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24 A B C NACIONAL JUEVES 9- 7- 92 Queremos justicia dicen las víctimas de los etarras que escondió Treviño Dos jóvenes quedaron huérfanos tras el atentado de Recarte y Galarza Madrid. Eduardo Inda Ninguno de los familiares de las tres personas que ETA asesinó el mes de febrero en Santander perdona al arcipreste de Irún, José Ramón Treviño. No olvidan que fue Treviño quien facilitó el escondite y posterior huida a Francia a Galarza y Recarte, los presuntos asesinos. Cuando se les pregunta qué esperan del juicio al sacerdote, son unánimes: Sólo justicia. Que Treviño y sus amigos, los asesinos, paguen por lo que han hecho Antonio Ricondo Somoza y Ana Miren Castro Ugalde se iban a casar el pasado 27 de junio. Hasta el más mínimo detalle de la boda estaba planificado. Incluso ya habían apalabrado el pisó donde vivirían tras contraer nupcias. Pero no fue posible. El 19 de febrero, tres desalmados- entre ellos, los dos presuntos miembros de ETA, Ignacio Recarte Ibarra y José Luis Galarza Quirce- explosionaron una potente bomba al paso de una furgoneta de la Policía Nacional. Casualidades del destino, el semáforo se puso en rojo y el coche de Antonio, que circulaba por allí, quedó estacionado al lado del vehículo de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Segundos después, todo voló por los aires y Antonio quedó gravemente herido. A los seis días, murió. El semblante de Silvia, es por momentos triste- se queda mirando fijamente al cieloy por momentos risueño. Triste porque se le hace difícil poder olvidar lo que tres locos hicieron con sus padres. Risueña, porque sabe que, a pesar de todo hay que seguir adelante. Los terroristas accionaron el coche- bomba al paso de un furgón del cuerpo nacional de policía. La explosión causó la muerte de tres personas. Ninguna ayuda Rosa Ríos Rioz acogió en su casa a sus sobrinos Silvia y Jesús. Si no, se hubiesen quedado en la calle y en la miseria más absoluta, porque como dice su tía, ¿Quién pagaría la hipoteca del piso, quién les costearía los estudios, quién les ayudaría a salir adelante no sólo económica, sino moralmente que es lo verdaderamente importante? Y es que tanto una familia como otra no han visto ni un duro, ni una sola peseta de indemnización. Algo que corroboran su tía Rosa Ríos y su tío Marino Gómez: Sí, los chicos se han quedado muy mal económicamente Como apunta el abogado de la acusación particular, Pedro Cerracín, presente en la conversación, si todos los casos de las víctimas del terrorismo son sangrantes, un caso como el de esta criatura y su hermano es más sangrante aún, porque se han quedado en la precariedad más absoluta; si no hubiese por sus parientes y amigos, ¿Qué habría sido de ellos? En iguales circunstancias, en cualquier país de Europa menos Grecia, Portugal y España, a los tres meses hubiesen cobrado una indemnización de cien millones de pesetas Quienes verdaderamente se han volcado con ellos han sido sus paisanos, los santanderinos de a pie. El 27 de marzo, un mes después de la tragedia, se hizo un festival de folclore, danzas y música, y se abrió una suscripción popular mediante la cual se logró recaudar una cantidad próxima a los cinco millones de pesetas. Dinero del cual, no han vuelto a saber CRUCE DE LA ALBERICIA CANDA VANDABUROI EL DIARIO MONTAÑÉS Treviño no es católico Ayer, casi cuatro meses después del brutal atentado, Ana Miren y Eva, la hermana de Antonio, tuvieron la oportunidad de contemplar los rostros de quienes asesinaron a su inolvidable Toño -que es como ellas le llamaban- así como de quien les proporcionó escondite tras perpetrar la cobarde acción: el arcipreste de Irún y Fuenterrabía, José Ramón Treviño. Hacia el ya famoso sacerdote- y no precisamente por sus méritos pastorales- sólo tienen palabras de desprecio. Ana Miren, católica practicante, es rotunda: Treviño no es católico, porque ni tiene caridad ni nada de lo que debe tener un cristiano. Si