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36 ABC NACIONAL El primer acto público de Unión Española fue la cena del 29 de enero de 1959. Asistieron cien personas monárquicas y republicanas El 14 de mayo de 1962 se casó en Atenas el Príncipe de Asturias con la Princesa Doña Sofía. Los miles de españoles que asistimos a la boda manifestamos decididamente nuestra adhesión al Rey y a toda la Familia Real. El mes siguiente (junio) fue el del aludido Congreso del Movimiento Europeo en Munich, al que concurrimos ochenta españoles del interior (mucbos de Unión Española) y treinta y ocho del exilio. Allí, en la mañana del 6 de junio aprobamos por unanimidad el conocido texto democratizador y europeísta que defendieron brillantemente ante el Congreso Salvador de Madariaga y José María Gil- Robles. Ese texto terminaba expresando e firme compromiso de todos los delegados españoles- cumplido hasta el día de hoy- de renunciar a la violencia activa o pasiva, antes, durante y después del proceso evolutivo Por la tarde, al margen del Congreso y a petición de los republicanos exiliados, tuve yo el honor de explicarles con todo respeto, durante más de una hora, el porqué del convencimiento que teníamos muchos de los presentes en Munich de que esa evolución pacífica sólo sería posible en torno a la Monarquía. Por la mañana Madariaga había dicho: Hoy ha terminado la guerra civil. Por la noche, Rodolfo Llopis, entonces secretario general del PSOE, me pedía que comunicara confidencialmente a Don Juan lo siguiente: El PSOE tiene un compromiso con la República que mantendrá hasta el final. Ahora bien, si la Corona logra es- DOMINGO 23- 12- 90 En 1944 quisieron hacer algo en favor del cambio político fueron los catedráticos. El profesor Julio Palacios acabó confinado quienes ley natural de la que brota nuestro derecho y de a que es reflejo toda ley justa El documento fundacional fue suscrito inicialmente en diversos pliegos (bajo un secreto siempre guardado) por unas sesenta personas. Luego los miembros activos fueron muchos más. B primer pliego- que se fotocopió para que otros firmantes comprobaran la pluralidad ideológica de los apoyos- lo firmamos Gil- Robles, Tierno Galván y yo mismo. Hoy, prescrito por el tiempo transcurrido el secreto al que nos comprometimos, citaré, por orden alfabético, otros pocos nombres de Unión Española, algunos bien conocidos por muchos de ustedes, porque desempeñaron papel relevante en la transición a nuestra Monarquía parlamentaria: Fernando Álvarez de Miranda, José Domingo de Arana (Bilbao) Manuel Arquer (Barcelona) Carlos Bru, Leopoldo Calvo- Sotelo, íñigo Cayero, Jaime García de Vinuesa, Ángel Gracia Oliveros (Zaragoza) Juan Carlos Guerra Zunzunegui, Manuel Jiménez de Parga (Barcelona) Rafael Márquez Cano, Antonio Menchaca (Bilbao) José Luis Milá (Barcelona) Jaime Miralies, Raúl Morado, Vicente Plniés, Jesús Prados Arrarte, José Joaquín Puig de la Bellacasa, Jorge Reyes (Barcelona) José María Ruiz- Gallardón, José Luis Ruiz Navarro, Juan Antonio Salabert, Víctor Salmador, José Antonio San Martín (Barcelona) Antonio Senlllosa (Barcelona) Cirilo Tornos, José Tortosa Galbls (Valencia) José Luis Vázquez Dodero, Francisco Zaragoza Gomis (Alicante) y Juan Antonio Zulueta Cebrián. El primer acto público de Unión Española fue la cena del 29 de enero de 1959 en el hotel Menfis, de esta capital, organizado con hábil cobertura legal por Guillermo González Arnac. Asistieron poco más de cien personas, tanto monárquicas como republicanas, y en ella intervinimos, por este orden, Jaime Miralles, como introductor del acto; yo mismo, que hice una extensa y cruda exposición sobre la situación política que vivíamos, y Enrique Tierno Galván, que cerró el acto con aquellas famosas palabras de que existe legitimidad racional cuando una institución se ajusta al nivel psicológico de opinión y de bienestar de la colectividad y por eso la Monarquía es, a mi juicio, deseable para España, ya que es la Institución que mejor puede lograr la legitimidad racional Esta postura de Tierno influyó en toda la izquierda española. Como a la cena asistieron periodistas extranjeros, el acto tuvo una gran resonancia internacional. La Prensa y radio extranjeras lo consideraron un claro desafío a Franco, y ello produjo en los círculos políticos de España el natural revuelo. Nos impusieron una multa de 50.000 pesetasx a mí mismo y otras de 25.000 a González Arnao, Miralles y a Tierno. Ciertos monárquicos colaboracionistas pidieron al Rey que se desautorizaran esas futuras actuaciones de Unión Española, pero la reacción de Don Juan fue rotunda. Algunos de los peticionarios se sintieron obligados a tomar el avión para Estoril y excusarse allí personalmente de su mal paso. Les diré que en los tres años y medio transcurridos entre el acto de Menfis y el famoso contubernio de Munich de 1962, la Unión Española celebró en secreto dos congresos y publicó 18 documentos (algunos importantes) clandestinos. Llopis pidió que comunicara a Don Juan que el PSOE respaldaría lealmente la Monarquía si lograba