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ABC 12- 10- 91 EL MUNDO DE COLON ANÁLISIS III La Edad Media persiste más de lo que se suele creer, pero el Renacimiento está en pleno florecimiento. Se está deslizando en Europa el espíritu de innovación, de empresa, de aventura, que va a poner en cuestión el ideal de orden que hasta entonces había dominado en el Medievo mucho tiempo, en una continuiadquieren una enérgica personalidad y una creciente conciencia dad sin ruptura que casi nadie de ella, inician un tipo de convive. vencia hasta entonces descoSe está deslizando en Europa nocida, cuya manifestación políel espíritu de innovación, emtica es la diplomacia, que entonpresa, aventura, que va a poner ces empieza en su sentido en cuestión el ideal de orden actual. Las naciones conviven en que dominó en la Edad Media, Europa, que es el ámbito en que época en la cual, como he mosse han constituido y la sustancia trado hace años, la vida era suhistórica de que están hechas. Y mamente insegura e inestable, cada una aspira a ser la mepero era estable la forma de la jor a realizar dé modo emivida. nente la europeidad. No cabe Con ello adquirirá importancia duda de que esta actitud ha lleantes desconocida el afán de vado a conflictos, disputas y eficacia España, aunque nos, guerras, pero no más que en parezca sorprendente, en grado otras épocas; pero sobre todo ha máximo: invención temprana de sido el motor de los intentos de las formas políticas nacionales, perfección, cuya ausencia se de un Estado incontrastable echa ahora de menos. frente a la nobleza, de ejércitos cuya eficacia se probó en Sicilia y Ñapóles con Gonzalo de CórN el caso de España, doba, y en la fulgurante camesta actitud tiene un paña de diez años para conquiscarácter más afirmatar Granada, frente a la lenta y tivo y menos poléperezosa reconquista en todo el mico que en otras naciones, y siglo anterior; en la navegación, esto por razones claras, aunque que no se limitará al Mediterrárara vez reconocidas. En primer neo de la Corona de Aragón o al lugar, por haberse adelantado en Atlántico europeo y las Canarias la unidad nacional y la formación de la de Castilla, sino que será, de un Estado moderno; en sedesde el día siguiente, el abarcar gundo término, por no haber perel planeta entero, Atlántico y Padido el proyecto medieval- l a cífico, en sólo treinta años- -El- identificación con el Cristiacano cumple su circunnavega- nismo- y haber subordinado a ción en la increíble fecha de él sus pretensiones particulares; 1522. finalmente, por haber sido la autora del Descubrimiento de AméLa Europa moderna va a parica y la penetración en ese congar quizá un precio demasiado tinente, en el Nuevo Mundo, sin alto por la eficacia; aflora la tencompetencia, mientras que otros dencia de poner todo el esfuerzo países europeos comenzarán a esa carta, lo que podrá condudespués, con rivalidad y frecir a una estimación de los mecuente hostilidad, los intentos de dios y recursos antes que los fipenetración en ese mundo. Esto nes. Y como uno de los resortes que aseguran o facilitan la efica- explica las diferencias esenciales entre la América poblada por los cia es la uniformidad, la homogepueblos de la Península Ibérica y neidad, en este tiempo se inicia el resto de ella, y también las inuna peligrosa actitud: frente a la terpretaciones de la hispanizaaceptación medieval de la realicíón del continente americano, dad, que se complace en la dique tan largas consecuencias versidad, la Edad Moderna intenhan tenido en la Historia postetará unificar las cosas y no esrior. tará dispuesta a tolerar la disidencia. Y precisamente por Lo que se estaba preparando, eso afirmará cada postura y no con varia intensidad y sin simultendrá demasiado reparo en taneidad, en los decenios anteromper la convivencia con las riores va a experimentar una súdemás. Por eso, paradójicabita aceleración en 1492, al commente, será una época de enpletarse el mundo y alterarse frentamientos, no en nombre de radicalmente su imagen. Por eso una unidad superior que se 1491 fue el momento de víspequiere mantener, sino de cada ras, en que todo estaba a