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MIÉRCOLES 18- 3- 1992 DEPORTES ABC. Pag. 81 65- 63: Brown, ángel salvador delReal Madrid El pívot norteamericano, con un derroche de fuerza española, ganó la Copa de Europa Nantes. Julio Carlos Diez, enviado especial La garra de Rickie Brown, cuando peor estaban las cosas para el Real Madrid, salvó a su equipo de un nuevo descalabro en el baloncesto continental. El pívot norteamericano enmendó, con una ráfaga rebosante de genio y bravura, los yerros ajenos y convirtió Nantes vuelve a entrar en la historia del club blanco, aunque lo único que se pueda recordar del undécimo trofeo europeo sea ese segundo de furia del menos español de todos los campeones. El 65- 63 final es el pobre bagaje numérico de una final cuajada de mal juego, errores constantes y falta de coraje. Para hacer justicia a lo realizado por el Real Madrid en Nantes es preciso irse directamente a los últimos minutos del partido. La clara ventaja blanca en el marcador, conseguida en la primera parte, se había diluido como un azucarillo en agua caliente. En cuanto el equipo se vio con posibilidades de ganar, se convirtió en un marmolillo. Nadie pudo soportar la tensión; las piernas se arrugaron y los brazos temblaron. No había sobre la pista más que un grupo de hombres amilanados, incapaces de cumplir con su cometido. Las torpezas se repetían y, a cada punto que recuperaba el Paok, se acrecentaban. A dos minutos y diez segundos para el final, Prelevic lograba el 61- 59. Y el Madrid quería desaparecer de la pista. El balón iba de unas manos a otras, sin orden ni concierto. Y nadie miraba al aro. El que recibía el pase se lo largaba al siguiente. Llórente convirtió un uno mas uno. Fassoulas no hizo lo propio tras el enésimo regalo de Barlow. Quedaban pocos segundos y el ataque del Madrid fue una nueva exhibición de pavor a lanzar, hasta que Llórente, apurado por el tiempo, tiró a tontas y locas. El Paok, por medio de Prelevic, hizo un triple desde lejísimos, para el empate a 63. Faltaban ocho segundos, y el Paok recurrió a la personal rápida. A Simpson le tocó el turno de arrugarse en el uno más uno correspondiente. Y falló: rebote para los griegos y, a la desesperada, Brown sacó a relucir su garra y logró arrebatarles el balón y encestar. Todo, visto y no visto. Era el triunfo, la alegría, la fiesta, todo lo que ustedes quieran añadir. El equipo atemorizado salía coronado campeón. Antes, se había visto una final europea muy desequilibrada. En la primera parte, el Paok había sido una sombra de sí mismo. Llegaba como campeón y con la aureola añadida de líder de la Liga griega. Galardones indiscu- Undécimo título continental de baloncesto para los blancos, ante el Paok, en Nantes a su equipo en campeón de la Copa de Europa (la antigua Recopa) en el instante en que el Paok de Salónica soñaba con revalidar nuevamente su título. Tres mil gargantas griegas se quebraron en ese mismo momento, justo cuando iban a corear el éxito de sus jugadores. El Real Madrid no jugó bien, pero se llevó el trofeo. que confirma la falta de confianza del equipo blanco. No se buscaba imponer un estilo de juego, sino neutralizar lo mejor posible el del rival. La jugada salió bien en los primeros minutos, porque los griegos lo fallaban todo y Simpson enchufó un par de triples que llevaron el marcador a un rotundo 8- 0 (minuto 2) que resultaba, sintomático por lo que representaba para el Paok. Pero la felicidad, en un equipo al que se le nublan las ideas en exceso cuando se enfrenta con la responsabilidad de ser campeón, no podía durar mucho. Vino, a continuación, lo mejor del campeón. Romay, Llórente y Cargol ocuparon las plazas de Martín, Antúnez y Biriukov. Y se notó. Hubo más rebote, mayor orden y superior capacidad de juego. El marcador se disparó, porque Barlow era un amigo- s u primera canasta, a seis minutos del descanso- y Prelevic, más o menos lo mismo. La ventaja crecía hasta el 43- 28 del descanso y la final parecía resuelta. Pero quedaba por ver lo peor del Madrid. Eso que sólo sale a relucir en los momentos más delicados. El segundo tiempo se convertía en un martirio para todos, jugadores, técnicos, aficionados... Resultaba patético ver cómo una y otra vez el balón se regalaba, se perdía o se entregaba al rival. Faltaba esa garra que distingue a los mejores. Y el Paok, sin jugar un pimiento, con Barlow en la cúspide de los yerros, acortaba distancias. Primero, a diez puntos; luego, a ocho; más tarde, a cinco. Y así, hasta el empate. Sálvese Brown de la quema y guárdese cada cual en su armario la desilusión vivida, aunque el éxito compense el desperfecto y cada cual sea muy dueño de pensar que el triunfo es suyo. En justicia, la plantilla al completo, el entrenador y hasta el presidente deberían hacerle un monumento al pívot norteamericano. Sin él, el Madrid no sería hoy campeón. Real Madrid: Biriukov (0) Antúnez (2) Brown (18) Simpson (24) Antonio Martín (7) -cinco inicial- Llórente (6) Romay (2) y Cargol (6) Paok: Boudouris (3) Prelevic (29) Barlow (5) Papahronis (5) Fassoulas (17) -cinco inicial- Stavropoulos (0) y Filippou (4) tibles, pero incomprensibles para quien lo viera por primera vez. Su rendimiento en la pista dejó mucho que desear; tanto, que se convirtió en un equipo de tercera fila, de esos que forman cinco amiguetes para participar en cualquier torneo autonómico. Fassoulas, peleador incansable bajo ambos aros, se desesperaba al ver la falta de juego de sus compañeros. Los dos extranjeros, el norteamericano Barlow y el yugoslavo Prelevic, parecían aprendices de primer año. Y los demás, simples comparsas. Contó Luyk inicialmente con Biriukov, en lugar de Cargol, lo Luyk: Lacanasta de Ricky ha sido lo más bonito de mi vida Nantes. J. C. D. Clifford rememoró la Copa de Europa ganada en Nantes (74) como jugador, con esta victoria como técnico: Dedico el triunfo a mi hijo Alejandro, que cumple doce años el día en que ganó este título. Estará botando de alegría en casa, pero sin balón ¡Qué alegría! El entrenador del Real Madrid emanaba felicidad nada más ver la última cesta de Brown: La canasta de Ricky es de lo más bonito que me ha ocurrido en la vida. Sacó su negra mano como una serpiente y marcó esos dos puntos de forma maravillosa El técnico del equipo blanco irradiaba alegría. Fichado por Ramón Mendoza y Mariano Jaquotot porque era quien conocía los sistemas de Karl, ahora obtiene este título que rubrica su contratación. Luyk dedicó esta Copa de Europa a mi hijo Alejandro, que cumple doce años éste mismo día que ganamos la Copa de Europa. Estará botando en casa de alegría, pero sin balón El entrenador madridista destacó que estuve tranquilo, no más nervioso porque fuera una final europea. Y al final hemos ganado como cuando lo hice como jugador, aquí en Nantes: en los últimos segundos Rafael Rullán destacó que he vuelto a vivir lo que es un triunfo europeo ¡Qué emoción!