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EDITADO PRENSA POR ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA 25 DE ENERO DE 1991 ABC justificación o acierto de las opiniones que ha leído o escuchado. Pueden ser inteligentes, capaces de prueba, acordes con la realidad, veraces; pero pueden ser falacias, abusos de la palabra, disparates, estupideces o pura y simplemente mentiras. Hay derecho a decirlas, pero los demás tienen el de valorarlas y formar su propia opinión. Hace unos días, unos funcionarios de la Comunidad Europea han dicho que la lengua de los países hispánicos de América no es el español, sino que tienen su lengua propia, y que el español no se comprende en ellos. No les niego el derecho a decir tal cosa, pero reclamo el de pensar que es una soberana estupidez, una falsedad difícil de igualar; en suma, algo que descalifica a los autores. Con ocasión de la triste y angustiosa guerra que acaba de empezar en el golfo Pérsico estamos oyendo y leyendo innumerables manifestaciones; algunas no son ni siquiera opiniones sino gritos; otras sí son expresiones lícitas de una actitud o un juicio. Pero no son equivalentes. Unas son justificadas y otras no; algunas responden a los hechos, otras los olvidan, omiten o deforman; las hay que responden a un examen de la situación y sus posibilidades, pero otras son simples expectoraciones con desprecio de la realidad. Hay derecho a decir todo eso, unas cosas y otras, y no se me ocurriría pedir que se limite o se le pongan trabas. Lo que me parece importante es que cada uno- repito, cada uno personalmente y desde sí mismo- reaccione a lo que se le dice, lo tome en cuenta, lo acepte o lo rechace. Se puede y se debe pensar que tal persona no es inteligente, o no es veraz, o no merece la autoridad que se atribuye o que algunos le conceden. Es preciosa la libertad de estimación. Es ella la que establece una estructura de la convivencia, la que permite distinguir de personas, la que a última hora dará su apoyo a los que representen lo que se juzga valioso. Cuando se trata de regímenes demo- DOMICILIO SOCIAL 61 SERRANO, 2 8 0 0 6- MADRID DL: M- 13- 58. PAGS. 128 FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A libertad, se ha dicho muchas veces, es el bien más precioso del mundo. Cervantes fue uno de sus defensores más luminosos y consecuentes, como es bien sabido. Quizá porque, aunque no era un profesional de la teoría, pensaba, y sabía, que la libertad es la condición misma de la vida humana y por eso es irrenunciable. El verso imperecedero tú mismo te has forjado tu ventura expresa inmejorablemente esta convicción, que formuló de muy varias formas a lo largo de toda su vida. Y esto es lo decisivo: que la libertad no es sólo algo apetecible y deseable, sino que pertenece intrínsecamente al hombre. Claro que el hombre real, histórico, tiene demasiadas veces muy poca libertad; en ocasiones, angustiosamente escasa, negada por la realidad que lo rodea, y muy especialmente por otros hombres; pero siempre, aun en los casos en que la libertad parece casi anulada, sigue siendo libre, no sólo capaz de elegir y decidir, aunque sea con márgenes muy angostos, sino obligado a ello, sin más remedio que ejercitar mientras vive esa libertad que lo constituye. Por eso, la libertad es fundamentalmente una ya que todas forman un sistema, y por eso he dicho con frecuencia que una libertad termina donde empieza otra libertad. Lo cual, por cierto, se olvida casi siempre, y son muchos los que ejercen la que les interesa violando otras que son tan importantes por lo menos como ciquélla. Por ejemplo, los que hacen una manifestación e impiden que los demás vayan adonde tienen derecho, y acaso necesidad, de ir. O los que paralizan las comunicaciones o el correo, violando la libertad de trasladarse o de recibir cartas, paquetes, dinero para seguir viviendo. Como la libertad es unitaria, cuando se desprecia o anula una