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MIÉRCOLES 15- 5- 91 ESPECTÁCULOS ABC. Póg. 97 Las cenizas de José María Rodero serán esparcidas en Torrejón de Ardoz y Alicante Hoy será incinerado en el cementerio de la Almudena El teatro llora su pérdida, pero su recuerdo quedará inmortalizado. José María Rodero se ha ido en silencio, haciendo mutis entre las bambalinas del teatro de la vida, con la mayor ovación que haya podido nunca recibir. Ayer, martes, a Hoy, a las doce y media del mediodía, los restos de José María Rodero serán trasladados desde la capilla ardiente, instalada en los Servicios Funerarios Municipales de Salvador de Madariaga, hasta el cementerio de la Almudena, donde serán incinerados, ya que fue siempre su deseo de que sus cenizas fueran esparcidas por la bahía de Alicante, ciudad a la que tenía un gran carino. Pero la inauguración en Torrejón de Ardoz de un teatro que lleva su nombre le hizo cambiar de ¡dea. Y así, según su deseo, las cenizas del actor serán repartidas entre la bahía de Alicante y el teatro José María Rodero de la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz. Su esposa, la también actriz Elvira Quintilla, vivió con gran entereza durante un largo mes la tremenda agonía del actor, haciendo siempre declaraciones alentadoras para Rodero. Es el gran teatro de la vida. No quiso capilla ardiente oficial (le habían ofrecido el María Guererro, el Español, el Bellas Artes) pero ha preferido el Tanatorio municipal para no hacer una fiesta La próxima semana, en San Francisco el Grande, se celebrará un funeral en su memoria. El teatro vivió ayer una jornada de luto con la desaparición de este gran actor, que abandonó el ensayo general de Hazme de la noche un cuento (estrenada la pasada semana) cerraron, entre otros, el Bellas Artes y el Español, detalle que Rodero no hubiera permitido porque éj mismo trabajó con su madre de cuerpo presente. Pero así es el teatro. Madrid. C. G. S. D. las cuatro de la madrugada, se despedía de esta vida plácidamente y sin saber que una terrible enfermedad iba minando su cuerpo. Nunca supo lo que padecía y se ha ido esperando recuperarse para poder volver a la escena. La próxima semana se celebrará un funeral en San Francisco el Grande en su memoria como uno de los mejores actores teatrales. Formó compañía con su mujer, Elvira Quintilla, haciendo temporada en el teatro Eslava. En 1959, en el Goya, estreno, entre otras, Dónde vas, triste de ti de Juan Ignacio Luca de Tena. Más tarde, obras como Luces de bohemia Calígula Los emigrados Historia de un caballo Enrique IV o Las mocedades del Cid (su última aparición en los escenarios) confirmaron su indiscutible puesto entre los talentos de la farándula. José María Rodero fue el primer actor que se rebeló abiertamente contra las dos funciones diarias. A partir de entonces, los teatros y compañías que continuaron con la doble función no contaron con él en sus repartos. En 1973 tomó parte en la huelga de actores, que alcanzó una gran repercusión tanto a nivel nacional como internacional. Siempre comentaba que la profesión de actor indica una cierta esquizofrenia, una opinión compartida por otro monstruo de la escena como Vittorio Gassman. Es posible- decía- que un toque de locura sí que haya en los actores; de desviación de la normalidad, por supuesto, y sobre todo en este país, donde es una profesión desprestigiada totalmente, donde la sociedad no nos acepta de ninguna manera. Famoso por sus excelentes dotes interpretativas tanto como por su mal humor, fue siempre un actor cerebral y extremadamente disciplinado. Se confesaba autodidacta y enemigo acérrimo de las escuelas: La única técnica que conozco es salir al escenario y dar lo mejor de mí mismo. Siempre citaba la frase de un actor francés que, según él, constituía una máxima sobre la interpretación: entender, comprender y hacerse entender Para Rodero, el único pecado que nunca se puede cometer en teatro es el de aburrir a la gente. Un hombre que alguna vez comentó que el día que no me aplaudan me iré y que pensaba que ser actor era una profesión muy dura en la que son muchos los sacrificios y que sólo al final empieza a compensar. En 1971 recibió el Premió Nacional de Teatro y seis años más tarde se convirtió en el primer actor masculino que recibía el premio Mayte de Teatro por su trabajo en Los emigrados En total, alrededor de sesenta premios, entre ellos cuatro nacionales y una medalla de oro de Bellas Artes. mm mm m Actor de carácter tajante, cáustico y sincero, su rostro y su gesto quedaron marcados por las huellas de los cientos de criaturas que lo habitaron gresó en la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos. Siendo aún estudiante se enamoró de una actriz y se dijo a sí mismo que él era completamente capaz de hacer lo que ella hacía. Un día se presentó, junto con unos compañeros, a unas pruebas en el teatro Español, en las que fue aceptado. Al poco tiempo decidió abandonar sus estudios para dedicarse definitivamente al mundo de la interpretación. Estudió arte dramático con Paco Melgares e ingresó en la compañía de María Guerrero, de donde con el paso del tiempo salió convertido en primer actor. El director teatral José Tamayo, con quien permaneció durante tres temporadas, dijo de él que de todos los actores con los que he trabajado era el que mejor captaba lo que yo quería decir. Era el que mejor me comprendía Su interpretación en la obra de Buero Vallejo En la ardiente oscuridad supuso un momento decisivo en su carrera, puesto que aquel papel le encumbró JOSÉ MARÍA RODERO Dio vida a muchos sueños, a muchos anhelos. Se olvidó de sí mismo muchas veces para ser el rostro, el cuerpo y el espíritu de las grandes criaturas del teatro universal. Su voz seca y timbrada a un tiempo, su rigurosa expresividad y el halo de dignidad y poderío escénico que lo rodeaban, configuraron una personalidad de acusada presencia sobre las tablas. Apenas aparecía en el escenario, todo quedaba subordinado a su presencia. Rodero mandaba, dominaba, regía. Era un señor del teatro, cuyo solo nombre garantizaba el éxito de la función. Se iba a ver a Rodero Y Rodero nunca defraudaba, ya fuera el caballo de Tolstoi, el Max Estrella de Vaile- lnclán, el Calígula de Camus o el David de El concierto de San Ovidio de Buero Vallejo, o la sombra de Dios en El hombre deshabitado de Alberti. Tuvo caudalosas noches de gloria en el fulgor de las candilejas: la gloria clamorosa y fugitiva de las bambalinas. Ahora y para siempre, José María Rodero es ya, en el recuerdo de quienes lo aplaudieron, la memoria de los sueños que interpretó, de los anhelos que encarnó con sabiduría de maestro. A la historia Actor de carácter tajante, cáustico y sincero, su rostro y su gesto quedaron marcados por las huellas de los cientos de criaturas que lo habitaron. Fue uno de ló mejores talentos interpretativos de la escena española, aunque llegó a ella casi por casualidad y por amor a una mujer, para luego convertir la interpretación en la razón de su vida. José María Rodero nació en la localidad manchega de Valdepeñas el 26 de diciembre de 1922. Tras estudiar el Bachillerato en eí Instituto Cardenal Cisneros in-