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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 29 DE ENERO DE 1992 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA ACE unos días la A c a d e m i a Española debatía una propuesta para introducir en el Diccionario, junto al término admitido hematíe (mase) una forma hematía (fem. La propuesta encontraba, en general, simpatía, pero se esgrimían diversos argumentos en contra, entre ellos el previsible poco éxito. Este tema me da pie para hacer en voz alta algunas reflexiones sobre algo que es vital para nuestra lengua española: su necesaria normalización continuada, ahora más precisa que nunca. Quizá puedan interesar a un público amplio. Por supuesto, todo esto no compromete a nadie, sólo a mí mismo. Expondré la cuestión, para abrir boca. Hematíe es una palabra acuñada en Francia, en el siglo pasado, sobre el griego hemat- sangre y un sufijo también griego -ía que en francés se adapta como -ie Formación correcta, sobre modelos antiguos. En español la copiaron servilmente, sin hacerla volver al -ía que es no sólo griego sino también latín y español. Peor todavía, como en francés l hematie la elisión de la vocal del artículo no permite reconocer si es masculino o femenino e igual ocurre con el plural les aquí, erróneamente, declararon a la palabra femenina. En fin, un monumento a la incultura nacional, como tantas derivaciones de palabras francesas con -e muda final, con la que nuestros adaptadores no sabían qué hacer: ya la dejaban, ya la hacían -a aeda estratega por aedo estratego) O como, para el género, cuando se habla de los Upanisad (deberían ser las sólo porque en alemán (Schlegel y Schopenhauer son quienes pusieron de moda estos diálogos filosóficos de la India) el artículo plural díe no distingue masculino y femenino. Puestos en apuro, nuestros sedicentes indianistas tiraron una moneda al aire e hicieron masculino lo que era femenino. En fin, es como si a la nostalgia que es griego llegado a través del francés, la hubiéramos dejado en nostalgíe o quizá a la poesía en poesíe Pero no fue así y ahora mismo dicen croisantería no croisanteríe Menos mal (aunque yo diría cruasantería siguiendo la fonética, no la ortografía: como en restorán mejor que restaurante Todo esto nos lleva al problema de la normalización, la necesaria régularización, unificación, en una determinada medida, de una lengua. No alarmarse: la determinada medida es bastante reducida, todavía, en español. No es como cuando se intenta que una lengua que ha vivido mucho tiempo sobre todo en dialectos y en el uso familiar, se convierta en una lengua realmente unitaria y común. Vuelvo a ésta más modesta normaliza- ABC ción. Me voy a referir a ella sobre todo en torno al problema de los anglicismos, que es ahora el más acuciante. Plantea dos cuestiones: la de los criterios de la normalización y la de hasta dónde puede llevarse, en qué medida puede tener éxito. Los anglicismos son hoy necesarios, a mí no me asustan, coincido plenamente con lo que en estas páginas decía Fernando Lázaro. Pero están llegando en oleadas excesivas. Y necesitan una adaptación a la fonología y a los mecanismos de su fijación y composición de nuestra lengua. Ello en el caso de que sean necesarios, porque a veces se toman por prisa, pedantería o ignorancia. Creo que habría que establecer cuanto antes los criterios de adaptación fonológica y formal. Igual que es absurdo el -íe de hematíe aislado en nuestra lengua, del mismo modo habría que, por poner un ejemplo, eliminar los gerundios ingleses en -ing que incorporan una derivación no española y una fonología no española, la -g final (dejémosla para el gulag que después de todo no es español) ¿Por qué no decir liftin esmoquin zápin (con una sola -p la geminación no es española) planin Aunque en vez de esta última palabra nos bastaría con plan o planificación porque si no, nos la van a españolizar haciéndola planin como me decía un impresor amigo. Afortunadamente, sleeping car ha cedido el paso a coche- cama ¿Pero qué decir