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VIERNES 24- 4- 1992 CULTURA ABC Pág. 49 Don Juan Carlos hizo de Francisco Ayala el ejemplo de la España definitivamente reunida Los Reyes entregaron el Premio Cervantes al escritor granadino Dijo Francisco Ayala que la patria del escritor es el idioma; dijo Ayala que está emplazado en tierra de nadie; dijo que el ejercicio literario no es sólo escribir sino también leer. Sus palabras, su discurso de recepción del Premio Cervantes, De Francisco Ayala dijo Don Juan Carlos que ha bebido la identidad plural de la cultura hispánica. El Francisco Ayala que de niño leía el Quijote y repetía palabras malsonantes para escándalo de sus mayores- aún cuando apenas alcanzaba a saber su significado- fue descrito por el Rey como alguien para quien el exilio nunca fue un destierro cultural, alguien que a lo largo de su vida se ha aplicado a la creación por la creación. La Corona- afirmó Don Juan Carlos- encuentra en personalidades como la de Francisco Ayala el ejemplo más claro de una España definitivamente reunida Madrid. Clara Isabel de Bustos acallaron las voces de la tuna, los murmullos de la sala, el viento en el patio del Paraninfo. Sus palabras, breves, serenas, dieron paso al aplauso. En ellas se habló del Quijote de imaginación, de recuerdos, de exilio, de vida. exilio. América- d i j o- es un complementario de Ayala. América está sumida en su literatura Confesó el ministro su dificultad para separar al escritor, el observador, del hombre comprometido, zarandeado por el tiempo y las circunstancias. Ayala, dijo, es un escritor plural y pasó entonces a enumerar al Ayala articulista, al sociólogo, al jurista, al académico, al crítico, al ensayista, al fabulador, al narrador. Pero sus historias, para Solé Tura, no están apartadas del autor. Sus relatos se caracterizan porque el escritor está presente en ellos a través de lo que él llama ficcionalización del autor Idioma y patria Pasaban las doce de la mañana cuando la entrada de los Reyes en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá acallaba los ecos de la tuna que les rondó a su paso por patios y claustros. Incluso cuando sonaban los acordes del himno nacional se advinaban las panderetas en los sones más bajos. Don Juan Carlos abría la sesión dando la palabra al director general del Libro y Bibliotecas, Federico lbáñez ¿quien leyó el acta del fallo del jurado del Premio Cervantes 1991. Tras él, el galardonado Ayala subió al estrado, sonrió a su hija Nina, á su nieta Julieta, a Garolyn Richmond, desde hace años dedicada al estudio de su obra. Habló Ayala de leyendas, del idioma como patria del escritor, de política y literatura, de Hispanoamérica y España, de exilio: Uno se encuentra emplazado en tierra de nadie y de allí pasó Ayala a su reintegro a la sociedad y la literatura española veinte años después de su partida. Habló también de América y, cómo no, del Quijote y de los ecos del hidalgo en su obra. Denunció, por fin, el ascenso de los medios audiovisuales en detrimento de la lectura y la imaginación. Aplausos para el galardonado y te sigue en el turno de la palabra el ministro de Cultura, Jordi Solé Tura. Hizo de Ayala uno de sus escritores más admirados, un hombre de su tiempo. Glosó la figura del autor desde la humilde perspectiva con que éste mira a su persona. Sus palabras quisieron ensalzar los méritos de quien afirma que no es más que un escritor. Francisco Ayala pesadez de las cosas Lo que quiero decir, en definitiva, es que Ayala es un ejemplo representativo de escritor absolutamente libre. Libre para escribir, sin trabas ni imperativos. El premio a Ayala es el premio a un hombre que cree en la humanidad a pesar de sus locuras, que cree en la bondad de la vida a pesar de su brevedad, y que cree en la felicidad de los seres humanos Entre las personalidades asistentes al acto se encontraban el director de la Real Academia Española, Fernando Lázaro Carreter, los académicos Julián Marías, Jesús Aguirre, Emilio Lorenzo, Ángel Martin Municio, Francisco Rodríguez