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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 12 DE MARZO PE 1991 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA estaba muy orgulloso- m e escribe un a m i g o con mi biblioteca de cinco mil volúmenes, cuando mi padre tuvo la ocurrencia de legarme en su testamento la suya, de ocho mil. Como sabes, tuve que cambiarme de casa, para dar cabida a tantas obras, entre las que cuento con un ejemplar de la primera edición del Libro de las Fundaciones de Santa Teresa, otro de El Príncipe Cristiano de Saavedra Fajardo, publicado en Milán en 1840, otro de Poemas inéditos de Quevedo, espigados a la muerte de éste por un sobrino suyo que heredó el título dé señor de la Torre de Juan Abad, y una colección de Quijotes, entre los que destaca un volumen chino de finales del XVII, enriquecido con cariosísimas ilustraciones impresas en papel de arroz. No te oculto que tengo mucha morralla, pero un experto como tú podría ayudarme a separar las perlas finas de las de pasta. Lo que no sé qué hacer es con una colección de cajitas de plata y oro blanco (también las hay de latón) para guardar rapé que inició un tatarabuelo de mi mujer, que continuaron sus descendientes y que ahora, al cabo del tiempo, ha venido a caer en nuestras manos. Son unas ochenta piezas de muy distinto valor cada una. ¿Conoces alguien que pueda tasármelas? Precisamente, hace dos Navidades, fui a un anticuario en Turégano, provincia de Segovia, para buscar una que regalar a mi mujer, y me llamaron la atención unos maderos viejos, con adornos claramente barrocos, pero con unos motivos que me desconcertaron. Pregunté qué eran, y me dijeron que trozos de un armario antiguo. Compré las piezas por cuatro perras, las mandé ensamblar, forré su interior con telas antiguas y convertí el armario en biblioteca. Bien. El barroco era español, pero los motivos, orientales. ¿Qué significaba eso? Resultó ser una alacena construida en Filipinas a principios del XVIII, trasladada al puerto dé Acapulco, en México, en el famoso galeón de Manila, adquirida por el virrey Revillagigedo, y embarcado para España con los enseres de este señor, cuando regresó a España. El mueble se expertizaba a sí mismo. Llevaba toda la documentación en uno de sus cajones. ¿Sabes de alguien que me lo sepa valorar? Te consulto todo esto con motivo de la declaración de mi impuesto sobre el patrimonio porque, aunque la ley tardase dos años en entrar en vigor, no creo que invierta menos tiempo en su preparación, puesto que soy muy cumplidor con las normativas de mi país. Y no quiero que me ocurra lo que a nuestro amigo Leocadio Restrepo, quien para mejor cumplir con el espíritu y la letra de la ley, contrató a un perito en libros, a un perito en plata, a un perito en sellos, a un perito en antigüedades, a un perito en pintura, a un perito en alfombras asiáticas, a otro en tapices flamencos y a otro más en papeles y documentos históricos para que le fijaran el valor exacto de sus bienes en objetos muebles, al precio actual del mercado. Las facturas por honorarios y sus IVAS correspondientes fueron tales que ABC nica por los hermanos López Ibor. Y me temo que acabe en Leganés. He solicitado a mi empresa la jubilación anticipada para poder dedicarme íntegramente a mis obligaciones fiscales, dado que ya no podré hacer otra cosa en mi vida, puesto que cada año de los que me queden tendré que repetir la operación de poner ai día y, al valor del mercado, libros, cuadros y cajitas de rapé. He renunciado a mis partiditas de mus de los domingos, a mis barros de Archena una vez al año y a mis paseos matinales por el Retiro. El chandal y los zapatos deportivos de caminar ya los he regalado al asilo para vagabundos de San Rafael. Ya no tendré tiempo de nada, si quiero seguir considerándome un buen ciudadano, puesto que habré de seguir al día los precios pagados en las subastas de Chrjstie s y el valor de los metales en la Bolsa de Londres. Porque, ¡ahí es otra! cuando me casé, y cuando cumplí mis bodas de plata, mis amigos y parientes tuvieron la malhadada idea de regalarme cosas de este odioso metal, que hay que valorar cada día para ajustarse a la ley, y poder así calibrar el precio del mismo durante el año anterior. No puedo desconocer las ventajas sociales que tendrá