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VIERNES 24- 4- 92 CULTURA ABC 51 escritor es suidioma Los azares de la política, por mucho que apremien y. condicionen y apasionen, no llegan, sin embargo, a erosionar seriamente el suelo firme de una comunidad idiomática el del encuentro de su protagonista con un caballero granadino. Todavía, en la presente ocasión, cuando debo recibir y agradecer el premio Cervantes, quisiera remitirme una vez más con breves palabras a otro pasaje del Libro fundamental. Es uno de esos episodios donde con arte único se mezclan en increíble mixtura el patetismo y la comicidad. Me refiero al capítulo que relata cómo las personas afectas a don Quijote han decidido, entre su primera y su segunda salida, expurgar piadosamente la biblioteca del hidalgo para quemar los malditos libros de caballerías. Después de haberlo hecho, tapiarán la pieza donde se guardaban, porque cuando se levantase no los hallase y en efecto, de allí a dos días levantóse don Quijote, y lo primero que hizo fue ir a ver sus libros: y como no hallaba el aposento donde le había dejado, andaba de una en otra parte buscándole. Llegaba a donde solía tener la puerta, y tentábala con las manos, y volvía y revolvía los ojos por todo, sin decir palabra Mucho se ha especulado alrededor del significado que en la secreta intención del autor pudiera encerrar el famoso escrutinio y quema de los libros. Sin necesidad de entrar en la cuestión, y dejándola aparte para atenerme a la mera y directa lectura del episodio, me parece a mí que esa búsqueda silenciosa de la condenada puerta es más penosa que todos los descalabros sufridos por el caballero en sus aventuras; que esa bien intencionada acción de quienes bien lo quieren, al prohibirle el acceso al lugar de la lectura, resulta más cruel que cuantos escarnios le fueron infligidos, pues cierra el paso al campo de la libre imaginación. Ese pasaje del Quijote hace pensar desde luego en las condenaciones, trabas y vetos que tradicionalmente han solido imponer quienes se consideran autorizados para proteger al prójimo de los supuestos peligros de la lectura; pero hoy, cuando dichas restricciones pueden darse por desaparecidas en la sociedad actual, otros nuevos obstáculos, y de eficacia tanto mayor al no ser de índole coactiva, nos amenazan. Aludo, claro está, al progreso pujante e irresistible de los medios de comunicación audiovisual, cuyos servicios han sustituido, tanto para la información como para la recreación de las grandes masas, al recurso de la palabra escrita. Por su causa, las gentes abandonan la práctica de la lectura. Creo oportuno, cuando nos hallamos reunidos para honrar la memoria de Cervantes, insistir sobre las indispensables virtudes del ejercicio literario, que no consiste tan sólo en escribir, sino también, por supuesto, en leer. La solemnidad de este acto, presidido por los Reyes de España, en el que cada año se selecciona a un cultivador de las letras castellanas para distinguirlo de manera particular, constituye una reiterada afirmación del valor de la literatura misma, y sin duda contribuye de manera muy resuelta a darle el prestigio social que tanto necesita cuando diversos rasgos de la realidad contemporánea muestran una tendencia a descuidar su estudio y a desestimar su importancia. Francisco AYALA de la Real Academia Española del mundo y del hombre por una sociedad que vuelve hoy La Corona, vocacionalmente aglutinadora de todos los modos a pedir a sus intelectuales un dede sentirse español, encuentra bate enriquecedor, capaz de en personalidades como la de aportar nuevas esperanzas en el Francisco Ayala, el ejemplo más futuro. En un tiempo de creciente claro de una España definitivamaterialización de una sociedad mente reunida. en la que aflora el fantasma de la insolidaridad y de la intoleranFrancisco Ayala es, no lo olvicia, la presencia de intelectual demos, un polígrafo. Es decir, alcomo conciencia de nosotros guien que asume la escritura mismos, como voz de los que como vehículo para expresar su pensamiento por cauces divermuchas veces no alcanzan a tesos. Profesor de sociología, ponerla, cobra de nuevo toda su see por ello una concepción del trascendente dimensión. mundo no sólo literaria, sino Recientemente se ha referido próxima al ámbito científico. CosFrancisco Ayala al desmoronamopolita, ciudadano de América miento de las últimas utopías, a y de Europa, ha vivido de prila pérdida de los elementos objemera mano los cambios de la tivos que hasta ahora habían vida contemporánea. servido de orientación a muchos Y ha plasmado su testimonio seres humanos. de las cosas no sólo en su obra estrictamente literaria, en sus noY decía que al escritor sólo le velas y sus narraciones breves, queda el recurso de expresar su sino en multitud de artículos que subjetividad. Pero sin duda en nos han mostrado su diagnóstico esa subjetividad, y desde lo más siempre certero de una realidad íntimo de su reflexión, aún cambiante. puede y debe ayudar a sus lectores a encontrar esa posibilidad Ayala ha sido, por tanto, un inpara entender la realidad que telectual que opina. Alguien que muchas veces es la literatura. no puede reunciar a analizar lo Esa literatura que también, como cotidiano porque considera que es su obligación hacerlo. Y esa a lo largo de los siglos, debería seguir sirviéndonos de consuelo. disposición al análisis y al comentario debe ser- agradecida; En lorazonado ájelos; sentimental está con frecuencia la verdadera grandeza de las palabras. Hay algo que no quiero dejar de destacar de la personalidad de Ayala: su permanente curiosidad, su deseo por seguir viendo pasar la vida con la misma ilusión del primer día, aunque sea disfrazada de escepticismo. Y lo que es tan importante hoy para nosotros, utilizando el castellano como instrumento de su re flexión. Que en este 1992 entreguemos el Premio Cervantes a un escritor español, que ha vivido en América, que ha recibido la hospitalidad vital e intelectual del otro lado del Océano, constituye todo un símbolo. Ayala es, desde su sillón en la Real Academia Española, uno de los encargados de seguir haciendo de nuestra lengua un vehículo capaz de transmitir nuestras mejores tradiciones. En un libro reciente, precisamente titulado La imagen de España Ayala termina afirmando que nuestra patria ha dado una última sorpresa al mundo afirmando su normalidad a cambios muy profundos desde la seguridad de que cada ciudadano puede libremente intervenir en tales cambios. Los españoles, dice el escritor, nos hemos reinstalado en la historia y hemos aprendido la lección de que las páginas de esa historia debemos escribirlas juntos. Juntos, sí. Pero con la ayuda de esos intelectuales que, como Francisco Ayala, gozan del privilegio y sufren la responsabilidad de indicarnos cuál estiman ellos que sea el camino más oportuno. Gracias, pues, a Francisco Ayala por su obra. Por sus mundos de ficción y por sus cavilaciones científicas sobre la sociedad. Pero gracias, sobre todo, por seguir estando bien despierto frente a las realidades del mundo y del hombre. Por haberse ligado conscientemente a esa tradición cervantina del mostrar la vida como es por medio de las maravillas de la palabra. En él vuelve a cumplirse un año más este gozoso encuentro que reúne cada 23 de abril, en el recuerdo del más grande genio de nuestras letras, a ía Corona y a l í f ü l t ü j s oc 3- qrn 3l s zocz ar