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JUEVES 9- 7- 1992 OPINIÓN ZIGZAG A BC 21 Escenas políticas Elogiosa campaña Sólo elogios puede merecer la persistente campaña contra el tráfico y consumo de drogas que está llevando a cabo el Partido Popular. Recientemente, su portavoz en esta área, el diputado Gonzalo Robles, ofreció a la Cámara datos espeluznantes sobre cómo cabalgan los caballos de la muerte por las tierras de España. Las fuerzas parlamentarias aprobaron la iniciativa de este diputado para combatir el tráfico de drogas mediante el control adecuado que impida el blanqueo del dinero proveniente de este macabro comercio. Como bien ha dicho Gonzalo Robles, en la lucha contra la droga no hay que escatimar esfuerzos. acentos y vocabularios se hallan en estado puro y en divertida confrontación. Resulta que lo que a lo largo de décadas han pretendido filólogos y escritores, terminarán realizándolo guionistas y productores de seriales televisivos. Toda una paradoja, reflejo fiel de los turbulentos tiempos que vivimos en este final de siglo. Madrid barroco Se cuenta que un viajero francés en 1665, asombrado por la pasión que despiertan las representaciones teatrales, anota en su diario: El pueblo madrileño es tan perdido por esta diversión que apenas puede un hombre hallar asiento. La vida cotidiana española del XVII es un gran teatro del mundo en el que la alegoría se funde con la realidad, y las comedias, mojigangas, entremeses y autos sacramentales adquieren la forma de una monumental máscara en la que se describe el irresistible esplendor de una época que se niega a desaparecer. Durante esta semana, Madrid se- convertirá en una majestuosa fiesta barroca que, en el ecuador de su capitalidad culturar europea, trasladará la magia, despreciada por repentinos eruditos a la violeta de las gangariltas, tambaleos, garnachas y farándulas. Esta vez, como entonces, será un auto sacramental de Calderón de la Barca, El gran mercado del mundo quien convoque a contemplar rocas que se abren, nubes que pasan, paisajes que se transforman en segundos, imitaciones de fenómenos atmosféricos, palacios que se ven en amplias perspectivas, apariciones repentinas y ascensos a los cielos para solaz de un espectador cansado de ver cómo la pretendida modernidad de unos artil u g i o s d o m é s t i c o s le han hurtado, quizá irremisiblemente, la facultad de la fascinación por las palabras. OVIDIO El culebrón El culebrón entendido como show intelectual o como narcotráfico de los sentimientos ha adquirido tal proyección en la sociedad española que parece traspasar las meros ámbitos de. la programación televisiva para colocarse en el centro de un complejo debate intelectual en el que académicos, como el colaborador de ABC Emilio Marcos, han entrado directamente, sin el menosprecio, teóricamente culto, que a primera vista pudiera albergar cualquier otro erudito a la violeta de los que en la última década se han dedicado a descubrir a músicos o a poetas. Así, Atareos no ha tenido temor al señalar durante el congreso internacional La lengua y la literatura hispánicas actuales que se ha celebrado estos días en Logroño, que el lenguaje de los culebrones está produciendo un hecho hasta ahora insólito ea el habla coloquial del español a un lado y otro del Atlántico, como es su homogeneización, quizá obligada por factores económicos, pues un exceso de localismos arruinaría el éxito de audiencia, pero que representa una especie de curioso atlas lingüístico, en el que los diferentes pasivo. Se trata de que en elecciones de cierto carácter, los extranjeros sean no sólo electores sino también elegibles. Para meter esas dos palabras (en realidad, una sola, porque la conjunción va de cópula) dentro de la Constitución, se han reunido todos los partidos políticos, y todos se han puesto de acuerdo. Han sacado en procesión a San Consenso, que no salía de la h o r n a c i n a desde la romería constitucional. Es más, se han ido detrás del santo algunos vascos que entonces se quedaron repicando o de imaginaria en la sacristía. Los peneuvistas y los euskoalkartasunos también marcharon esta vez por la senda constitucional, o mejor dicho, por fa senda de ta reforma constitucronal. Ahí está la foto del milagro. Aznar sonríe junto a Felipe, y una vez tograda esta sonrisa, ya no resulta extraño que todos sonrían junto a todos. Ojalá se pusieran tan de acuerdo los representantes de los partidos políticos para dejar de meter las manos en el gran saco de la corrupción. Con el mismo espíritu de concordia con que han metido la pluma en la- Constitución podían haberse reunido para no meter las manos en la masa. Ahí, en ese saludable propósito de enmienda, sí que tenían que sacar a San Consenso, no ya en andas, sino en volandas. Pero en eso de (a financiación irregular de los partidos políticos no parece que se vislumbre el examen de conciencia ni el dolor de corazón, y a lo más que llegan es a señalarse con el dedo los unos a los otros. Ese niño, más. Y en llevar a los Tribunales los trapos sucios de la política. Bienvenido sea San Consenso a la ermita parlamentaria, que sobre situar a los batuecos en la línea de Mastrique, valdrá como precedente y para que aprendamos el camino de poner la razón por encima de la pasión, y el interés del país por encima del partidismo y del fulanismo. O sea, que albricias, y gaudeamus igitur alegrémonos pues de v LA VIRGINIDAD que estos representantes del pueblo se hayan puesto de acuerdo en algo que no sea subirse el sueldo, concederse privilegios o repartirse los sitiales del poder. Al menos, ya sabemos que podemos ir de acuerdo todos hacia el mogollón europeo, y que somos unánimes en lo de entrar cada vez más en Europa. Con ese c o n senso por delante, un referéndum para que el pueblo apruebe también la reforma constitucional tendría un resultado perfectamente previsible. En eso no íbamos a parecemos a Dinamarca. Nuestro parecido con Dinamarca se detiene en el olor a podrido. En este caso lo normal es que el sí adquiriera proporciones camiloalonsistas, o alonsoveguistas, para que no se confundan con tas proporciones camilocelistas, y que ta cifra se saliera del ordenador electrónico. Y en estas circunstancias, podría parecer que el referéndum sobra. Pero en medio de este lago rubeniano de cisnes unánimes me preocupa el sí de los vascos, mucho menos arrobado que el sí de las niñas. Los vascos jamás han dicho sí a las propuestas constitucionales, y cada vez que los españoles nos hemos acordado para darnos un texto constitucional, ellos se han quedado mirando al techo. Algo buscarán ahora con este cabezazo afirmativo. El peneuvista Iñaki Anasagasti nos ha dado la pista. Ha dicho que esto (la reforma constitucional) es como la virginidad, que si se pierde, ya queda abierto el camino. O sea, que al hilo de la metáfora habrá que pensar que lo que estos tíos quieren- es lanzarse a la fornicación constitucional, una vez que la Constitución ya está desflorada. Lo que ellos entienden es qu e les han puesto la Constitución en la horma. Con los nacionalistas vascos s i e m p r e pasa lo mismo: no sabe uno qué es peor, si que digan que no o que digan que sí. Y al final, uno, de quien más se fía, no es de San Consenso, sino del pueblo. Jaime CAMPMANY