuatro abstenciones. Se establecen, asimismo, transferencias de obras del XIX y del XX del CARS al Prado en contrapartida por el citado traslado. Coincidiendo con el pleno, escritores poetas e intelectuales como Rafael Alberti, Julio Caro Baraja, Rafols Casamada, José Hernández, Juan Genovés, Pere Gimferrer, Antonio Buero Vallejo, Alvaro Delgado, Matías Díaz Padrón y Alfonso Pérez Sánchez, entre otros, declaran su oposición al traslado porque supone una absoluta falta de respeto a la voluntad pública de Picasso 20 de mayo del 92. Solé Tura declara que sólo una catástrofe o un terremoto podría alterar la decisión del traslado El mismo día explica también los pormenores, causas y fines del cambio de emplazamiento enmarcándolo en una política de reorganización de las colecciones estatales. 20 de mayo del 92. El grupo socialista en el Congreso de los Diputados rechaza la propuesta para realizar dos auditorías al CARS, presentada por el Partido Popular y apoyada por Izquierda Unida y Unión Valenciana. 20 de mayo del 92. Iñaki Anasagasti pide que el Guernica vaya al País Vasco y acusa a Solé Tura de hacer usufructo indebido 21 de mayo del 92. El presidente del Patronato del Museo del Prado, José Ángel Sánchez Asiaín, manifiesta en Oviedo que si se le pide al Prado que traslade el cuadro, debe hacerlo, disciplinadamente y lo antes posible 23 mayo de 1992. Miguel Ángel Cortés, diputado del PP, afirma que el Guernica se merece un trato mejor que el de ser coartada de un ministro que ha fracasado en su gestión 1 de junio de 1992. El concejal de Retiro, Juan Antonio Gómez Ángulo, envía una carta al director del Museo del Prado, Felipe Garín, en la que le recuerda que debe pedir licencia de obras antes de realizar reformas en el Casón, reformas imprescindibles para sacar el Guernica debido a su tamaño. 3 de junio de 1992. El PP insiste en que el Congreso debata el traslado del Guernica y solicita la comparecencia de diez especialistas en esta materia: María Corral, José Liado, José Ángel Sánchez Asiaín, Alfonso Pérez Sánchez, Felipe Garín, José Manuel Pita Andrade, Francisco Calvo Serraller, Julián Gallego, Manuel Rivera y Alvaro Delgado. El Giiernica ingresa Madrid. Diego Jalón Adolfo Suárez- Vence El antiguo Hospital de la Beneficencia, actualmente convertido en Centro de Arte Reina Sofía, acoge desde hoy el emblemático Guernica de Picasso. El traslado de este cuadro desde el Casón del Buen Retiro hasta el CARS ha provocado una fuerte polémica que ha enfrentado a políticos, artistas, intelectuales, herederos del pintor, miembros del Patronato del Prado y al director honorario del Museo de Arte Moderno de Nueva York, William Rubín, con el ministro de Cultura, quien, al final, ha hecho prevalecer su opinión. La historia de este traslado comenzó en ei invierno de 1989, cuando el entonces director del Centro de Arte Reina Sofía, Tomás Llorens, convocó una reunión informativa en la que explicó el proyecto del nuevo museo en el que el Guernica de Picasso se convertiría en el eje central de la colección permanente y en obra definitoria del centro según sus propias palabras. Respaldando esta afirmación de Llorens, el actual ministro de Cultura, Jordi Solé Tura, explicó tres años más tarde, el 14 de mayo de 1992, en el Congreso de los Diputados, que en su opinión el Guernica debía exhibirse en el Reina Sofía. El Guernica -afirmó el ministro- es la obra que mejor simboliza el arte de vanguardia español del siglo XX y lo más lógico es mostrarlo encabezando una gran colección de las obras de los artistas contemporáneos más representativos en el museo del Estado que los acoja de manera permanente Cuatro días después, en votación a mano alzada, los miembros del Patronato del Museo de Prado aprobaron el cambio de emplazamiento de la obra y la política de reorganización de las colecciones estatales en la que éste se enmarca, por 17 votos a favor y 4 abstenciones. Coincidiendo con la celebración del Pleno del Patronato