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34 A B C INTERNACIONAL Cayó El Padrino de la droga VIERNES 21- 6- 91 El líder del narcotráfico ya está en la cárcel, pero la coca sigue libre Los presidentes iberoamericanos tratan de detener el negocio La Paz. Mauricio Hernández, e. e. Don Pablo ya lo había anunciadq, tenía que entregarse porque el Ejército colombiano le pisaba los talones. Todos sus hombres de confianza habían muerto a manos de las Fuerzas Armadas. Por ello, desde el asesinato de Luis Carlos Galán, Escobar tuyo que dejar el negocio a la segunda línea del cartel de Medellín, que rápidamente se hizo con otros carteles para llevar la producción y el tráfico de cocaína a toda Iberoamérica. Hoy, a casi dos años del comienzo de la gran operación para montar una red de distribución fuera de las fronteras de Colombia, varios Gobiernos suramericanos se deberán enfrentar al flagelo del narcotráfico, que ahora amenaza a sus democracias. Porque Pablo Escobar está tras las rejas, pero el negocio de la cocaína está más- libre que nunca. O si no que lo digan los mismos presidentes que ahora comienzan a percatarse del problema. Fujimori ha firmado ya un acuerdo antidroga con el Gobierno norteamericano para que los famosos aviones Awacs de la Guerra del Golfo vigilen desde las selvas peruanas a los centenares de avionetas que despegan repletas de coca de las pistas clandestinas de la Gran Amazonia. Jaime Paz Zamora ha hecho lo propio. Tras la visita a La Paz del director del Departamento Estadounidense Antidroga (DEA) Robert Bonner, con quien llegaron a hablar de la extradición, Bolivia contará con el asesoramiento de expertos militares norteamericanos para combatir el flagelo de la droga. Ahora las Fuerzas Armadas se encargarán de reprimir al noroeste de Bolivia (región selvática de la Amazonia) la fuerte presencia de narcotraficantes. El presidente Menem ya ha recibido la propuesta de utilizar a la Fuerza Aérea para vigilar las fronteras de su extenso país para intentar frenar la presencia de los narcos en Argentina. Aunque parece que ya sé le ha hecho un poco tarde, y no sólo a él, sino también a Collor de Meló, y a Luis Alberto Lacalle. Porque ahora es Iberoamérica el centro de distribución y lavado de los dólares del narcotráfico. La selva brasileña siempre fue un buen refugio para los narcotraficantes colombianos. Muchos de ellos se escondieron en ella tras el asesinato de Galán y la posterior represión del Gobierno de Virgilio Barco. Allí, en Brasil, dejaron montado uno de los muchos cárteles que ahora operan en toda la región sur. La Prensa, blanco de Escobar Asesinaron al director del diario El Espectador Guillermo Cano, en diciembre de 1986. Colocaron un coche- bomba en las afueras de las instalaciones de El Espectador en septiembre de 1989. Pusieron otro en octubre de ese mismo año en Vanguardia Liberal Días después, acribillaron al director y presentador de un noticiero de televisión, Jorge Enrique Pulido. En agosto y septiembre de 1990, secuestraron a nueve periodistas, entre ellos Francico Santos, jefe de redacción de eL Tiempo y Diana Turbay, directora de un telenoticiero y de una revista, nunca volvió a ver la libertad... viva. No en vano se considera el periodismo la profesión más peligrosa, que en Colombia tiene ribetes de dramatismo. Ningún país del mundo ha enterrado tantos colegas en los últimos diez años como Colombia. Fue la Prensa colombiana la que sacó a flote la filtración del narcotráfico en la política y otros estamentos de la sociedad. Fueron los periodistas los que obligaron a Pablo Escobar Gaviria a pasar a la clandestinidad cuando entonces era suplente a la Cámara de Representantes. Los diarios, en particular El Espectador nunca dejaron que se olvidara el prontuario de quien fuera luego el narcotraficante más poderoso del mundo. Verlo hoy tras las rejas, produce simultáneamente una sensación de alivio y de aprensión. Alivio, porque Pablo Escobar está donde debe estar y es la Justicia la que debe dar su veredicto. Alivio, porque Escobar Gaviria es, según las autoridades, el causante de centenares de muertes de inocentes, de magnicidios y enemigo declarado de la libertad de Prensa. Alivio, porque ni las balas pudieron silenciar las máquinas de escribir (hoy los teclados de los computadores) de sus oponentes. Alivio, porque la lucha de Cano, Pulido y tantos otros por cumplir con su profesión puede tener por fin su reivindicación. Aprensión, porque se pudo haber entregado demasiado por la rendición de un criminal. Aprensión, porque no hay garantía ninguna de que Escobar Gaviria no seguirá dirigiendo su imperio criminal desde la prisión. Aprensión, porque siempre estará presente la amenaza latente del narcoterrorismo. Aprensión, porque la entrega de Pablo Escobar no significa el fin del narcotráfico. Aprensión, porque la Prensa, la que no le teme a la verdad, siempre estará en la mira de los asesinos. Queda, además, la inquietud sobre si fue necesaria tanta violencia, tanta destrucción, tanta muerte para llegar a donde estamos ahora. Pero la labor de la Prensa seguirá siendo esencial en este proceso, tanto de los sacrificados como de los que seguimos en esta profesión. Sólo a través de los medios se podrá fiscalizar lo que venga de ahora en adelante, y si la Justicia colombiana es capaz de condenar a Pablo Escobar Gaviria. Esperemos que sí, porque si un hombre de tantos crímenes sale libre o con una setencia mínima, la primera en pagar esa impunidad será la Prensa colombiana. Alfonso CUÉLLAR ARAUJO