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SÁBADO 9- 11- 91 ESPECTÁCULOS -Crítica de teatro ABC. Pág. 89 Celeste... noes un color o la aventura renovadora de Lina Morgan Título: Celeste... no es un color. Texto: Roberto Romero. Música: Gregorio García Segura. Dirección: Víctor Andrés Catena. Escenografía: Wolfgang Burman. Figurines: J. M. Ligero. Coreografía: Jorge Borré. Intérpretes: Lina Morgan, Marisol Ayuso, Paloma Rodríguez, José Albert, Antonio Caro y José Cela. Ballet Nueva Imagen. Teatro de La Latina. Lina Morgan, la última gran figura de ese género muy peculiar de Madrid en sus formas tradicionales al que llamamos revista, estrella de personal y singularísima manera, después de una vacación que seguramente ha parecido demasiado larga a sus muchos incondicionales, figura de espectador al que en esta feliz hora de europeización llamamos fan que es inglés, ensaya al regresar un laudable intento de renovar las formas del evento escénico. Evento -con perdón- -es una palabra que luce mucho por que la han puesto de moda en la tele y en la radio los señores diputados y ministros de la mayoría. Nos justifica el uso de la palabra, que viene del latín y la usan poco más o menos, los franceses, que dicen evenemant ios ingleses, que hablan de event y, más aún, de musical evening aunque en cambio los alemanes, que son tan suyos, llamen ereignis al espectáculo, lo que nos despista mucho a los paletos cuando vamos a Hamburgo ávidos de emociones, la circunstancia de que Celeste... no es un color ya no es una de aquellas revistas ni tampoco en rigor una comedia musical Es, me atrevo a insinuarlo, un evento; un musical evening que se han sacado de la manga Lina y Romero en un atrevido momento de creación. Este musical evening que nos propone Lina Morgan tiene todavía genes de la revista y del musical, pero renueva, refresca, internacionaliza el espectáculo. Roberto Romero introduce una digamos dialéctica de la risa que escapando del tradicional juego de palabras chulón, madrileñista, más viejo que los chistes del gran Arniches, mete graciosamente el vocablo foráneo y hace reir de alegre sorpresa rematando, por ejemplo, una tirada muy española con el francés ne me quites pas que cantaba el querido Georges Brassens o larga una parrafada de perfecto lunfargo bonaerense para que entre como un explosivo de risa en la casita madrileña de Celeste y su amiga. García Segura aplica su rica técnica musical para colocar evocaciones modernizantes de viejos números líricos madrileñistas todavía más que brasileños en cantables y bailables llenos de humor y de alegre parodia como Dame coco, Darío Lina de Madrid o Suite española que contrastan con los deliberados temas americanizantes que rematan con la caliente milonga y el espectacular ¡Que siga el tango! movido número de conjunto, muy de gusto y de la destreza de Lina Morgan, donde se clausura alegremente el musical evening que es Celeste... no es un color Lina Morgan siempre será Lina Morgan aunque ha estilizado, decantado, afinado, mediante reducciones acertadas, su anterior manera revistera Está más moderna y tan eficaz como siempre. Dice con más contenida y sin embargo tan elocuente comicidad que antes y así su Celeste muestra dos modos diferenciados, el de la madrileñita tradicional enamorada de un chulo chistosamente afrancesado, quizá por los compañeros galos cono- cidos en la prisión de AlcaláMeco, y la aprendiza de ángel que viene a Madrid en misión especial del colegio angélico, que más desarrollado habría sido elemento poetizador y renovador del espectáculo. Marisol Ayuso supera en la interpretación de la eutrófica y no poco gandulona amiga de Celeste los logros de su carrera. Está natural y finamente cómica. Ella y Celeste son dos buenos caracteres en que se mezclan comicidad y ternura. Cumplen sus cometidos con elogiable continencia gestual y tonal, Querejeta, Paloma, Albert, Caro y hasta Cela que carga con el único papel inncesariamente desmadrado de la fiesta. Los niños y sobre todo las niñas, ¡qué figuritas esbeltas! del ballet sirven con modernidad la corta