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EDITADO PRENSA POR DOMICILIO SOCIAL SERRANO, 61 ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 26 DE JULIO DE 1992 2 800 6- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 144 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA si tememos caer en impresiones más o menos subjetivas. Basta con que nos asomemos a los anaqueles de cualquier biblioteca: cientos y cientos de libros nos hablan de su historia, y de sus historias, de la filosofía que lo amparó y que ahora lo condiciona, de su carácter social con mil implicaciones sociológicas, democráticas, económicas, burocráticas, culturales y, por supuesto, las lingüísticas que a mí más podrían interesarme. Pero dejemos los libros, ¿cuántas revistas científicas nos ponen ante cada uno de estos motivos? El investigador considera aquella maraña y la ve intrincada, pues los motivos que acaba de enumerar no se dan aislados, sino que se vinculan unos a otros hasta impedir una visión clara y simple. Los problemas asaltan ya en una primera formulación que necesariamente debe ser lingüística: ¿cómo se define la palabra deporte Aquí nuestra sorpresa inicial, pues el objeto de tantas especulaciones empieza por suscitar no pocas dudas, comenzando por la propia historia de la palabra. Decimos lo mismo, pero no pensamos lo mismo. Porque no hay continuidad en los significados, aunque la haya en el significante: sport en inglés medieval significaba caza pero lo que era una ocupación de nobles y cortesanos hoy es una distracción democrática y masificada, pues el deporte concebido como lo tenemos ahora es un invento inglés del siglo XVIII, por tanto, mal podremos pensar en continuidad si la historia ha cortado los pasos del tiempo, ¿o acaso pretendemos que una modesta lámpara de cien vatios sea el mismo artilugio con que Diógenes buscaba al hombre, por más que su designación sea la misma? En español antiguo hay deporte y deportar e incluso pensamos en lo que llamamos juego y competición pues ambas cosas hay en la bella descripción de una partida de pelota, jugada con bastones, que aparece en el Libro de Apolonio (estrofas 145- 148) incluso la espléndida miniatura dé muy comienzos del siglo XVI (1505) que pudiera ilustrar ese fragmento no rebasa los límites de una modesta presencia: El rey de Tiro ha ganado voluntades gracias a su maestría en el manejo de varas y pelota, pero no pasamos los límites de una distracción cortesana. La complejidad, organización, asistencia, tai vez no nos permitan hablar de lo que hoy entendemos como deporte, como no nos lo permite otro testimonio que voy a aducir. Si leemos las Elegías de varones ilustres de Indias encontramos la minuciosa des- H ABLAR de deporte es sobrecogedor, ¿QUÉ ENTENDEMOS POR DEPORTE? cripción de un deporte que con variantes ¿siempre significativas? aparece en pinturas tebanas del siglo XV antes de Cristo, en vasos griegos de la quinta centuria anterior a nuestra era, en pinturas japonesas de Hokusai (1760- 1849) o en cuadros de Coubert (1819- 1877) por no poner sino unos cuantos ejemplos. Lo que Juan de Castellanos nos cuenta no es una competición deportiva, por más que de alguna de ellas proceda. Un robusto indígena desafía a cualquier español que se atreva a medir sus fuerzas con él, pero su musculatura sembraba el pánico entre todos, hasta que el capitán Antonio de Torquemada llamó a Diego Rodríguez: ...no menudo, ni grueso, pero joven: es ligero, medianete de cuerpo y espaldudo, el oficio del cual era platero, y en las presas de lucha nada rudo, y en todas las posturas maña varia, e hijo de la Isla de Canaria. Tenemos la clave: en las octavas siguientes se describe el combate, y el isleño, práctico en la lucha canaria derriba con una zancadilla a su rival. Acabamos de asomarnos a la aplicación práctica de un deporte, por más que su realización fuera harto distinta de la que nos cuentan las representaciones artísticas. Y ello nos permite volver a la pregunta recién formulada: ¿qué circunstancias deben reunirse en la palabra deporte Para Charles H. Page la definición habitual está descarriada, porque el deporte sirve para mil intereses, pues otros tantos peros limitan el sentido de los enunciados: consumismo postindustrial, negocios y burocracia, creación de la personalidad, oportunidad para los menos favorecidos, válvula de seguridad para los hombres dispuestos a la violen- Jesús Yanes Se complace en presentar su Selección de Joyas Firmadas y La Colección de Plata del Palacio Real Reproducciones Numeradas. Goya, 27 cia, etcétera. Encontrar la antítesis de todo ello no resulta difícil, pero, entonces, nos quedamos en una incertidumbre que poco ayuda. Schneider, que dedica unas páginas sustanciosas al problema, reincide en la pluralidad de contenidos, en el anglicismo del término difundido en el siglo XIX, y en la necesidad de separar lo que son, sports games y pastimes como se ve en muchas de las antiguas definiciones. De otro modo se obviaría la presencia del ajedrez o de la filatelia dentro de los pretendidos deportes. Tampoco resultan mucho más convincentes las definiciones de Talamin- Page, por más que se apoyen en no pocas doctrinas ajenas: play actividad voluntaria, sujeta a unas reglas mínimas, espontánea, no considerada ni como utilitaria ni como trabajo game y sport podrían acercarse un tanto si añadimos la complejidad de su organización y el carácter competitivo, aunque Lewis Mumford añade a la palabra sport su carácter de espectáculo, de competición y de destreza, de donde deriva un elemento estético y se sobrepone la actividad de las multitudes con sus gritos, cantos y aplausos. De todos modos, y teniendo en cuenta las ambigüedades que se motivan, nos podríamos atener a la segunda definición del Diccionario académico, según la cual deporte es el ejercicio físico, por lo común al aire libre, practicado libremente ó por equipos con el fin de superar una marca establecida o de vencer a un adversario en competición pública, siempre con sujeción a ciertas reglas El mismo Diccionario define al juego en su segunda acepción como ejercicio recreativo sometido a reglas y en el cual se gana o se pierde Creo que es necesario afinar mucho más en la acepción de juego y acercarla a deporte aunque tengamos que ir añadiendo nuevos matices, pues de otro modo terminaremos reduciendo juego a la acepción de deporte ya que la polivalencia del término acabará por no ser significativa. Si pensamos bien, la definición académica tiene la ventaja de admitir el doble carácter de competición y de cooperación que habían establecido Sutton y Smith cuando hablaron de la dialéctica lúdica y que luminosamente establecieron Gregorio Salvador y Maximiano Trapero. Con lo que vendríamos a descubrir algo fundamental en la conducta del hombre: el pensamiento aclara más que el ejercicio físico. Manuel ALVAR de la Real Academia Española Goya, 6- 8. El Jardín de Serrano