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f Murió a los 82 años el político monárquico, liberal y europeísta Joaquín Satrústegui Sus cenizas serán inhumadas hoy, por su expreso deseo, en el panteón familiar de San Sebastián Su último trabajo inconcluso recordaba el Contubernio de Munich donde sufrió represalias Políticos e intelectuales rinden homenaje a un destacado impulsor de la democracia Joaquín Satrústegui murió repentinamente la noche del pasado miércoles a la edad de 82 años después de sufrir un infarto. El político de profundas convicciones monárquicas y liberales tuvo un papel activo en la oposición democrática al franquismo, con una valiente defensa del restablecimiento de la Monarquía parlamentaria preconizada por el Conde de Barcelona. Tras participar Joaquín Satrústegui mantuvo una intensa actividad hasta el día mismo de su muerte, en el que llegó a ser entrevistado por la cadena autonómica de la televisión valenciana pocas horas antes del fallo cardíaco que acabó con su vida. En aquellos momentos el político se encontraba muy animado y estuvo cerca de cuatro horas sometiéndose a las exigencias del programa televisivo. Después terminó y corrigió una conferencia que tenía previsto pronunciar ayer en el Congreso Internacional sobre España que se celebra en el Centro Cultural de la Villa en su calidad de presidente de la Casa de Europa. Madrid de una manera activa en la reunión de Munich, que la propaganda oficial calificó de Contubernio y por la que fue represaliado, se unió a plataformas democráticas y posteriormente fue miembro de las Cortes hasta su retirada de la política activa en 1982. Quienes le conocieron han ensalzado su fuerte sentido del deber y su estilo ético, aún en los momentos más difíciles. de los Sagrados Corazones de Madrid. Ayer, su casa madrileña fue escenario de profundas muestras de dolor de todos los amigos que hizo a lo largo de su dilatada actividad política. Fontela; Jesús Verdasco; José María Álvarez del Manzano; Juan Antonio Cánovas del Castillo; Fernando Moran; Vicente Piniés; Jaime Miralles Álvarez; Pedro Laín Entralgo; Santiago Castelo; José Ignacio Márquez y Cano; Ignacio Pérez de Herrasti y Nárvaez; Gregorio PecesBarba; Antonio Garrigues Walker; el marqués de Silvela; Antonio Matos Lecuona; Emilia G. de Azcárate; Carlota García del Real de Bustelo; José Antonio Domínguez Salazar y María Concepción Urquijo Domínguez; Gabriela Foret de Silvela, baronesa de Prata; Teófilo Egido Fuentes y Carmen Herrero de Egido; Ignacio Loring; Fernando Gil Díaz- Ordóñez; María Luisa Borrell Castro; Diego Carbonell y Montero Ríos; los condes de Asumar; Ángel Gracia Oliveros; E. Población Knappe; Manuel López Rodríguez y Rosa María García de la Chica; Antonio Saz de Montagut; Julián Zabala Abecia; Joaquín Ruiz- Giménez; Alberto Gorordo Garay; Antonio J. Carrera Fullea y Cristina Melgar Oliver; Miguel Fisat; Jaime G. de Vinuesa; Ignacio Herraiz Lage; Luis Muñoz- Rojas; Leopoldo Lovelace Romero y Marisa Guisasola de Lovelace; Javier de Calonge y Comyn y el director de ABC, Luis María Anson. Todos los que le conocieron han destacado del político su fuerte sentido del deber y su estilo ético, Su última conferencia fue leída ayer en el Congreso Internacional sobre España y el Proceso de Construcción Europea que se inauguró en el Centro Cultural de la Villa. Su amigo, el abogado Jaime Miralles, fue el encargado de leer el discurso de Satrústegui, que bajo el título La vocación europeista de los españoles hacía un repaso a la historia reciente del país, a la influencia de los acontecimientos posteriores a la Segunda Guerra Mundial y al origen del movimiento europeo. Condolencias Representantes de todas las tendencias políticas y del mundo de la cultura dieron el pésame a la familia. Entre ellos se encontraban el duque de Alburquerque; Leopoldo Calvo Sotelo; Antonio Fontán; José María Gil Casares; los marqueses de Luca de Tena; Joaquín Calvo- Sotelo; Carlos María Bru; Fernando Álvarez de Miranda y Torres; Luis Muñoz Rojas; José Mario Armero; Juan Antonio del Castillo- Olivares Apartado de la política En 1982 se había apartado, sin embargo, de la política activa. El año pasado recibió de manos de Don Juan de Borbón la Gran Cruz del Mérito Civil, en distinción a su actividad política en favor de las instituciones democráticas, a petición de Adolfo Suárez y más de cuarenta líderes políticos. Desde entoces, se dedicó a su profesión de abogado y a la dirección de vahas empresas, aunque, en los últimos tiempos, también se había apartado de la actividad profesional. Hombre de profundas convicciones europeístas y liberales mantuvo un activo papel por la causa de Don Juan de Borbón lo que le llevó a participar en el llamado Contubernio de Munich celebrado en esa ciudad en 1962, para defender la Monarquía como la única posibilidad de superar la Guerra Civil y posibilitar la integración de España en Europa. Desde finales del año pasado, el político fallecido tenía algunos problemas de corazón que se sumaron a otros locomotrices que ya padecía desde hace tiempo. Sus restos fueron incinerados, en un acto íntimo, en el cernen- terio de la Almudena por su expreso deseo y las cenizas serán inhumadas hoy en el panteón familiar de su ciudad natal, San Sebastián, donde siempre quiso volver. Los funerales tendrán lugar el próximo lunes en la iglesia Una profunda lealtad CABO de saber que ha muerto inesperadamente Joaquín Satrústegui. Estoy seguro de que va a ser una noticia particularmente dolorosa para todos los que le conocían. Y no me cabe duda de que su dolor será sincero. Joaquín Satrústegui era una de las figuras más dignas y limpias de la España de nuestros días. He gozado de su amistad durante muchos años. Ha tenido siempre una profunda lealtad a sus convicciones: era monárquico y liberal con todas sus consecuencias. Lo era también con respeto, con exquisita cortesía, con una caballerosidad de la que no quedan muchos restos, ni siquiera el uso de la palabra que rara vez se oye o se ve escrito. Sentía profundamente los problemas españoles y en la medida de sus posibilidades A contribuyó a que se orientaran por el mejor camino, sin daño de nadie, porque le importaba la convivencia que una vez se había roto y que deseaba ver establecida para siempre. Pertenecía a esa clase de españoles que cruzan la vida manteniendo un decoro que en tiempos más fáciles no costaba gran esfuerzo sostener, pero que en nuestra época tiene un mérito superior, porque las tentaciones y las presiones son demasiado fuertes y constantes. Vivió con discreción y elegancia, sin apenas hacerse notar, sin proclamar ni reclamar la importancia que tenía. Con eso, con la conciencia de hacer lo que era debido y eK afecto de sus amigos le bastaba. Acaso no puede pedirse más. Julián MARÍAS de la Real Academia Española