Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
17 agosto 1991 ABC Hiera río Pensamiento y ciencias sociales ABC XIII La escuela de Madrid José Luis Abellán y Tomás Mallo, La escuela de Madrid. Un ensayo de Filosofía. Asamblea de Madrid (Madrid, 1991) 200 páginas L último libro de José Luis Abellán se mantiene en la misma línea de investigación que caracteriza el conjunto de su obra. Ha destacado entre los estudiosos de su generación por la envergadura de su estudio de la historia de la filosofía española con exposiciones amplias, actualizadas y repletas de referencias útiles en un campo que ha tendido a recibir poca atención académica. Por ello, La escuela de Madrid dedicado al círculo de filósofos que en torno a Ortega enseñaron en la Facultad de Filosofía y Letras en los años anteriores a la guerra civil, resulta una oportuna adición a los recientes volúmenes de su Historia crítica del pensamiento español. Sin embargo, debo confesar que, a mi juicio, hubiera requerido mucho más espacio para ofrecer una visión actualizada y unitaria de un campo sobre el que tanto se ha escrito. Incluso en algunos momentos me ha parecido que la atención a cuestiones concretas le ha alejado del problema central: a efectos de hablar de una escuela, lo que cuenta es la existencia un grupo de filósofos de primera fila que sin pérdida de una personalidad propia tuvieran unos puntos de referencia comunes. Por ello, el capítulo VI, dedicado al núcleo doctrinal -es decir, a precisar dichos puntos de referencia- es absolutamente decisivo y resulta escaso. Tienen razón los autores al indicar la dificultad de introducir un estudio detallado de las deudas de diversos componentes de la Escuela de Madrid. Asimismo, aciertan los autores al insistir en la importancia de Gaos. No creo que haya habido una conspiración de silencio en torno a su figura, sino, más bien, un desconocimiento que- rivalidades personales aparte- refleja el frecuente carácter insular de las comunidades académicas. En cualquier caso, su presencia en México es un episodio muy importante en la difusión del pensamienteo orteguiano que merece tenerse más en cuenta. Convencen algo menos las observaciones sobre la relación de Javier Zubíri con Ortega. Estoy de acuerdo en que lo escrito por Zubiri a propósito de Ortega revela una deuda no sólo personal o académica sino intelectual, pero lo cierto es que las fuentes y el mismo estilo de ambos resultan muy distintos. Su conocimiento de la filosofía clásica y escolástica, su concepción del método filosófico, las referencias teológicas y científicas de su obra- antes que históricas o literarias- le alejan grandemente de Ortega por más que pudieran apreciarse coincidencias o incluso influjos en determinados puntos importantes. Creo que tiene razón en entender que de hablarse de una escuela de Madrid hay que remitir a la Facultad de Filosofía en los años anteriores a la guerra civil, pero soprende algo el celo por establecer que Marías- con quien Abellán se esfuerza por ser justo- más que miembro, es un epígono de la escuela de Madrid. Es difícil imaginar una escuela sin alumnos. La otra orilla del estrecho Víctor Morales Lezcano, Africanismo y orientalismo español en el siglo XIX. UNED (Madrid, 1990) 175 páginas E P OCOS temas de la historia española del último siglo, enfocada hacia la vertiente de su política exterior, están más necesitados de un análisis riguroso que el denominado problema marroquí que gravitó de forma decisiva sobre la vida pública y privada de nuestros compatriotas durante muchas décadas. Teniendo en cuenta que se trata de una cuestión realmente importante, no se comprende la penuria bibliográfica sobre este sector de la actividad exterior en el que subsisten muchos puntos concretos que no han sido debidamente esclarecidos. Y es conveniente, por muchas razones que resultan obvias, conocer la visión que del Magreb poseían los gobernantes y el pueblo de nuestro país en la segunda mitad del siglo XIX y en los comienzos del actual. Una brillante excepción en este desolador panorama lo constituyen las obras del profesor Morales Lezcano, preclaro historiador cuya extensísima experiencia en temas marroquíes se ha plasmado en media docena de volúmenes, de gran mérito, respecta a las relaciones entre España y Marruecos. Esta nueva y oportuna obra de su pluma, editada por la Universidad Nacional a Distancia, es un importante trabajo que incide sobre aspectos que revisten