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SÁBADO 22- 12- 90 ESPECTÁCULOS ABC. Póg. 95 Plisetskaya y Guillem, dos guindas para una gala Hoy, segunda sesión de danza en Madrid Madrid! Laura de Madariaga Puede que algunos bailarines no convenzcan en las Galas de danza, o gusten menos, pues éstas suelen reunir a parte de los mejores. Aún así merece la pena servirse siempre que haya, una ración de gala y saborear las guindas que la coronan. Anoche hubo tres: Maya Plisetskaya, Syilvie Guillem y Antonio Canales. Parece ser que el público se va acostumbrando a presenciar una Gala de Danza, en la que lo más natural es: que estén varios de los mejores, que den lo mejor de sí pues el tiempo de lucimiento es breve y que bailen parte de los ballets más conocidos de todos los tiempos. Los aplausos histéricos, de los no acostumbrados a lo dicho, que sonaban en el Centro Cultural de la Villa tras cada pirueta y en medio de las mismas, durante galas anteriores parecen haber bajado su tono. Aunque algunos- cada vez menos- se dan por no enterados y siguen ensuciando con sus vítores pasos y pasos. Ya irán aprendiendo. Ricardo Cué, organizador de la gala que ayer y hoy se ofrece en el centro de la plaza de Colón de Madrid cuenta en su haber con la organización de buena parte de este tipo de actos en toda España. En la noche de ayer, gran acierto en la elección: espléndida técnica para cada uno de los bailarines; ovaciones- ganadas a pulso y punta- para algunos de ellos; y brillo de estrellas para dos: Syilvie Guillem y Maya Plisetskaya. A esto hay que añadir el acierto, ya habitual, de integrar en mitad del espectáculo el baile español. Lola Greco, con su deliciosa Rondeña y el reciente galardonado Antonio Canales- Mejor Bailarín Internacional de este año junto a Julio Bocea- pusieron el mejor sabor español en boca de todos. Otalpe s coreografía del bailarín sevillano, resultó una espléndida muestra del momento por el que atraviesa Antonio. Primera estruendosa ovación de la noche. Las cuatro parejas protagonistas de la velada de baile clásico calentaron motores en la tercera parte de la noche, tras la frialdad general que recorrió la primera, a excepción de la siempre asombrosa In the middle somewhat elevated de Forsythe, cuando está bailada por un cuerpo como el de Sylvie Guillem, -fusión de dinámica, elegancia y expresión- La tercera parte cobró vigor y fuerza. Kelly Cass y Damián Woetzel, del New York City Ballet, algo fríos peTo no gélidos como al principio, llevaron limpiamente El corsario a escena. Nacho Duato, inspirado, ganó su primera batalla Éxito del primer programa del coreógrafo Madrid. Julio Bravo No era fácil la batalla que había de librar Nacho Duato. Eran muchas las miradas centradas sobre él, mucha la curiosidad, mucha la maldad. No tiene que demostrar, a estas alturas, que es un gran coreógrafo, pero tenía que convencer de que el trabajo que puede desarrollar al frente de ésta compañía, merece la pena. Y Nacho Duato ha vencido su primera batalla. Le quedan muchas todavía, porque sus pasos van a ser- l o sabe él perfectamente- seguidos con lupa. Pero si todos los espectáculos llevan este camino, no tendrá dificultad en contar sus actuaciones por éxitos. La presentación de este primer programa en la Zarzuela lo ha sido, y completo. No podía disimular este valenciano espigado su satisfacción al salir a saludar, concluido su magnífico Arenal porque los bravos que emanaban del variopinto patio de butacas sonaban sinceros y francos. El nuevo director del Ballet Lírico Nacional justificaba en días pasados su exclusividad coreográfica en este programa en el deseo de presentarse al público de Madrid, de desplegar el abanico de su talento creativo. Las visitas a la capital, hace cuatro años, del Nederlands Dans Theater- con él en sus filas- el montaje de la Sinfonía india para la compañía que ahora dirige y las actuaciones, en junio pasado, del Nederlands Dans Theater 2, habían ya servido como magnífica referencia. Pero ahora había además una responsabilidad. Nacho Duato mueve la paleta de la coreografía con