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A B C 69 VIERNES 17 SÁBADO 18- 4- 1992 T eatro De estreno El ojo ajeno Lazarillo sube al escenario Q UE Lazarillo de Tormes es una de las cuatro o cinco obras mayores de la Literatura española no es necesario repetirlo; sí puede ser conveniente advertir que de todas ellas, me refiero a las de los siglos de oro, es la de más fácil lectura; por consiguiente, la menos deteriorada por el paso del tiempo. De ahí que la tarea, obligada para un adaptador, de actualizar algo el lenguaje, precisamente para que no pierda fluidez y ritmo al ser escuchado, para que conserve su claridad y su transparencia, no haya sido muy ardua, y menos aún para un picaro como yo, cuya amistad con el pregonero salmantino data de los catorce años, cuando le encontró por primera vez en económica edición de papel prensa. Ahora el pregonero abandona por poco tiempo plazas y calles de Toledo y se encarama al escenario para emular a tantos parientes suyos, los cómicos. Me he limitado a echarle una mano, pues él nació dotado para fingir y más le enseñó la vida. Con mi escasa ayuda y la muy abundante, eficacísima, inspirada y profesional del cómico Rafael Álvarez El Brujo y gobernado por la invisible batuta del director, seguro que sale bien librado de esta singular peripecia. Al modesto adaptador le han sido de especial ayuda los comentarios de José Antonio Maravall, de Fernando Lázaro Carre- La picaresca del Lazarillo de Tormes en el María Guerrero C. Galindo Como compañía invitada del Centro Dramático Nacional, el próximo jueves, día 23, llegará al escenario del María Guerrero el monólogo Lazarillo de Tormes en versión de Fernando FernánGómez, con puesta en escena de Joaquín Viadas y Rafael Álvarez El Brujo que también es su único intérprete, y que llega a Madrid después de dos largos años de gira y un arrollador éxito de público que avalan esta presentación. Este montaje estará en cartel, durante un mes junto, y a partir del viernes siguiente en programación paralela, con el espectáculo Morirás de otra cosa creado y dirigido por Manuel Gutiérrez Aragón, que se ofrecerá en funciones de tarde. Lazarillo dé Tormes es una de las mayores obras de la literatura español del Siglo de Oro; un teatro claro y transparente que no pierde fluidez y ritmo al ser escuchado. El pregonero salmantino Lázaro, con sus dotes para fingir, se declara y se confiesa a unos cuantos señores a los que el espectador del teatro no ve, según el autor de la versión. De esta puesta en escena, vista por otros públicos y otros críticos, se ha dicho: El Brujo sin más recursos expresivos que ter y de otros sabios, y, especialmente, lo que ha podido hurtar a Francisco Rico, que le hizo fijar su atención en que lo que narra Lázaro es un caso y que lo narra por medio del género epistolar, moda entonces recién importada de la admirada Italia. El adaptador se ha limitado a convertir la carta en declaración- -más o menos pública- y ha resultado un monólogo. Pero no es un soliloquio. Aquí el personaje no medita en soledad, no se autoanaliza ni abre su corazón aprovechando que nadie le ve ni le escucha; al contrario, declara, se confiesa- dice que se declara y se confiesa- a unos cuantos señores a los que el espectador del teatro no ve, pero que están ahí, también como espectadores, y escuchan toda esta retahila, Fernando FERNÁN- GÓMEZ Rafael Álvarez El Brujo su diminuto cuerpo y su quebradiza voz, supo transmitir con sobrenatural eficacia el sentir de un ser humano castigado por las adversidades de la vida, pero que permanece conforme con su destino y optimista ante el devenir... La adaptación teatral recrea, con el impresionante repertorio de gestos y voces de este brujo, no sólo los diversos personajes de la novela, sino los varios Lázaros que hay en ella- h a es- crito José M. Talens- En la obra, se narra como un pregonero, se puntúan las frases con una sobreactuación irónica, se ve al niño ingenuo, al posterior más astuto, etcétera. Dos experimentos en el María Guerrero E NTRE eso que se llama Consorcio Madrid Cultural y Centro Dramático Nacional el Teatro María Guerrero, según parece, nos prepara un buen doblete a partir de la semana que viene. Algo así como una nueva manera de sesión teatral continua con representaciones alternativas, o sea, a las seis, a las ocho y a las once de la noche. Un atracón de públicos, de funciones. La cultura empieza a parecerse a una orgía, siempre que se trate de orgías teatrales. Morirás de otra cosa es el título de un espectáculo del que se responsabiliza el Centro Dramático Nacional de las Artes Escénicas y de la Música del Ministerio de Cultura. Todo un lío enumerativo, algo así como una ensalada de matices expresivos, comunicativos o lo que sea. Madrid Ca- pital Cultural pone a salsa al guiso. Anticipadamente no es posible, ni sería justo tratar de decidir si ese personaje que según tenemos entendido quiere vender su alma al diablo, es un ser de ficción o lo es el autor y director de la cosa, Manuel Gutiérrez Aragón, inquieto realizador cinematográfico, escritor, ahora dramaturgo. Está bien experimentar, investigar sobre temas de hoy, ligados con preocupaciones, asuntos, modelos ya usados y busca así terrenos fronterizos entre lo cinematográfico y lo teatral. Vivimos un momento propicio a la experimentación, sobre todo si se cuenta con platitas institucionales, puesto que muchos síntomas parecen indicar un decaimiento grave de lo que antaño era considerado como medios puros de expresión Ahora no se puede decidir con seguridad, y menos por adelantado, si es que todo es todo o quizá que nada es nada. Todo indicaba que desde hace años el diablo había dejado de comprar almas. Había demasiada oferta gratuita. Es posible que Guitérrez Aragón, fortalecido por los medios oficiales citados haya descubierto algún procedimiento de venderle lo que ya parecía invendible, al diablo. Esa esperanza estimula al crítico, que acudirá en cuanto pueda. Suponemos que puede estimular también a los espectadores. Ver en un escenario a numerosos personajes puede ser otro atractivo por contraste de este tiempo de funciones que son o soliloquios o diálogos disimulados. Insistiendo: propuesta, muy fomentada, muy protegida, que está ahí con sus capitalistas atractivos. A algún autor joven y acredi- tado le hemos visto últimamente estrenar en cualquier bochinche resucitado, textos soñados y escritos desde el abandono. Fernán- Gómez, un todo- terreno actor, autor, director, articulista, comparte escenario con un Lazarillo de Tormes pasado desde el clasicismo picaresco de la novela, a las variaciones de lo musical. Con un actor singular, Rafael Álvarez El Brujo y la ayuda cultural de primeras firmas. Lázaro es un gran personaje. Eso pone a prueba a su adaptador. Una gran ocasión para que el talento ponga en evidencia a muchos improvisadores. Pasar del gran relato a la viva y directa acción, es un desafío. Fernán- Gómez es digno de esa prueba. Le esperamos llenos de confianza. Lorenzo LÓPEZ SANCHO