singular interés. A través de estas densas páginas, Lezcano se detiene a reflexionar, con singular acierto, y basándose en fuentes de la máxima solvencia, para tratar de esclarecer más el tema del africanismo español contemporáneo Es una excelente aportación en la que se advierte la huella- e n la selección de los textos y en la valoración crítica de los mismos- de la dilatada experiencia investigadora del autor. tientes claramente delimitadas: los africanistas y los aislacionistas. El primero cáracterizado como voluntad de estudio y reconocimiento del vecino continente con vistas a intervenir en el interior de las sociedades que lo poblaban Esta voluntad intervencionista acabó prevaleciendo y el autor de estas páginas lo describe como los objetivos legitimadores de su actuación (la española) en pleno siglo XIX Después de verificar una revisión de fuentes documentales (declaraciones, escritos y discursos) llega a la conclusión de que si África aparecía amenazante y oscura para los aislacionistas españoles, para los africanistas- e n cambio- -el continente vecino al Sur de la Península Ibérica empezó a emerger hacia 1870, como un asidero esperanzador capaz de salvar al país real de su naufragio interior. El africanismo hispano fue, por tanto, intervencionista Esa pugna entre dos posturas antagónicas acerca de nuestro vecino meridional se advierte, por supuesto, en las vacilaciones y cambios de criterio de los gobernantes. Morales Lezcano pasa revista a este material documental en el capítulo III: El africanismo español redivivo con una selección de textos de personalidades prominentes (Cánovas, Donoso Cortés, Castelar, Costa, Ganívet, etcétera) que se pronuncian de modo diverso. Ya en 1956, José María Cordero Torres realizó un gran avance en su trabajo El pensamiento español sobre Marruecos harto olvidado. Morales Lezcano indica que Cánovas, hacia 1851, formulaba la teoría dé que en el Atlas está nuestra frontera natural y comenta que las ínfulas juveniles de Cánovas cedieron ante una consideración más suave del asunto, a pesar de la victoria española en Castillejos En el otro extremo, Gonzalo de Reparaz, citado por Cordero, es contundente: La política de España en Marruecos redúcese a esta máxima sencillísima: statu quo político y territorial. En definitiva, acerca de la cuestión marroquí siempre pugnaron dos actitudes contrapuestas respecto a la forma de enfocar el asunto que Lezcano condensa de esta forma: El dilema de si su presencia en el norte de África era aventurismo militar o defensa nacional legítima. Terminó prevaleciendo la noción de que Francia podría emparedar a España entre los Pirineos y el Rif si el asentamiento militar francés en el norte de África lograba extenderse hasta las costas que bañan las aguas del Mar de Alborán Quien domine las costas de Marruecos dominará en España había pronosticado Cánovas. Para nosotros, el de Marruecos es un problema de frontera, no un mero problema colonial corroboraba Canalejas. Todo condujo inexorablemente hacia el intervencionismo, cuya corriente, según Morales Lezcano, se abrió paso en el seno de las Cámaras, en algunos cenáculos militares y en la Prensa periódica que no cejó de propugnar la fatal necesidad de actuar manu militan en el norte de África Son páginas muy enjundiosas que merecen ser leídas y meditadas, porque el Magreb sigue estando en el horizonte de España, y hoy, como entonces, existe una manifiesta dicotomía respecto a la forma de enfocar unas relaciones que son fundamentadles. Julio COLA Como expresa en el prólogo el embajador Alfonso de la Serna, es Marruecos para los españoles algo simultáneamente distinto y cercano pero, a nuestro juicio, ese distanciamiento es producto, en gran modo, de la ausencia de obras de calidad, como ésta, a través de las cuales el público español pueda conocer las causas concretas del malentendido histórico entre España y Marruecos de cien años a esta parte como explica Lezcano. El volumen comienza con un estudio, En términos generales, la considerable in- preciso y elaborado, titulado Por qué nuesformación recogida permite una mejor aproxitro orientalismo ha sido africanista que mación a un fenómeno quizá único en nuespone de relieve un conjunto muy amplio de tra historia intelectual y que requiere aún opiniones y controversias que agitaban, a fimayor estudio. nales del siglo XIX, la atmósfera política de nuestro país y quetse polarizaban en dos verJaime de SALAS