mano maestra. Derrocha creatividad, inspiración, sensibilidad. Hay en todas sus coreografías un intenso aliento lírico, una belleza prácticamente pictórica. Sus dedos dibujan el movimiento con delicadeza, con cuidado. El programa presentado en la Zarzuela ha permitido, además, conocer varios lados del prisma. Hombre que esconde tras de la claridad de sus ojos un laberinto, Nacho Duato ha descubierto sus cartas. Madrigal y Arenal inundan de lirismo el escenario, y si aquélla es un constante batir de olas, ésta muestra la alegría de la vida, la frescura de la juventud, caminando junto al dolor y la tristeza; la sonata lastimera del violonchelo de Opus Piat deja cierta amargura sobre el baile, en la que aparecen, como en un sueño, las sílfides clásicas en una danza en blanco y negro. Y un intimismo lleno de profundidad, de presencia, se deja ver en esa preciosa coreografía que es Synaphai Nacho Duato ha trabajado- -es fácil observarlo- con este ballet, y se ha inspirado en sus componentes para extraer de ellos todo el jugo, para sacar el fondo de su baile. Sobreviven aún, sin embargo, muchas rigideces. No explota la vida que la coreografía pide. Es muy profundo el cambio que el coreógrafo valenciano propone, y la expresión no alcanza siempre su exacta medida. Hay que referirse a tres nombres propios. En primer lugar, Joaquín Rodrigo, autor de la amable música de Madrigal y que fue ovacionado al salir, de la mano de Miguel Roa, a saludar tras el primer ballet. Mención también para Catherine Allard, un magnífico instrumento en manos de Nacho Duato, una bailarina que traza un poema en cada movimiento, que siembra de danza todas las coreografías en que interviene. Y por fin, ese lujo que es la voz en directo de María del Mar Bonet. Nacho Duato encuentra en sus canciones una inspiración especial, la danza se vuelve contagiosamente viva, contagiosamente alegre. Su voz es un imán para los pies, y no solamente de los bailarines. Nacho Duato ha dado su primer paso. Lo ha hecho con firmeza. Queda ahora recorrer el camino con el mismo ímpetu. Maya Plisetskaya Y cierre de lujo como debe de ser. Don Quijote a cargo de los integrantes del Boston Ballet- Jennifer Gelfand y Patrick Armand- que si bien abrieron a medias la noche estuvieron espléndidos en esta coreografía legendaria de Petipa. Gran pas classique para Laurent Hilaire y Sylvie Guillem. Ella, siempre destacando: en vestuario, un finísimo tutu en peinado, peluca corta sobre su larga melena; y movimientos, seguros, irónicos, gimnásticos, espléndidos. Segunda estruendosa ovación de la noche. Y la tercera fue para ese cisne que lleva años muriendo, con el mismo vigor que antaño, en los majestuosos brazos de Maya Plisetskaya y del que poco queda ya que decir. Destituido el director del Centro Dramático Gallego Pontevedra. Antonio Tovar El consejero de Cultura de la Junta de Galicia, el centrista Daniel Barata Quintas, cesó ayer fulminantemente al director del Centro Dramático Gallego, José Manuel Blanco Gil, así como a la responsable de producción, Emilia Mosquera Blanco, por haber ofrecido el estreno de Yerma de García Lorca, en el teatro Tívoli, de Lisboa, coincidiendo con la campaña política que despliega el presidente de la República de Portugal, Mario Soares. El reparto de unas invitaciones en donde figuraba el nombre del consejero de Cultura junto a las siglas del Movimiento de Apoyo a la Candidatura de Soares (MASP) así como el estreno de la obra central del Centro Dramático Gallego en dicho teatro, alquilado por los seguidores del presidente para pronunciar mítines y actos electorales, fueron los motivos del cese, según confirmaron tanto el propio presidente de la Junta, Manuel Fraga, como el responsable del departamento de Cultura, Barata Quintas. La propia Consejería aseguraba que el departamento autonómico no fue consultado ni concedió autorización alguna para el estreno de la obra en las circunstancias políticas que vive Portugal mientras que el propio Blanco Gil entiende que él había comunicado a la Consejería el teatro donde se iba a desarrollar el estreno,