expresividad danzante y cantante de la sobria coreografía aplicada Lina Morgan por Borré a los números musicales, ligeros y finamente folclóricos al modo de hoy que libres de justificaciones arguméntales, cortan la acción de cuando en cuando. Acción dirigida con freno, y marcha atrás, no, sino hacia delante, por el veterano Catena. La evolución prudente de Lina Morgan, adorada por su público, marca la búsqueda de un porvenir actualizado a su género habitual; quien sabe si un tanteo discreto hacia la comicidad de la comedia. Que sea para bien. Lorenzo LÓPEZ SANCHO Leticia dos grandes actrices en una extraordiaria pieza de Shaffer Título: Leticia Autor: Peter Shaffer. Versión: Concha Alonso. Dirección: Manuel Collado. Escenografía: Ramón Sánchez Prats. Iluminación: José Luis Rodríguez. Intérpretes: Amparo Baró, María Fernanda D Ocón, Manolo Andrés, Alberto Merelles, Flavia Pérez de Castro, etcétera. Teatro Marquina. Vuelve al teatro Marquina, escenario de éxitos no olvidados, Peter Shaffer con su pieza Leticia Lo trae su fiel Manuel Collado, nostálgico de aquel Equus del teatro de la Comedia con cuyos desnudos envueltos en un complejo equinosexual conturbaron la apacible calma de su momento. Montajes como el de Ejercicio para cinco dedos Amadeus El apagón habían dado gran prestigio al autor de otras grandes obras como La caza real del sol o La batallas de las confesiones creo que no conocidas en España. No diré que esta de ahora, Leticia sea la más importante construcción de Shaffer, pero está claro que desde su original arranque cautiva al espectador. Como casi siempre, el brillante autor inglés enfrenta a personajes extraordinarios. Lettice Donffet, guía de turismo en la Casa Fustian Wiltsahire, hija de una actriz, es una soñadora refugiada en el pasado, enemiga del presente, que necesita embellecer, dinamizar cuanto toca. Lotte Shóen, menos inglesa porque una rama alemana corre por sus venas, es realista, actualista, ti- rana de la precisión y la verdad más cercana. El choque de las dos mujeres echará chispas. La primera, víctima del rigor realista impuesto por la segunda. Un segundo encuentro, sin embargo, transformará la situación. Lotte será absorbida, hechizada por la fuerza fantacreadora de Lettice. Ese duelo es un precioso contraste de caracteres femeninos, de culturas, de épocas históricas, de realidad y poesía. Una fusión emocionante de doS situaciones inicialmente antagónicas en un despliegue de habilidades teatrales. Risa, emoción, asombro, ternura, espectación se suceden brillantemente. Hay otras formas de teatro pero nadie en este momento del teatro mundial hace mejor teatro, de más fuerza, de más calidad, que este poético revolucionario contra el progreso actual, contra las deducciones propias de nuestro tiempo, como el inglés Peter Shaffer. Esta comedia no es un Ejercicio para cinco dedos Es un ejercicio para dos estrellas. Y estas, Amparo Baró y María Fernanda D Ocón, son dos estrellas de máxima dimensión en la Leticia de la una y la Lotte de la otra. La Baró hace el mejor papel de su vida. Está sugeridora, fantástica, cómica, seductora como lo es Leticia. Un rico juego de matices. La D Ocón, en un personaje menos extrovertido y poético, da a Lotte las sutiles variaciones de una transformación mágica. Domina con sensibilidad los resortes de su mutación psicológica con una madura seguridad de gran actriz capaz de ser sobria y brillante Lotte ante la arrebatadora seducción de su compañera. Manuel Andrés tiene la suerte de disponer de una situación de actor para el abogado Bardolph, su personaje. Situación de oro en la que un gran autor puede mostrar lo que ha sucedido sin contarlo. Teatro auténtico, profundo, sugeridor, sólidamente organizado por Manuel Collado en un montaje mimado desde el espléndido escenario mutable, el vestuario y la música. Una época, una arquitectura, un arte poetizados en confrontación con el presente. Todo está jugado con soltura, desde los graciosamente reite- 0 rantes principios irónicos a los hondos matices que siguen y transforman hasta descubrir la crítica objetiva final, L. L. S.