punto una de las actitudes parciales. para que se levantase el telón. El lado positivo de esto es la Julián MARÍAS pugna por alcanzar la ejemplari De la Real Academia Española dad europea. Las naciones, que Reconstruir el pensamiento IEMPRE es difícil reconstruir el pensamiento que ha caracterizado a una época, en país determinado y que, además, pueda considerarse representativo de la mayoría de los que vivían en ella. Más difícil todavía es precisar en términos cuantitativos con validez. Por eso, a la pregunta de cuál era el pensamiento básico de los españoles en 1492, respondo con hipótesis de algún fundamento: pero de lo verosímil y a lo verdadero siempre queda hoy gran margen. Desde el punto de vista político, no cabe duda de que el reinado de los Reyes Católicos expresa un deseo de unidad, realizado a costa de mucho esfuerzo. Se unen las Coronas de Castilla y Aragón (luego se realiza la incorporación del reino de Navarra) se termina con la monarquía granadina y con el último poder político del Islam en la península. Además, se expulsa a los judíos. Al deseo y a la realización de la unidad política se añade el deseo de unidad religiosa que produce una institución muy peculiar: el Santo Oficio, o Inquisición española, que duró hasta comienzos del siglo XIX, según es sabido. No cabe duda de que muchos subditos de los Reyes Católicos consideraron todos estos hechos como otros tantos logros, a los que se unió el del descubrimiento de América. Hubo, por otra parte, hechos menos espectaculares que también se debían considerar positivos. Después de una época brutal de combates y rivalidades sin cuento, entre linajes y bandos, después de que desde las provincias vascongadas al sur de España estuvieran pueblos y ciudades dominados por el terror, frente a parientes mayores y otros tiranillos de distinta especie, que los reyes anteriores pudieron dominar, hubo años de control. Esto lo reflejan historiadores y cronistas de la generación posterior inmediata que tenían informaciones de primera mano, expresadas a veces en canciones y relatos, como los que pudo recoger, por ejemplo, don Esteban de Garibay. Así pues, resulta evidente que los Reyes Católicos instauraron un régimen de unidad. Lo que se puede discutir es el precio que se pagó. Hace tiempo ya, gen- S tes de países no católicos afirmaron que con la expulsión de los judíos España perdió un gran potencial económico. Se repitió, asimismo, que con la expulsión de los moros y más aún con la de los moriscos, quedaron mal cultivadas muchas tierras del Sur y del Este. ¿Qué se podía haber hecho? En relación con los judíos puede decirse que los españoles fueron más papistas que el Papa. El gueto de Roma ha existido a lo largo de los siglos y sigue existiendo, con su sinagoga suntuosa. Lo de la existencia de moros y moriscos es más peculiar de España. Pero ¿por qué bastantes de los últimos se pudieron ir a otros países de la Europa cristiana? CASO a esta intransigencia haya que buscarle la razón fundamental en lo largo que fue el proceso de Reconquista y en lo complicado de sus vicisitudes. Ahora se habla- a veces, más bien se cacarea- en torno a la convivencia que hubo en ciertas partes de España de personas pertenecientes a las tres culturas La convivencia no fue constante y la antipatía mutua se expresó una y otra vez. Los conceptos de limpieza y de pureza de sangre gravitaron sobre la sociedad española hasta los que pueden considerarse finales del Antiguo Régimen (con la Constitución del año 12) de un modo inexorable: un concepto que ya había producido críticas de autores católicos en el siglo XVI. En suma: todas las épocas tienen su debe y su haber correspondientes. Todas dejan una herencia asimismo. Puede afirmarse que es de los herederos la responsabilidad de administrarla bien o mal. En vísperas del aniversario de 1992, valdría la pena que hiciéramos un esfuerzo para pensar con cierta originalidad acerca de lo que significó el 92 de 1400. Pero me temo que dominarán las voces de los que repetirán los lugares comunes de las dos leyendas: la negra y la áurea. Y poco más. Julio CARO BAROJA I De la Real Academia Española A E