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JUEVES 31- 10- 91 CONFERENCIA DE PAZ EN MADRID A B C 47 C OMO ciudadano español, y como miembro de la comunidad judía en nuestro país, la elección de España como sede de la Conferencia de Paz sobre Oriente Medio, es un motivo de lógica satisfacción, pero también de serena reflexión. Que Madrid haya sido elegida, que España se haya colocado en el mapa político mundial en un lugar nunca alcanzado desde el declive del imperio español no es fruto de la casualidad. Es el resultado de la conjunción de una serie de hechos y vicisitudes, que pueden exp icar por qué un país, durante siglos al margen de los grandes acontecimientos mundiales y hasta 1975 virtualmente aislado de los centros de decisión políticos, se ha convertido, con su capital, en un foco de atención que brilla con luz propia en el proyecto de un nuevo orden mundial. No soy quién para juzgar estos acontecimientos desde la perspectiva de otras partes representadas en la Conferencia. Pero creo que puedo analizarlos desde la óptica judía. Y para ello debo recordar la historia. Las persecuciones de los judíos en España, que comenzaron en 1391, hace seiscientos años, y culminaron con su expulsión por los Reyes Católicos en 1492, crearon una separación entre el pueblo judío y España que ha durado cinco siglos, muy largos para todos, pero especialmente para nosotros. El reencuentro, a diferentes niveles, es relativamente reciente. Tiene sus antecedentes en la Constitución española de 1869, y en un decreto de Primo de Rivera en 1924. Adquieren cierta fuerza en 1965 y en 1967- 68, con la aprobación por las Cortes de la denominada Ley de Libertad Religiosa, para culminar hace tan sólo unos años, en enero de 1986, con el reconocimiento por España del Estado de Israel y del establecimiento de plenas relaciones diplomáticas. Como puede verse, el mundo judío sufrió una evidente situación de ostracismo con respecto a España y, sin embargo, el Estado de Israel ha considerado a Madrid, como el lugar apropiado para vivir su máximo envite desde su creación en 1948. Ese cambio de postura se corresponde con un cambio en la actitud del Estado español. MADRID, SÍMBOLO Y ESPERANZA En la actualidad, queremos pensar que se quiere volver a esa gloriosa etapa de la Por Max MAZIN Historia en que la Península Ibérica era el En un rápido recorrido por la historia con- lugar donde convivieron las tres culturas, cristemporánea, vemos como la comunidad ju- tiana, judía y árabe, en una armonía y amdía, numéricamente escasa desde finales del biente de creatividad nunca alcanzado en ninsiglo pasado, aumenta demográficamente a gún otro lugar. partir de la independencia de Marruecos en Esa convivencia ha dejado imborrables 1956, y la consiguiente emigración de su po- huellas, como recuerda el académico y Nobel blación judía hacia otros destinos de Literatura, Camilo José Cela, más hóspitos. El reconocimiento en su obra Judíos, moros y de la libertad de cultos en 1967, cristianos y en la que atribuye abre paso al año siguiente a la un tercio de influencia a cada inauguración oficial de la primera una de las partes en la formasinagoga en España desde el sición de los pueblos de España. glo XIV. Al restablecer los puentes roAl mismo tiempo, tras larga intos durante siglos, con el pueblo sistencia y ardua negociación en judío y su moderna representael Ministerio de Justicia, este Deción en el Estado de Israel y, a partamento, en documento oficial pesar de siglos de vicisitudes y fechado el 14 de diciembre, de trágicos enfrentamientos, Es 1968 y dirigido al que firma este paña sigue siendo el único cataartículo entonces presidente de lizador potencial de buenas vola Comunidad Israelita de Maluntades de las dos partes hoy drid, reconoce oficialmente en en conflicto Max Mazin nombre del Gobierno la derogaPor ello, y porque el pueblo juPresidente de honor de dío fue siempre amante de la ción del edicto de expulsión de la Comunidad Israelita paz, que le fue negada a lo largo los judíos en España dictado por de Madrid los Reyes Católicos el 31 de de casi toda su existencia, la comarzo de 1492. Así se cerraba oficialmente munidad judía española se siente orgullosa y una situación de ambigüedad política y legal, reivindicada en las páginas más gloriosas que sin embargo se mantenía en la política de su historia pasada, y de su actual renaciexterior. miento, por la elección de Madrid, capital de Porque si en 1965, el Gobierno reconocía, España, como lugar en el que espera ver oficialmente a la comunidad judía, al amparo sembradas las simientes de una paz justa y de la Ley de Asociaciones del mismo año, duradera. imponía el cambio de nombre presentado en Es evidente que sin la normalización de la los Estatutos de Comunidad Israelita de Madrid por el de Comunidad Hebrea de Ma- situación de la comunidad judía en España, y drid Con ello las autoridades deseaban evi- el establecimiento de plenas relaciones diplotar la posible confusión entre el término israe- máticas con el Estado de Israel, España no lita con el de i s r a e l í que s i g n i f i c a hubiera podido desempeñar el papel de anfiperteneciente al Estado de Israel. El Go- triona de la histórica Conferencia. Conferenbierno español, quería destacar cuidadosa- cia en que los judíos de España, quinientos mente cualquier connotación con el Estado años después de que acabara trágicamente judío. Y todo ello por seguir una política pro- una larga historia de 1.500 años de convivenárabe que fue la constante del régimen de cia entre las tres culturas, ven un símbolo de Franco, reforzada posteriormente por los Go- esperanza que debe redundar en beneficio biernos de UCD presididos, por Adolfo Suá- de los pueblos enfrentados y de la paz que todos anhelamos. rez. Algo Inteligente se