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IV ABC ABC ÜTcrar ío 23 marzo 1991 Poesía Los restos de la juerga Miguel Galanes Libertarías. Madrid, 1991. 88 páginas. 1.100 pesetas Fórmulas para Cratilo Bernardo Schiavetta Visor. Madrid, 1990 86 páginas. 900 pesetas D ENTRO de lo que todavía puede llamarse nueva poesía, Miguel Galanes ocupa un segmento singular y necesario. Un lugar de tanta responsabilidad como imprescindible. Ya que sus compañeros de generación andan tocando una lira de Pan o una lira de Apolo, sin percatarse de que se vive en este mundo- ¿reino o reserva? -y estamos a tiro de las flechas del tiempo y de la historia. En sus cuatro libros anteriores- GalaMiguel Galanes nes es lírico consolidado en una de las cabeceras de serie de la posmodernidad- hay un relato combativo y hasta desafiante de las contradicciones. del momento. Los restos de la juerga acoge al ritual del bárbaro correlato en los años noventa de aquel grito de hijo de la ira que Dámaso Alonso pronunció en los años cuarenta. El Madrid de hoy- una ciudad que no se nombra, pero que evacúa sus detritus morales en este libro- está sobreimpreso sobre aquel otro, poblado por un millón de cadáveres. Galanes bracea no tanto contra la molesta plaga de moscardones existenciales como contra la sociedad de consumo, vendida por las treinta monedas de un yuppismo vacío y de escasos atractivos. Posiblemente las homologaciones de la metáfora ciudadana terminan aquí. Tampoco es pretensión mía establecer comparaciones desmedidas. Las contradicciones denunciadas tienen un mismo peso moral, mas no así la dirección de la diana. Aunque los dos trabajan sobre el subconsciente y apuestan por la misma libertad, hay una diferente concepción estética que los separa. Dámaso busca elevarse sobre el detritus y el millón de cadáveres; Miguel Galanes quiere hacerlo pulpa de su hombre último. Claramente se observa que Miguel Galanes se desprende del ceremonial y del ritual al uso. Podía haber montado un gran guignol con destruidos imperios austrohúngaros o pistoletazos de tronados del bacarat. No habría conseguido sino una estampa camp La razón del naufragio que Galanes detecta está en la frivolidad con que el mundo asume los nuevos ídolos, la iconografía de la violencia, instaurada como una diosa. Y su poesía, además de ser una propuesta estética, es un discurso y una fenomenología. La cita del Eclesiastés puesta al comienzo del poemario, con su carga admonitoria y escatológica, avala el debate entre historia y moral, entre historia y vida, tan depauperado y desconcertado en estos momentos. De este ángel fieramente humano que sólo aloja bienes de consumo, ritos y mitos de una sociedad frenética que se desmiente a sí misma a cada hora, el poeta Miguel Galanes retiene aún- y esa es la originalidad de su lírica- una última apelación a las categorías inmutables. Que es algo más que las ideas o los conceptos. De ahí que en su propuesta avise sobre las posibilidades de un reciclaje ético y estético. O, por lo menos, que admita la posibilidad de superar un tiempo devaluado y- muerto donde sólo impera, la máscara, el marketing la escaramuza y el círculo vicioso, el ritual del bárbaro y el sello del egoísta. En definitiva, Miguel Galanes va en busca del último hombre, o de lo último en el hombre. De su autenticidad. Es empeño que se ahila casi desde su primer libro, Urgencias sin nombres y que toma cuerpo en su brillantísimo poemario Condición de una música inestable en el que se alinea con lo absoluto, pero suficientemente relativizado en su transposición poética. En las tres partes del libro nos acerca a la verdad interior expuesta con toda la ebriedad de la lírica europea, con toda su libertad, pero homologada al verbo español: realista a veces, surrealista otras. Y, siempre, alineado por un pulso muy bien alimentado por un irracionalísimo relampagueante cuando es preciso- Gritos y silencio sobre el asfalto Cambio de revoluciones Círculo vicioso etcétera- por la fuerza realista y denunciadora de otros- Jauría urbana Horario de oficina Vida y marketing La amante y La vida interior -o por la brillantez épica de algunos de sus poemas finales- Guantes para el testigo Todos los caballos -y la introspección de Casa de los espejos por ejemplo. Aun en los momentos más desafiantes del poemario, Miguel