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DOMINGO 26- 7- 1992 O es aventurado suponer que, jamás en la historia de la humanidad, 3.500 millones de miradas habían fijado simultáneamente su atención en un solo punto. Ese punto era Barcelona, capital de la España catalana que, con una ceremonia deslumbrante, inauguraba los XXV Juegos Olímpicos de la era moderna. La profecía de la aldea global cobraba corporeidad en la fisonomía de una ciudad que ha aprovechado inteligentemente la oportunidad olímpica para regenerar su urbanismo, hacer desaparecer las cicatrices de su vetusto primer desarrollo industrial, recuperar el mar y dotarse de una envidiable infraestructura viaria. Ya antes de empezar se han superado todas las plusmarcas: de naciones participantes, de número de atletas, de periodistas acreditados, de modalidades deportivas, de cobertura televisiva, de costes e ingresos proyectados. LGUNOS de estos factores eran ya previsibles aquel 17 de octubre de 1986 en el que el barcelonés Juan Antonio Samáranch proclamaba el nombre de la ciudad ganadora, Barcelona, en pugna nada menos que con el París de Chirac. El deporte se ha convertido en el rasgo más definidor de los acontecimientos de masas de nuestra época. De ahí que unos J u e g o s Olímpicos sean, con enorme diferencia, el episodio más ecuménico del tiempo que vivimos. La tercerización de la vida económica y el papel que el sector del ocio deportivo ocupa en ella es creciente. El maridaje entre deporte y televisión ha producido el resultado de una cultura de muchedumbres, en la que millones de personas, desde sus hogares, participan del espectáculo. NSTALADO el deporte- espectáculo en el corazón de la economía de mercado y de la sociedad de consumo, ha sobrevenido la beneficiosa entrada en tromba de las grandes empresas, en forma de patrocinio, mecenazgo, sponsorización y demás modalidades de publicidad de prestigio que con su perspectiva multinacional y su explícita visión mercantil, contrapesan y a t e n ú a n los r i e s g o s de chauvinismos y sublimación nacionalista que tantas veces han enturbiado el enfrentamiento deportivo. Desde este punto de vista, Barcelona ha representado un paso de gigante en la superación de la artificiosa dicotomía e n t r e amateu- OPINIÓN ABC Pág. 25 N rismo y profesionalismo que a t e n a z a b a al movimiento olímpico hace unas décadas y primaba a los sufridos frankensteins químicos, representantes del deporte de Estado de los países comunistas. La concur r e n c i a a Barcelona del dream team del baloncesto norteamericano anticipa un futuro inminente en el que los escasos deportes- fútbol y ciclismo, entre otros- -que, por poderosos intereses económicos consolidados, mantienen la distinción entre olímpicos y profesionales acabarán por perderla. OS Juegos de Barcelona son también los del nuevo orden mundial. Los primeros con un solo equipo alemán; los que conocerán la reincorporación de Suráfrica al movimiento olímpico; los que darán fe de la restitución de la soberanía a los países bálticos y de la independencia de la última colonia africana: Namibia. También serán, previsible- BARCELONA, ALDEA GLOBAL mente, los últimos en que las repúblicas ex soviéticas concurran bajo un artificio integrador y los primeros que reflejarán la dramática descomposición yugoslava. Pretender una separación exquisita entre política y deporte pertenece al género del más rosáceo idealismo, como el propio Samáranch ha declarado recientemente. Hay una dimensión política objetiva, en la determinación del país al que pertenece la ciudad organizad o r a Un r e p a s o a los JJ. OO. de la posguerra dibuja- con la relativa excepción de Finlandia, neutralizada y de fortísima vocación deportiva- -una verdadera geografía histórica de nuestro tiempo. El Reino Unido vio reconocida, en 1948, su heroica resistencia al nazismo, y su función central en la