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100 ABC DEPORTES DOMINGO 13- 10- 91 1- 2: Francia sepulta a la selección Los internacionales españoles, que hace unas semanas en Islandia no supieron ofrecer una respuesta anímica adecuada, aliviaron frente a Francia esta ingrata impresión, pero, a cambio, carecieron de la mera respuesta balompédica. Toda la lucha entregada para resistirse al fin de un mito (la Sevilla inexpugnable) Perdido el estímulo de la clasi- ficación, ya virtualmente imposible, la selección española afrontaba este partido con dos objetivos de rango psicológico: el aseo de su imagen reciente, ensuciada en Islandia, y la prolongación del perdurable sello triunfal que el equipo tenía en Sevilla desde hace sesenta y siete años. Ambos afanes- consuelos para compensar la carencia de ilusiones trascendentales- fueron contrariados en un cuarto de hora, aunque a continuación España tuvo una réplica digna frente a tales reveses. Los goles de Fernández y Papin (0- 2) fueron el inmediato efecto de una doble causa desfavorable a España: la esencia superior del juego francés y las circunstancias propias del partido. No cabía más resultado que ése si a la jerarquía natural que pueden imponer actualmente estos franceses quedaban engarzados los yerros españoles. Cuatro fallos consecutivos, distribuidos en las dos jugadas de gol, determinaron la desventaja de la selección de Miera. En el 0- 1, las tribulaciones de Sanchís en un regate innecesario provocaron el error posterior: un error superlativo, inconcebible en un jugador internacional como Solozábal. Cualquier alevín hubiera recibido un sonoro reproche de su entrenador por el despeje que hizo el defensa español con la cabeza. Con una precisión espeluznante, puso la pelota en la zona donde los franceses esperaban el rebote. Fernández castigó sin vacilación los sucesivos disparates. Dos minutos después, la insensata secuencia se repitió para el 0- 2: Vizcaíno imitó con el pie lo que Solozábal había hecho con la frente, y Abelardo careció de los recursos precisos para impedir la exhalación de Papin. Desairada por sus propias debilidades y por la presteza con que Francia sacó provecho de ellas, España quedó momentáneamente sometida por un sentimiento parecido a la humillación. Pero pronto, sin embargo, la selección se debatió entre dos ansias que se oponían la una a la otra: la del orgullo y la de su fragilidad táctica. A los jugadores de Miera les resultó más fácil salvar su capacidad para el coraje que su lucidez para el asentamiento sobre el campo y la constancia en su juego. Al principio, Cristóbal dedicó casi toda su atención a la vigilancia permanente de Pérez (puesto que no jugaba Vahirua) Pero los desplazamientos del azulgrana por todo el campo proquedó diluida en la incapacidad para la maniobra fluida, para la persistencia en el ritmo, para la claridad en los métodos. Francia ni siquiera necesitó hacer un excelente juego para imponerse al equipo de Vicente Miera, cuyas indagaciones siguen, fatalmente, a expensas del inconsistente estilo de nuestros futbolistas. dudan desequilibrios notorios en los espacios que la línea defensiva tenía que cubrir. Miera rectificó y Cristóbal, fijado como lateral derecho, se convirtió en el cauce principal para el ataque español, aunque para ello debía superar el peligroso aluminio de Amorós, a quien el arbitro le perdonó la expulsión. Estos avances de Cristóbal por la banda y otras penetraciones esporádicas no tuvieron, después del gol de Abelardo, los beneficios que prometía la inseguridad de la defensa francesa. Para entonces, España, al menos, se había ganado ya el respeto por su presencia de ánimo, que tenía la continuidad que le faltaba a su fútbol, aquejado de arritmia y dispersado en detalles tan desconcertantes como las tareas de Bango en posición de lateral izquierdo. Eusebio sustituyó a Solozábal en el segundo tiempo, lo que incrementó la dedicación defensiva de Bango. La entrada del centrocampista azulgrana no resolvió, sin embargo, otro problema de la selección española: la carencia de una progresión mantenida por las bandas. En la derecha no estaba Míchel (cuya ausencia tan- Ficha técnica España: Zubizarreta, Cristóbal, Sanchís, Abelardo, Solozábal (Eusebio, m. 46) Bango, Vizcaíno, Hierro, Martín Vázquez (Alvaro, m. 72) Manolo y Butragueño. Francia: Martini, Angloma, Boli, Blanc, Casoni, Amorós, Deschamps, L. Fernández (Durand, m. 80) C. Pérez (Garde, m. 62) Papin y Cantona. Arbitro: Forstinger, de Austria. Tarjetas amarillas para Papin, C. Pérez, Amorós, Sanchís y Bango. Goles: 0- 1, m. 12: Luis Fernández, de volea. 0- 2, m. 15: Papin, de tiro cruzado. 1- 2: Abelardo, de cabeza. tas veces fue solicitada, con abundantes razones, por quienes ahora vociferan contra su apartamiento) y en la izquierda se echaba de menos un futbolista como Alvaro. Entró éste en el campo más tarde, en sustitución de Martín Vázquez, que había pifiado en su función de media punta, protegido en las espaldas por Hierro y Vizcaíno. Alvaro se sumó al vano empeño de sus compañeros. El esfuerzo que ofrecían los españoles era meritorio, pero, en el fondo, ese agonismo contribuía también a desvelar las miserias de su f ú t b o l En ese t a l a n t e épico que todos aportaron para Vestuarios Miera: Les encerramos, merecimos Mientras los franceses se mostraron muy contentos y celebraron su asegurada clasificación para la Eurocopa 92, la selección española fue la cara triste del fútbol. Vicente Miera suma sus partidos oficiales por derrotas y no toda la culpa es suya: la culpa es de la baja calidad de nuestros jugadores. Luis Fernández, jugador de la selección gala de origen español, lo ha dicho con nitidez: Me da pena la selección española y. lo ha reiterado después del 1- 2. La razón es que él ha vivido en Francia una situación similar. Después del Mundial de México 86, Francia se hundió hasta que en 1989 comenzó una reacción. Desde ese año, los galos llevan sin perder y se han clasificado para esta Eurocopa 92. Vicente Miera y sus pupilos evidenciaron esa pena en sus rostros. Esta vez sí lucharon como casi siempre, no se pegaron el paseo sin sentido de Islandia. Pero el contragolpe francés dejó claro que nuestro fútbol está retrasado. La presión por todo el campo, la lucha que demuestran los galos y su juego con y sin balón es el fútbol del presente y del futuro y nuestros jugadores- aunque parezca mentira- -todavía no juegan sin balón ni presionan como hacen los franceses, los ingleses, los italianos... Vicente Miera, seleccionador nacional, reconoció que fueron una pena los dos errores que tuvimos al principio del partido y que nos han costado los dos goles en contra. Tras los dos fallos pasamos a dominar, presionar y buscar el gol y Abelardo consiguió el 1- 2 que ños permitía augurar el empate y un mejor resultado. Dominamos y encerramos a Francia en el segundo periodo, tuvimos el balón 40 de los 45 minutos de la segunda mitad, jugamos bien, presionamos al máximo y ellos lo pasaron mal, pero no supimos acertar en el momento preciso y desperdiciamos ocasiones de oro para lograr una igualada que nos habría Abelardo entra en falta a Pérez para impedir su avance