Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 1 DE OCTUBRE DE 1991 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA E está recordando el centenario de Pedro Salinas, nacido en Madrid en 1891. Estuve con él a la hora de su muerte, en Boston, el 4 de diciembre de 1951, va a hacer ahora cuarenta años. Para mí no se trata de recordarlo en estos aniversarios, porque no ha salido nunca de mi memoria. En ella han permanecido la persona y el escritor, sobre todo el poeta. Lo conocí cuando empezó a enseñar en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, pero nuestra amistad no se anudó hasta 1934, cuando asistí a los cursos de la Universidad Internacionalde Santander, de la que era secretario. Era lector tempranísimo de su poesía, y conocía sus cursos indirectamente, en los apuntes de la que sería luego mi mujer, Lolita, que dedicó su libro España como preocupación en su segunda edición, a la memoria de Salinas. La voz a ti debida sobre todo, era una de nuestras lecturas más cercanas y profundas. He recordado que a fines de junio del año terrible de 1936 fui a la editorial a comprar para Lolita Razón de amor que todavía no estaba en las librerías- y me pregunto si pudo llegar a tiempo antes del desastre- Salinas, al comenzar la guerra, había marchado a los Estados Unidos, y enseñó en Wellesley- y o lo hice allí en 1951- en Puerto Rico, en John Hopkins. Lo más triste es que nunca volvió a España, por la que suspiraba con una angustia que pocas veces he visto. Escribí en 1948 un largo ensayo, Una forma de amor: la poesía de Pedro Salinas Cuando llegué a los Estados Unidos estaba muy enfermo, pero todavía animoso. Nos vimos muchas veces. Me dio su libro El Defensor en su primera edición colombiana, y escribí sobre él. Se fue agravando, y cuando me avisaron y fui al hospital de Boston se estaba muriendo. Aquel mismo día volví a escribir sobre él- Pedro Salinas, en la frontera -y no ha sido la última vez. Hubo cierto paralelismo entre Salinas y su amigo de toda la vida Jorge Guillen; parecía como si éste fuese siguiendo, a poca distancia, las huellas de aquél. Guillen, con quien me unió una amistad mucho más larga, tuvo más suerte: al cabo del tiempo empezó a volver a España, y finalmente pudo vivir y morir en ella. También ha tenido más suerte en esa vida de la fama, que no es, por cierto, el vivir que es perdurable de Jorge Manrique, tan bien comentado por Salinas. Ha tenido más estudiosos, más comentarios, más reconocimiento. Los dos, tan próximos y fraternos, son igualmente irrenunciables. Con ellos se inició- -en la frontera de dos generaciones, yo creo que pertenecían a la de Ortega, Juan Ramón Jiménez y Gómez de la Serna, pero formaron constelación con la siguiente, ABC la de Lorca, Gerardo Diego, Alberti y todos los demás del 27 -un nuevo nivel de poesía, que ha parecido dotado de una extraña, inmarcesible juventud. Pero lo que quedará unido al nombre de Pedro Salinas, lo que le da un puesto único en la literatura de nuestro tiempo, es haber sido autor del poema de amor más importante: La voz a ti debida Ese título extraño- fragmento de un verso de Garcilaso- que tan duro ha sido de traducir a otras lenguas, prolongado menos intensa y creadoramente en Razón de amor es para mí la culminación de su obra. Lo que pudieron ser Garcilaso o Bécquer en sus siglos- escribí en 1948- en el nuestro lo ha sido Salinas. Alguna generación española ha encontrado en su poesía el tono que respondía a su intimidad, y a la vez ha descubierto en ella recursos expresivos de su amor vivido. Esto último es mucho más interesante dé lo que parece, y- cuando esto falta, no es sólo que decaiga la literatura, sino que la vida personal de hombres y mujeres se resiente en sus estratos más hondos. He recordado las fechas en que Salinas escribió ese libro y en que yo dije lo que acabo de repetir, porque se puede uno preguntar si todo ello sigue siendo verdad, si esa forma de amor conserva realidad, si es actual o algo que pasó hace largo tiempo. Si se atiende a lo que se dice- a lo que más se dice- se pensaría que Salinas no es de nuestra época, que sus versos de amor no pueden despertar ningún eco vivaz en los que han venido después. Y sin embargo, no estoy seguro de que sea así. He visto desde entonces, sin interrupción- y esto es lo interesante- que promociones sucesivas de jóvenes se han estremecido al leer ese pequeño libro de versos, tenues, ligeros, alados, sin insistencia, de pasión contenida. Lo he visto actualizarse, revivir- esta sería la palabra mejor- en la mente y la sensibilidad de personas nacidas cuando Salinas ya había muerto. DOMICILIO SOCIAL SERRANO, 61 2 8006- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 136 s PEDRO SALINAS La Casa Cartien t 1 s y. i, L i r Es un libro de amor personal ¿hay otro, si ha de merecer ese n o m b r e? lo que por supuesto no está de moda, y con frecuencia se niega su existencia, porque nuestra época tiene cierta extraña predilección por negar las realidades más reales. Pero por debajo de todo eso, cuando alguien no se contenta con sucedáneos, encuentra que el amor no puede dirigirse más que a una persona- que suelo definir como alguien corporal y esa es la clave, las dos palabras juntas- y eso precisamente es lo que con excepcional intensidad y pureza representa la poesía de Salinas. Cuando escribió ese libro, pronto hará sesenta años, había llegado a tener plena realidad una figura de mujer infrecuente hasta entonces, y con ella una forma de relación entre ella y el hombre que, con cierta amplitud social, todavía minoritaria, se estaba estrenando. Creo que un libro como La voz a ti debida no se hubiera podido escribir antes- de hecho, no se escribió- y no ha resultado fácil ni probable después. Salinas descubrió una novedad humana, en estado naciente y supo expresarla con el estilo literario que le era adecuado, que le convenía. De ahí viene la frescura de ese largo poema ingrávido, que en ciertos momentos se adensa, sé condensa, adquiere, si se admite la expresión, un dramatismo elegante, en el sentido en que los matemáticos llaman elegante a una demostración. Los decenios que han seguido no han sido favorables para esa manera de sentir, ver y decir las cosas. De ahí el relativo olvido de esa poesía el haber quedado relegada a ciertos núcleos en algún sentido marginales. Pero significa, quiérase o no, el descubrimiento de una faceta preciosa de lo humano, maravillosamente manifestada, y por tanto comunicable. Esta es la razón de que con interrupciones, a saltos podríamos decir, ese poema vuelve a ser entendido y admirado una vez y otra. Y sirve para que sus lectores repitan en sí mismos ese descubrimiento- e l indicio de toda verdadera literatura creadora, lo que la distingue de lo que sin serlo circula con el mismo nombre y apariencia. Siempre he tenido gana de hacer una lista de lo que llamo mis apuestas aquellos nombres de autores ó títulos de obras que en mi opinión quedarán. No suelen coincidir con aquello de que más se habla, a veces la discrepancia es mayoritaria. Me divertiría que dentro de medio siglo mis nietos pudiesen ver hasta qué punto acertó o se equivocó su abuelo. En esa lista figuraría sin duda alguna La voz a ti debida y no tengo demasiado temor de equivocarme. Julián MARÍAS de la Real Academia Española