del Prado, tras el cual Solé Tura afirmó que sólo una catástrofe impedirá que el Guernica vaya al Reina Sofía escritores, poetas e intelectuales como Rafael Alberti, Julio Caro Baraja, Rafols Casamada, José Hernández, Juan Genovés, Pere Gimferrer, Antonio Buero Vallejo, Alvaro Delgado, Matías Díaz Padrón y Alfonso Pérez Sánchez declararon su oposición al traslado porque supone una absoluta falta de respeto a la voluntad pública de Picasso El 21 de mayo la polémica se extiende al mundo político al negarse el PSOE a realizar dos auditorías en el Reina Sofía, auditorías solicitadas en el Congreso por el PP, Izquierda Unida y Unión Valenciana. Ese mismo día, el portavoz del PNV, Iñaki Anasagasti, acusa a Solé Tura de usufructo indebido y de ser un ministro prusiano asediado por el traslado de la obra A partir de entonces se multiplican las acusaciones contra el ministro desde todos los frentes, por querer utilizar la obra de Picasso para enmascarar la mala gestión del Ministerio. Miguel Ángel Cortés, del Partido Popular; Juan Oliver, de Unión Valenciana; Antonio Romero, de Izquierda Unida; Iñaki Anasagasti, del PNV; y José Ramón Caso, del CDS, expresan su rechazo a que el Guernica se lleve a un museo que el PSOE no quiere auditar. A pesar de las críticas generalizadas, el director del Patronato del Prado, José Ángel Sánchez Asiaín, defendió desde Oviedo la legalidad del nuevo destino para el Guernica Ante la necesidad de realizar una serie de reformas, en el Casón del Buen Retiro para sacar el Guernica dado su gran tamaño y la imposibilidad de enrrollarlo por el peligro de que se deteriore, el concejal de Retiro, Juan Antonio Gómez Ángulo, comunica en una carta al director del Prado, Felipe Garín, que es necesario solicitar licencia de obras al Ayuntamiento. Estas trabas burocráticas obligan a Solé Tura y a María Corral a retrasar la inauguración de la colección del Reina Sofía con el Guernica que, en principio estaba prevista para la tercera semana del mes de junio. Por esas fechas, William Rubin, director honorario del Museo de Arte Moderno de Nueva York, a quien Picasso encomendó per- Largo camino hacia España. En 1968 se hicieron las primeras gestiones para traer el cuadro a España, que fueron desbaratadas en 1970, tanto por el Gobierno español como por los directivos del Museo de Arte Moderno de Nueva York y la previsible negativa del autor. En 1971, ante las intenciones del Gobierno español y el deterioro de la salud de Franco, Picasso dejó clara su voluntad de no devolver el cuadro a España hasta que no imperase un régimen democrático, incluyendo su propósito de donación de los 62 trabajos preparatorios que eran de su propiedad. Todavía en 1972 hubo un nuevo intento por parte del Gobierno español, que se saldó de huevo con un fracaso. Muerto Picasso en 1973, Herschell B. Chipp, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Berkeley, decía en un artículo publicado en The New York Times a los pocos días de la muerte de Franco, que había llegado la hora de devolver el cuadro. Pero William Rubin, director del MOMA y custodio del cuadro, contestó que sólo podía d e v o l v e r s e cuando en España se instaurase una auténtica república, al tiempo que prevenía contra la actuación de bandas falangistas en España, omitiendo que en 1974 un individuo arrojó en Nueva York pintura roja sobre el lienzo. Sólo empezaría a tener efectividad para recuperar el cuadro el que las Cortes Españolas lo reclamaran en 1977. En los años siguientes se desarrollaron intensas negociaciones, en las que tuvieron gran protagonismo el abogado y presidente de Europa Press, José Mario Armero, el historiador Javier Tussell y Carlos Robles Piquer, entre otros. Tuvieron gran importancia para recuperar el cuadro los testimonios del embajador Luis Aquisgrán; el albacea testamentario de Picasso, Roland Dumas; y miembros de la familia del pintor, como su viuda Jacqueline, así como las amenazas de iniciar acciones legales.