esta ley cuando sea aprobada: desaparecerá el fantasma del paro. Porque, hasta ahora, los inspectores de Hacienda trabajaban en computadoras sobre declaraciones escritas, y en sus oficinas. Pero en adelante, las inspecciones tendrán que hacerlas a domicilio, y se necesitarán millones y millones de burócratas, asesorados por los peritos en sellos, cuadros, tapices, muebles, libros, documentos y cajitas de rapé. Con esta necesaria hinchazón de la amada burocracia- no habrá más parados, los jóvenes obtendrán su primer trabajo a los veinte años y la edad de jubilación obligatoria se retrasará a los ochenta, pues serán muchas las manos necesarias para visitar nuestras casas y comprobar ia veracidad de nuestras declaraciones. Contéstame, por favor, cuanto antes, si te avienes a revisar mis libros y asesorarme. Te abraza, con la amistad de siempre, etcétera No Jie contestado a la angustiosa petición de mi amigo. No puedo hacerlo. Desde hace días tengo en mi casa a dos bibliotecarias, para que inventaríen todos mis DOMICILIO SOCIAL 61 SERRANO, 28006- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 152 Y r O UNA LEY IMPOSIBLE DE CUMPLIR quedó arruinado y tuvo que vender sus COLECCIÓN Primavera ¡Verano X Serrano, 93 Te) 262 62 44 Madrid libros que tengan más de cien años, a un experto en Miró- quien me confirma que las dos obras que poseo de él son falsificadas- a un anticuario para que me confirme la antigüedad de unos carnet de ball franceses que me regaló en México mi editor, a un egiptólogo para que me diga si una piececita egipcia que me vendieron en un bazar de El Cairo hace treinta años es falsa o no, a un retocador del Museo del Prado para que me oriente acerca de un boceto sin acabar, que me dijeron, cuando lo compré, que era de Bayeu, a un abogado para que me dilucide si un disco duro que tengo de la Novena Sinfonía de Bethoven está incurso en la ley, porque es evidente que La Novena tiene más de cien años, a tres secretarias para que me hagan un inventario de mis objetos domésticos, a un detective para que averigüe si los cachivaches posados sobre mis mesas o colgados de las paredes los compré, los descubrí en un desmonte, me los regalaron, los heredé, o alguien se los dejó olvidados, sin olvidar la investigación de sus antiguos poseedores, porque de haber bebido café Napoleón en una tacita de plata o fumado Carlos III en una boquilla de nácar, variará mucho su precio actual en el mercado Y además he de visitar a mi amigo Restrepo en la Clínica López Ibor, para conocer no su diagnóstico actual, sino averiguar el mío futuro. La nueva ley sacaduras es inviable, no se tiene de pie. Nadie puede saber el valor exacto de los mil y uno cachivaches que se han ido almacenando a lo largo de toda una vida, ni su antigüedad, sin acudir a un experto profesional. Es injusta, porque si alguien se gasta su dinero en comprarle abrigos de martas a sus queridas, no se le imputa, y si invierte ese mismo dinero en adquirir un cuadro de mérito, se le castiga cada año por conservarlo. Es insoportable, por obligar al declarante a una ingente pérdida de tiempo y a unos gastos innecesarios. Es atentatoria contra la Cultura, al castigar lo que debía ser premiado, como es la conservación y cuidado del patrimonio artístico heredado de los ancestros, en lugar de invertir su producto en bienes rentables. Es una clara violación a la intimidad, al hacer indispensable la comprobación a domicilio de la veracidad de las declaraciones. No se trata de que en el Senado se modifique el gran dislate de considerar declarable todo objeto que exceda de 250.000 pesetas, o el aún mayor de llamar antigüedad a toda cosa que exceda de cien años (el encaje de blonda de mi abuela, el abanico de carey que se trajo de Cuba aquel soldado antepasado nuestro, un tomo de Pedro Antonio de Alarcón o el arca de alcanfor de Filipinas que cantó Alfonso de la Serna) De lo que se trata es de abolir la totalidad de una disposición que irrita innecesariamente al ciudadano, que incide en su intimidad personal y familiar, que castiga lo que debfa ser premiado, y que coarta la Cultura, el Arte y el buen gusto: patrimonio exclusivo de los pueblos civilizados. Torcuata LUCA DE TENA de la Real Academia Española pertenencias a los mismos que las expertizaron. Ahora está siendo tratado en su clí-