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G ente Las cartas blancas de Isabel UANDO Isabel Borondo desnuda su alma no lo hace gratuitamente, es como un halo de pureza, de sensibilidad y de transparencia que relaja y tranquiliza el espíritu. Es una mujer que sabe dónde y cómo debe pisar la vida ha sido su maestra y ella, que es una excelente discípula, se ha fijado como objetivo que el mundo, que la gente, descubra, como lo ha hecho ella, su verdad, su auténtica y cruda realidad. Isabel abrió una mañana de mayo su puerta a la vida, no sabía quién iba entrar, pero lo cierto es que tenía la necesidad de hacerlo, y lo hizo. Encontró a unos visitantes que se llaman esfuerzo, trabajo, evolución y les dejó pasar. Allí, ella sola se enfrentó con ellos, y de esa combinación, al cabo de casi tres años de un trabajo ímprobo a base de leer, estudiar, descubrirse a sí misma y de llevar una búsqueda insaciable del conocimiento, se dio cuenta de que había llegado al culmen de su vida, que ha concluido su evolución y que se encuentra absolutamente plena. Ahora, el siguiente paso es comunicar, comunicar todo lo que ella sabe y ha descubierto al resto de los seres que la rodean y que ella entiende que lo necesitan. Sus teorías no son nada nuevas, son tan antiguas como la vida misma, pero ella las ha descubierto para sí y ha querido que ese esfuerzo valiera para el resto de la Humanidad y dice: Hemos venido a cumplir una labor, y ésta es la mía si no fuera así no hubiera llegado a lo que ahora mismo pienso, siento y soy Isabel habla del alma con una autoridad fascinante, contagia y convence. Se basa sobre todo en su fe en Dios, una fe que reside en la mente, y esta fuerza mental- d i c e- es capaz de mover el mundo; hasta de las fuerzas naturales que parecen incontrolables, la respuesta se encuentra en la mente humana La riqueza emocional de esta mujer es tan elocuente que en muchas ocasiones, quien está frente a ella, según habla, sólo se van interpretando las propias emociones, se les va dando forma y se entienden muchas preguntas que todos nos hacemos, pero que no somos capaces de darle una respuesta valiente, simplemente por ese miedo a lo desconocido e incontrolable. Ella sí se la da y llama a las cosas por su nombre. Cuestiona la existencia de la muerte, no la admite, lo que se transforma es la materia y los cuerpos mueren porque el alma así lo ha elegido, porque tienen que evolucionar No conoce el miedo, lo ha superado. La vida le sonríe a Isabel Borondo, ha sufrido, ha luchado y al final ha vencido. Pilar CÁMARA MIÉRCOLES 4- 9- 91 acaciones C l l i 4 1. i- i- J Í SI. 1 ABC 103