coalición aliada. Australia y Canadá, su papel de potencias emergentes en el seno occidental de la Commonwealth. Las tres potencias del Eje- -Italia, Alemania, Japón- -sellaron con sus JJ. OO. la reconciliación y alianza con los vencedores. A México se le reconoció su liderazgo iberoamericano. Y estaba en la naturaleza de la guerra fría que sólo podía haber Juegos en Moscú, si los había en Los Ángeles o viceversa, así como los respectivos boicots que ambos eventos padecieron. Corea alcanzó los Juegos como proyección en el plano deportivo de la emergencia de la constelación de potencias económicas del sureste asiático, a impulsos de la economía liberal. CIERTAMENTE, la ntur y gia olímpica reza que los Juegos se dispensan a ciudades. Pero las ciudades no están en la luna sino en espacios de soberanía territorial. Sin la viva admiración que el proceso de la transición española causó en el mundo; sin el prestigio de la Corona; sin la integración en la CE y la OTAN las posibilidades de la candidatura eran menguadas. Esa reflexión es más útil que la de las cuentas, sin desdeñar éstas: aproximadamente, el 34 por 100 de la financiación de la inversión ha salido del sector privado y el 66 por 100 del público. De esta porción, el Estado ha aportado el 38 por 100, los Ayuntamientos de Barcelona y su Mancomunidad y la Diputación, el 22 por 100; la Generalidad, el 18; una empresa estatal, Telefónica, el 16 por 100; otras aportaciones menores, entre las que figuran los fondos europeos del Feder, completan el total. Los JJ. OO. van a costarle a cada español algo más de quince mil pesetas. Verificada la condición necesaria de la posible celebración en España, Barcelona- por su decidida voluntad, por sus tentativas anteriores, por su posición geográfica, por el mejor punto de partida de sus equipamientos- era la única localización española posible. L A S ULTIMÁTUM A IRAK ADAM Husein incumple desde hace meses las condiciones del alto el fuego impuestas por Naciones Unidas. El incumplimiento de la resolución 687 es tan flagrante, sobre todo en el rearme químico, la búsqueda del arma nuclear y el encarcelamiento y tortura de disidentes, que Francia ha requerido al Consejo de Seguridad para que dé un ultimátum a Irak. Si Sadam no se pliega, la intervención, esta vez definitiva, podrá producirse pronto. La duda está en la Casa Blanca. EE. UU. sigue siendo, aun en plena crisis mundial, la única gran potencia con capacidad de decisión. Sin contar con su criterio es difícil que la ONU pueda emprender una intervención directa. Pero Bush está en plena campaña y eso limita su espacio de maniobra. Si decide un nuevo ataque bajo bandera de la ONU, Bill Clinton podría acusarle de utilizar la política exterior y la vida de los marines para recuperar popularidad. Si renuncia a intervenir se dirá que se abstiene por motivos electoralistas. En todo caso, el mando conjunto del general Colin Powell ha diseñado ya una gran operación aerotransportada, esta vez sobre Bagdad, de la que difícilmente podría escapar el lúgubre charcutero iraquí. I f, Joaquín Vila. Santiago Castelo, José Javaloyes, Francisco Giménez- Alemán Manuel Adro, Joaquín Amado, Tomás Cuesta Subdirectores: M. Ramírez, J. J. León Jefes de Redacción: A. A. González, fl. Gutiérrez. V. A. Pérez (Continuidad) R. Acuna (C. D. J A Alvarez- Gundín (Cultura) J. C. Azcue (E. Especiales) B. Berasátegui (ABC Cultural) E Contreras (Colaboraciones) A. Fernández (Economía) M. A. Flores (Edición Gradea) Lz. Nicolás (Sociedad) C Maribona (S. Redacción) C. Navascués (Madrid) E, Ortego (Deportas) L I Parada (Opinión) R. Pérez- Maura (Internacional) F, Rubio (Ilustración) A. Sempajn (Reportajes) J. A, Sentís (Nacional) J. A. Vera- Gil (Delegaciones) J. M, Zuloaga ilr. vesciflc. c. on) Secciones: J Rublo (Arte) F. Marhuenda (Cataluña) J, M. Fdez. -Rúa (Ciencia) J. 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