una verdadera democracia tablecer pacíficamente una verdadera democracia, a partir de ese momento el PSOE respaldará lealmente a la Monarquía. Es lo que ha ocurrido. Como muchos recordarán, la reacción de Franco ante Munich fue violentísima. Su Prensa y radio daban la sensación de que nosotros habíamos traicionado a la patria. En manifestaciones organizadas se gritaba: Los de Munich, a la horca. Fernando Álvarez de Miranda, Jaime Miralles, Jesús Barros de Lis y yo mismo fuimos confinados en la isla de Fuerteventura. íñigo Cavero y José Luis Ruiz Navarro, en la de Hierro. Alfonso Prieto, en la Gomera. Y Félix Pons (padre del actual presidente del Congreso de los Diputados) así como Juan Casáis, en la isla de Lanzarote. Otros, como José María Gil- Robles, Dionisio Ridruejo, Jesús Prados Arrarte, José Federico de Carvajal, José Vidal Beneyto, Fernando Baeza, Ignacio Fernández de Castro, Pablo Martí Zaro y José Suárez Carreño fueron obligados a expatriarse. Una verdadera monstruosidad. Pero en octubre de ese 1962 comenzaba el Concilio Vaticano II, y en abril de 1963 Juan XXIII publicaba la Encíclica Pacem in terris claramente favorable a la democracia. Una gestión del cardenal primado, Monseñor Pía y Deniel, cerca de Franco logró que en mayo se pusiera fin a los confinamientos y expatriaciones. En diciembre de 1965 terminaba el Concilio. El clima de la sociedad española a favor del respeto de los derechos humanos y de las libertades religiosa, política y social crecía ¡mparablemente; pero a pesar de todo, el 21 de julio de 1966 el Diario ABC era secuestrado por publicar con ei título La Monarquía de todos un famoso artículo de Luis Mana Anson. La tensión que se creó entre el Régimen y ABC obligó a la Dirección del periódico a apartar de España a Anson enviándole como corresponsal de guerra a Vietnam. Por esas fechas, otros dos conocidos monár- quicos, Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán- y a entonces partidarios de la democracia a la europea- se hicieron cargo del Diario Madrid y con la colaboración de un grupo de jóvenes periodistas- h o y todos famosos- -emprendieron una inteligente y eficaz operación aperturista desde la Prensa. En 1968 el periódico fue suspendido arbitrariamente durante dos meses y, tras nuevas suspensiones y varias multas en los años 1969 y 1970, el Ministerio de Información y Turismo lo Clausuró definitivamente en noviembre de 1971. Pero volvamos nuestra atención a los Príncipes de Asturias, a cuya boda he aludido. Vivían desde 1963 en el Palacio de la Zarzuela y pronto nacerían sus hijas, las Infantas Elena y Cristina. En abril de 1968 lo hizo el Infante Felipe, y para apadrinarle vinieron a Madrid primero su abuelo Don Juan III (que por entonces procuraba inútilmente tener mejores relaciones con Franco) y al día siguiente su bisabuela, la Reina Doña Victoria Eugenia. Cuando ella llegó al aeropuerto de Barajas, Don Juan la esperaba. Doña Victoria, al descender del avión, saludó a su hijo con la reverencia debido a su Rey. Lo hizo en presencia de más de diez mil personas que daban ¡Vivas! entusiastas a ambos y muy especialmente al Rey. Pero nada de esto influyó en el ánimo de Franco, que desde tiempo atrás había decidido eliminar a Don Juan por incompatibilidad con sus ideas. Un año después, el 7 de enero de 1969, los periódicos publicaban la famosa entrevista del director de la Agencia Efe con el Príncipe Don Juan Carlos, en la que éste daba a entender que estaba dispuesto a aceptar ser designado por Franco su sucesor a título de Rey. Como esto suponía la posible prolongación del Régimen franquista después de muerto Franco, fueron muchos los demócratas que se dirigieron al Conde de Barcelona para testimoniar su adhesión a la Monarquía que él representaba. Recuerdo ahora las magníficas cartas de Julián Marías, Enrique Lafuente Ferrari, Fernando Chueca y Jesús Prados Arrarte le escribieron sucesivamente en tal sentido, alentados muy especialmente por aquel admirable republicano monarquizante que fue Félix Cifuentes. Ante la situación creada por aquellas declaraciones del Príncipe, José María Pemán, como presidente del Consejo Privado del Rey, consultó por escrito urgentemente a todos los consejeros acerca de cuál debería ser la actitud de Don Juan. La gran mayoría aconsejó que se mantuviera firme en la postura de no renunciar a sus derechos y deberes como Jefe de la Dinastía. Y tras unos meses de incertidumbre en torno a la verdadera actitud de Don Juan Carlos, el 16 de julio de 1969, el Príncipe telefoneó a Estóril para comunicar a su madre la noticia de haber aceptado aquella designación de sucesor de Franco a título de Rey. Horas después, el embajador de España entregó a Don Juan la carta en el que el General le notificaba oficialmente su decisión. En un párrafo significativo le decía: Yo desearía comprendierais no se trata de una restauración, sino de la instauración de la Monarquía como coronación del proceso político del Régimen que exige la identificación más completa con el mismo... Herido profundamente, el Jefe de la Casa