Adrados, Claudio Rodríguez, Joaquín Calvo Sotelo y Pedro Lain Entralgo, los también premios Cervantes Gonzalo Torrente Ballester, Augusto Roa Bastos y Antonio Buero Vallejo; el director del Museo del Prado, Felipe Garín; la directora y presidente del Patronato de la Biblioteca Nacional, Carmen Lacambra y Fernando Moran; y el director del Instituto Cervantes, Nicolás Sánchez Albornoz, (Información gráfica en páginas finales) Sin trabas Para Solé Tura, el escritor a la manera de Ayala, es un defensor de las conciencias, un humanista preocupado por el drama de su tiempo y de sus contemporáneos. Ese es, a mi entender, el sentido de su definición de la novela como penetración radical en el sentido de la vida humana No es Ayala un escritor trágico- concluyó- sino un escritor lúcido, con ápices de ironía, que fijan con más fuerza la acida Tierra de nadie Para Solé Tura, Ayala pasa en su obra revista al tiempo que le ha tocado vivir, marcado por el Dolor del exilio, afinidad con América Reproducimos a continuación el discurso de Francisco Ayala AJESTADES; señores míos: Por una coincidencia que no sabría cómo calificar, el mismo día en que se me otorgaba este galardón tan preciado y honroso que hoy recibo, me encontraba postrado a las puertas de la muerte. En versiones varias, corre por el mundo una leyenda folklórica según la cual, un moribundo obtiene por gracia especialísima un aplazamiento en el último trance, -para que ehtre tanto pueda llevar a cabo aquello que su imprevisión le había hecho descuidar. Con implícita ironía, pretende la leyenda que casi siempre, al cumplirse el término prescrito, y una vez agotado ya el plazo, la tarea siga inconclusa, de modo que todo haya sido en vano. En mi caso, si en tal caso me pongo, una al menos de mis obligaciones pendientes queda solventada en este acto de hoy: la de hallarme aquí presente para recibir de tan suprema instancia el premio que tanto agradezco, y explicar de paso alguna de las particularísimas razones por las que debo esti- M Aunque, si bien se considera, tal explicación resulta innecesaria. ¿Cómo hubiera podido ser de otra manera? Para empezar, la advocación de Cervantes tenía que tener una resonancia de intensa simpatía en quien, como yo, ha dedicado muchas horas de su larga vida, y llenado muchas páginas, en continua aplicación al estudio de su obra; y, sobre todo, para un autor de ficciones literarias que, no menos que- cualquier escritor de invenciones tales, ha debido moverse dentro del ámbito espiritual y trabajar mediante los recursos técnicos que, para universal magisterio, estableciera el autor del Quijote Esto, como digo, por cuanto significa para mí un premio que invoca su nombre. Pero es que éste- e l premio mismo tal cual se encuentra instituido- presenta además rasgos peculiares que a juicio mío le prestan un carácter de especial relieve. He afirmado a veces, en conformidad con otros colegas, que la patria del escritor es su idioma. Pues bien, el Premio Miguel de Cervantes está dedicado a destacar los méritos de quienes cultivan las letras en lengua castellana, cualquiera sea la ciudadanía civil de cada uno. Queda reconocida y sustantivada así la comunidad cultural cuya base sólida es el idioma, sobreponiéndose a los muchos equívocos ocasionados por la historia política del pasado siglo, cuando la ideología nacionalista, instrumento intelectual de que en su día se sirvieron los movimientos americanos de independencia, llevó a involucrar la creación poética con los sentimientos e intereses del patriotismo local. Pero los azares de la política, por mucho que apremien y condicionen y apasionen, no llegan sin embargo a erosionar seriamente el suelo firme de una comunidad idiomática. Por lo demás- y éste es otro acierto complementario- la administración del Premio ha sabido hacerse cargo sin embargo de lo arraigadas que todavía siguen estando confusiones tales de lo literario con lo político, y ha establecido sutilmente en consecuencia una especie de turno informal entre escritores na (Pasa a la página siguiente)