tuviera caridad se hubiera preocupado por las víctimas y sus familias Respecto a los presuntos asesinos, Ignacio Recarte Ibarra y José Luis Galarza Quirce, a los que tuvo la oportunidad de contemplar ayer en la Audiencia Nacional, Ana Miren es rotunda: Cualquier calificativo se quedaría corto; son gentuza. Me gustaría que perdiesen a un familiar o a su novia en estas circunstancias para que supiesen lo que hemos pasado tanto la familia de Toño como yo Eva, por su parte, pide la pena de muerte para los dos presuntos asesinos de su hermano. Pena de muerte, no; la muerte es demasiado poco para esas personas, si es que son personas. Debería haber cadena perpetua, para que estos dos sufriesen de por vida, que les mutilasen poco a poco. Sobre todo, que sufran responde la novia de Toño Lo que más me irrita de todo este asunto- continúa Eva- son las excusas dadas por el arcipreste: Que si lo hizo en cumplimiento de su deber como sacerdote, que si lo hizo por caridad... ¿Y la caridad para con las víctimas? Silvia Gómez Ríos y su hermano Jesús tienen 18 y 16 años respectivamente. El 19 de febrero pasado quedaron huérfanos de padre y madre como consecuencia del atentado de la Albericia. Como Antonio Ricondo, la fatalidad quiso que sus progenitores, Eutimio y Julia, circulasen por allí en el instante en que todo el coche bomba explosionó. nada los afectados: A pesar que nos dijeron que un cincuenta por ciento de esa cantidad iría a parar a nuestras dos familias, hasta la fecha de hoy no hemos tenido ninguna noticia del dinero La ministra de Asuntos Sociales, Matilde Fernández, cántabra ella, estuvo en la manifestación celebrada en Santander en protesta por la salvajada cometida contra veinte de sus paisanos. Pero como recuerdan los familiares de los fallecidos: No se interesó por nosotros; ni vino al velatorio, ni nos llamó por teléfono para darnos el pésame o un apoyo moral, cosa que sí hicieron Isabel Tocino, Juan Hormaechea o el delegado del Gobierno en Cantabria, por poner algunos ejemplos Silvia no quiere hablar de los etarras y el cura que los encubrió. Lo hace por ella su tía Rosa: Había que hacerle lo mismo a uno de sus seres más allegados Su sobrina le interrumpe: No, su familia no tiene la culpa De los cinco familiares de las tres víctimas, Silvia es quizá quien mayor entereza y reflexión muestra a la hora de enjuiciar los hechos. A sus dieciocho años, esta desgracia le ha hecho madurar a marchas forzadas. Setién: Espero que Treviño esté pronto en su parroquia Bilbao. M. L. G. F. José María Setién, obispo de San Sebastián, expresó ayer su deseo de que José Ramón Treviño, arcipreste de Irún y Fuenterrabía, volviera pronto a su parroquia. Antes de participar en una mesa redonda sobre Ideas de Europa Central en los cursos de verano de la Universidad del País Vasco, monseñor Setién se refirió al juicio que se está celebrando contra el arcipreste de Irún. Espero que la Justicia haga lo que tiene que hacer- dijo Setién- y, en consecuencia, espero que José Ramón Treviño esté muy pronto en su parroquia de Irún, que es realmente lo que todos deseamos y donde le quieren tener también sus feligreses de Irún Setién, responsable Marino Gómez Gómez, hermano de Eutimio, el padre de Silvia, considera a Treviño tan terrorista como los otros. Si le condenasen a seis años (la pena solicitada por la acusación popular) sería poco. Sin embargo, y esto hay que decirlo muy claro, el máximo responsable es monseñor Setién, que es tan terrorista o más que los otros. Probablemente sea más culpable Por supuesto, la mayor responsabilidad reside en sus superiores interviene el resto de familiares. Pero si hay algo que haya sacado verdaderamente de quicio a Marino durantes estos meses, han sido las declaraciones del padre del arcipreste en las que decía que su hijo ¡Estaba sufriendo la misma persecución que Jesucristo! ¡Pero qué barbaridad! Jesucristo socorría a los pobres, este tiparraco ayuda a los que matan a los más necesitados