Galanes salva siempre el lirismo y la corrección. En ocasiones era exigible quizá una mayor ruptura del lenguaje, al reproducir una realidad en sí misma caótica y fragmentaria. Sin embargo, el buen uso del poder anfibológico de la palabra, su ambivalencia de refracciones, garantiza la dramatización necesaria. Galanes, a veces- -en algunos casos- refuerza su lirismo con el empleo distorsionado de la gramática- escribe he- E L III premio de poesía Fundación Loewe recayó en su última edición (1990) sobre este libro del poeta argentino Bernardo Schiavetta (Córdoba, 1948) Fórmulas para Cratilo ilustra el viejo tema de la no arbitrariedad del signo lingüístico. Es sabido que en el Cratilo de Platón el personaje de este nombre (Cratilo según los helenistas) sostiene la existencia de vínculos entre las palabras y las cosas. Su oponente, Hermógenes, mantiene la tesis contraria, es decir, la condición convencional del lenguaje. Ésta es, sin duda, la tesis exacta. Los poetas, sin embargo, como señalaba Barthes y recoge Schiavetta, optan siempre por el partido de Cratilo En efecto, todo el atractivo del lenguaje poético deriva de la relación motivada (aunque sea de segundo grado) que une a las dos caras del signo, significante y significado, mediante el uso de todos los procedimientos de estilo. Schiavetta se ha propuesto aquí demostrar o mostrar esa relación. Buen conocedor de la teoría literaria moderna, el autor ha querido escribir poemas ¡cónicos esto es, composiciones que reproducen, en su disposición tipográfica y en su forma verbal, el tema o realidad de que parte. Dicho en términos más simples: si el poeta habla del espejo- le dedica dos secciones- el poema ha de reproducir de alguna manera el objeto de referencia. El iconismo es un viejo sueño poético. Por él clamaba Juan Ramón Jiménez: Que mi palabra sea la cosa misma, 7 creada por mi alma nuevamente. Por él han clamado, en realidad, todos los poetas que en el mundo han importado. El problema es cómo lograrlo. J. R. Jiménez centraba la empresa en el alma vale tanto como decir en una expresión analógica y estilizada a la vez. Los creacionistas, en la estela del cubismo, pretendían reproducir la realidad en sus versos. Los recursos del creacionismo eran, sobre todo, semánticos (la metáfora) y visuales (la exploración de la tipografía) En realidad, a quienes más recuerda Schiavetta es a los creacionistas, aunque alguna vez también hace pensar en los ultraístas (hermanos de aquéllos) con el uso del caligrama. Pero la poesía concreta tampoco ha pasado en vano por sus versos. Henos ante un refinado despliegue de estrofas y recursos estilísticos y gráficos. La exploración de la visualidad del poema se da la mano con el cultivo de la retórica y la métrica más añejas. Al fondo subyace la vieja idea de la poesía total Aunque cabe preguntarse si toda gran poesía no es siempre total y si es necesario identificarla con el formalismo extremo, como hace Schiavetta. Octavio Paz, presidente del jurado que premió a Fórmulas para Cratilo señala, según reza la contracubierta, que ésta es una poesía inteligente, lo cual demuestra que la inteligencia no está reñida forzosamente con la emoción Disiento del maestro. Poetas inteligentes, en sentido profundo, son, por ejemplo, Góngora, Valéry y Guillen, porque sus versos expresan universos propios: la materia en Góngora, la muerte en Valéry, el júbilo vital en Guillen. Pero aquí, en Fórmulas para Cratilo la poesía se hace casi exclusivamente metapoesía, metarretórica, en puridad, y el discurso poético se agota en sí mismo. M. G. -P. El autor va en busca de lo último en el hombre. De su autenticidad. Se trata de convertir la voz en una queja, pero también en un grito. Y Galanes grita de un modo convincente rrante halambre etcétera- y con una opacidad buscada y siempre conseguida. Un hijo de este siglo, se confiesa en el poemario y su voz no es sólo la de un yo mimético y aislante. Si bien se produce dentro de una textura mental e ¡ntelectualmente importante, no faltan adjetivaciones llamativas y modales liberadores de los modos de la época. Se trata de convertir la voz en una queja, pero también en un grito. Y Miguel Galanes grita de un modo convincente, arropado en un auténtico clima de quien- como en el teatro del absurdo- llama a Godot. Florencio MARTÍNEZ RUIZ