de ellas quedan heridas todas. Y el camino por el cual se pierden es el desconocimiento de esto, que se muestra en la insolidaridad e indiferencia cuando se destruyen las libertades que directamente no lo afectan a uno que no tiene interés en usar. Y una de las libertades más importantes, y con mayor frecuencia coartada, es la libertad de expresión. Al decir esto no cedo a ninguna deformación profesional como escritor, profesor o conferenciante. Es que sin esa libertad no se pueden reclamar ni exigir las demás, y si ella falta se oculta el hecho de que acaso no existan. Es la situación de grandísima parte del mundo, y en la cual se puede fácilmente recaer cuando se cree superada si no se vive alerta. Es inadmisible que se impida expresar el pensamiento, las opiniones, o aducir los argumentos que las sostengan. Pero una vez que esto se ha hecho hay otra libertad igualmente esencial: la de reaccionar intelectualmente a eso que se ha expresado. Es menester que cada persona mida por sí misma la verdad, L LAS DIVERSAS LIBERTADES En páginas interiores hay una información de la Seguridad Social que le interesa. MINISTERIO DE TRABAJO Y SEGURIDAD SOCIAL Secretaría General para la Seguridad Social INSTITUTO TACIOrtAL DE U SEGURIDAD SOCIAL o r á t i c o s esto es esencial, porque en ellos el poder se funda en la opinión pública, y si ésta se perturba y desorienta, las consecuencias pueden ser desastrosas. La democracia es, sin duda, el mejor sistema de regirse los pueblos, en nuestra época el único capaz de legitimidad. Pero esto no quiere decir que carezca de defectos, riesgos y amenazas. Se piensa, sobre todo, en que la democracia puede ser destruida desde fuera quiero decir por un poder ajeno, un golpe de Estado o una subversión. A mí me preocupan más los riesgos intrínsecos de la democracia, los que la afectan inevitablemente y por su propia índole y que son los que hay que tener primariamente en cuenta. No se puede olvidar que el régimen hitleriano llegó democráticamente a Alemania en 1933 con votaciones mayoritarias y plebiscitos triunfantes. Y no es el único caso, ni mucho menos. El peligro que acecha a la democracia es la posibilidad de manipulación de la opinión. En ella el poder se obtiene o se conserva consiguiendo votaciones que aseguren el dominio en los Parlamentos y, a través de ellos, en los Gobiernos. La tentación, difícil de evitar, es la acumulación de ofrecimientos y promesas que seduzcan a los electores, o él uso de lemas y consignas que puedan arrastrarlos demagógicamente. En nuestro tiempo, los recursos de los medios de comunicación son tales que estas posibilidades son mayores que nunca. Pequeños grupos bien organizados, dedicados profesionalmente a ellos, con el uso de prestigios forjados según su conveniencia y presentados como tales, pueden aparentar que reflejan la opinión de grandes minorías y seducir o intimidar a las mayorías. Si esto ocurre, la democracia se desvirtúa y corrompe desde dentro, simplemente porque los ciudadanos abandonan el ejercicio de esa libertad irrenunciable, que es la que completa la de expresión: la libertad de juzgar, de aprobar o negar, en suma, de tener una opinión propia, no inducida falazmente. Siempre me ha preocupado el hecho, tan frecuente, de que las personas quieran lo que no desean lo que les inspira en el fondo temor o repulsión. Esto ocurre en la vida privada y es la causa de la mayoría de los errores que se cometen, lo que llamo vidas mal planteadas Todavía más, es un riesgo de la vida pública, y sobre todo allí donde la voluntad es decisiva, como en las elecciones democráticas. Me parecen preciosas, insustituibles, y cada vez que se siente el temor de que desaparezcan, algo muy profundo se estremece en nosotros. Lo que debe exigirse es que en ellas la voluntad coincida con el deseo, que responda a la libertad que emana del fondo de cada uno de nosotros. Julián MARÍAS de la Real Academia Española