del consulting veterinario que se anuncia en un pueblo de Castilla? ¿Y (pasando a otro tema) qué decir del habitat latinismo de la lengua científica, también antifonológico, que algunos hacen pasar a la común? Leía yo desde la ventanilla del coche un letrero: Se alquila un habitat ¿Qué será eso preguntaba yo. Y respondía mi mujer: No lo sé, seguro que algo pequeño y caro. Limitación de la entrada de términos a los necesarios, los que traen una cosa o un concepto nuevos que requieren un término especial y los que han adquirido una difusión internacional. Adaptación fonológica y formal. Éstos podrían ser los criterios. No es que no traigan problemas, ellos también. ¿Qué hacemos con las -t finales del inglés, perfectamente anómalas en español? ¿Dejamos confort o introducimos confor o conforte (como se reintrodujo deporte en vez de sport Y luego hay el problema de los plurales ¿restoranes o rectorantes? ¿Liftings liftins o Mítines? Y el de las derivaciones: en vez de hacer zapping (o, mejor, zapin yo propondría zapear como de shoot se hizo chutar Por cierto que la adaptación y la sustitución otras veces portero fuera de juego tanteo arbitro de los anglicismos deportivos del inglés en los años veinte fue una cosa modélica. DOMICILIO SOCIAL 61 SERRANO, 28006- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 120 H PARA UNA NORMALIZACIÓN DE NUESTRA LENGUA En fin, habría que tomar decisiones. El mundo gira muy deprisa y el problema de lo anglismos y el problema del vocabulario técnico en general están en ebullición. Y hacemos poca cosa. En Francia son mu- cho más drásticos. Y aquí el problema es más grave porque nos exponemos a que en estos dominios el español de nuestra enorme comunidad de naciones se fragmente sin remedio. Pero viene el último problema: ¿en qué medida las normas que se dictaran serían seguidas? Normas indicativas, entiéndase, no se propone ninguna dictadura lingüística, ninguna policía lingüística, ninguna inquisición. Yo soy más optimista que otros, a quienes se les aparecen los espectros de cuando la Academia propuso perífono en vez de radiofonía o radio o simplemente balompié que aunque todavía está en el Diccionario sólo ha tenido éxito en el nombre del Betis. ¿Se lograría introducir hematía conforte zapear Ya se sabe, a veces se acierta, a veces no; a veces se tiene éxito y a veces no, pero habría que, al menos, intentarlo. Modestamente, sin exageraciones. Después de todo, muchas palabras o locuciones o sentidos nuevos de antiguas palabras se impusieron. Y la pequeña guerra que los helenistas, entre otros, llevamos contra aeda estratega va apuntándose tantos. Lo peor es no hacer nada. En fin, es cierto que para establecer las credenciales de una palabra en términos generales es preciso investigar su uso: de ellos hablaré en otro artículo. Pero hay un margen para la adaptación y aún la creación, que debe ser uniforme para todo el mundo hispánico. Junto a los herederos de los anomalistas antiguos, debe haber un pequeño hueco para los analogistas. No repitamos siempre a aquel divertido personaje del Banquete de los sofistas de Ateneo de Náucratis a quien llamaban Keitúkeitos porque ante cada palabra dudosa de los comensales preguntaba keítai e ou keítai? es decir, ¿está documentada o no está documentada? Hay palabras nuevas que entran ahora o rectificaciones analógicas de otras antiguas que mal pueden estar testimoniadas. Pero hoy estamos en un mundo diverso. Está bien el Diccionario, está bien el Boletín de la Academia, están bien nuestros artículos eruditos. No basta. Hoy hace falta dirigirse a los círculos interesados en cada dominio del léxico y a los medios de comunicación en general. Buscar la difusión máxima de lo que se decida, que debe ser sólo indicativo, pero preciso y claro. Algo así como cuando aquellos beneméritos lexicógrafos de la Antigüedad, verdaderos patronos de nuestras Academias, Frínico y Moeris, escribían aquellas listas de palabras: dígase así, no se diga de ese otro modo. Francisco RODRÍGUEZ ADRADOS de la Real Academia Española