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18 ABC OPINIÓN SÁBADO 11- 8- 90 Panorama JOAQUÍN BUXÓ UEDAMOS con Joaquín Buxó en el Asador de Burgos, en pleno ensanche barcelonés, una de esas sofocantes mañanas del mes de julio en que a uno le hubiera gustado no tener que ir a trabajar. La relación con Buxó se inició, hace unos meses, por puro azar, como casi todas- coincidimos de jurado en los premios de poesía Vila de Martorell- pero desde entonces regularmente nos vemos, con el convencimiento de que la nuestra es una conversación siempre interrumpida que hay que retomar. Hay un tipo de intelectual para quien el encuentro es, sobre todo, un detonante de agudas conversaciones; los hay, en cambio, que no conciben esta dialéctica sin un buen marco: ya sea entorno urbano, paisaje exótico, etcétera. Joaquín Buxó pertenece, sin duda, a esta segunda clase. Cuando nos citamos cabe elegir con tiento- por su parte o la mía- el lugar donde hacerlo, como si ello influyera poderosamente en el diálogo por venir. Hace un par de semanas me invitó a su casa, en compañía de Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate, para degustar desde las ocho de la tarde los treinta y tantos platos de una cena indonésica preparada al alimón con Viviane. Sólo sé que a partir de los postres, rociados con un buenísimo ron de La Reuntón, tengo algo borroso el recuerdo de cuanto aconteció. En esta ocasión quedamos en el Asador de Burgos. He pedido, si te parece bien- me dice con exquisita cortesía- unas costillitas de lechal, que las hacen deliciosas y te las sirven en unas parrillas individuales con brasas debajo, y luego un asado, que es su especialidad, como es de esperar. La trayectoria poética de Buxó es considerable, en cantidad y calidad (recordamos, entre otros, Las islas nos llamaban Mi voz sobre tus párpados Un vaso pequeño pero mío o El libro de los lugares y sin embargo, y pese a pertenecer por edad a la generación de los cincuenta, se halla sumido en un cierto olvido, como mínimo por parte de generaciones más jóvenes como la mía. Su obra- por lo demás no sólo poética, sino también narrativa: ahí está esa sabrosísima Floresta varia de gracias y desgracias que publicó bajo el seudónimo de Braulio de S ¡güenza, aunque él deseaba el de Fabián de San Cojoncio, desestimado a pesar de figurar en el santoral romano, y dramática: Cinco ante el silencio Casandra y Las lises tras el fuego -es un excelente ejemplo de ensamblaje entre vida y obra. O perfección en la vida o perfección en el arte dijo el gran Yeats; pues bien, Buxó parece deshacerse de tan agobiante disyuntiva sustituyendo el frío concepto de perfección por el de pasión. Pasión en la vida, con el convencimiento de que luego el arte, a posteriori, también la reflejará... Su poesía tanto puede desfilar por los íntimos parajes de la memoria más personal- realizando un sugestivo recorrido por los aledaños de las edades, como en Un vaso pequeño pero mío -como plasmar expresionísticamente su inquietud viajera, su afán de diferencia y nuevas experiencias, que le llevan hasta Djibuti, Somalia, La Reunión, Las Maldivas, Assam, Ceilán, Bali o Angkor, por citar tan sólo algunas de las referencias en El libro de los lugares ¿En busca de qué? se preguntará más de uno. Viajar- reza la sentencia- es añadir vida a la vida. Alex SUSANNA Q Mirador EL OTRO XIRAU H ACE ahora un año escribía yo en estas páginas acerca de Ramón Xirau, filósofo, pensador y poeta catalán, a quien por entonces se le había concedido el prestigioso premio Alfonso Reyes. Xirau, llegado a México en el éxodo de 1939, se afincó allí, matrimonió con una sobrina del escritor Francisco de Icaza, logró una cátedra de Filosofía y, en 1955, se nacionalizó mexicano sin renunciar por ello a sus raíces ni a su lengua vernácula. El 7 de enero de 1950 nació su único hijo. Cuatro años antes había muerto su padre, Joaquín Xirau y Palau, catedrático de metafísica, en un accidente de tráfico; Ramón Xirau puso a su hijo el nombre del ausente. Estremece pensar que ese nombre pudiera llevar en sí el sello de la tragedia: porque Joaquín Xirau Icaza iba a morir, no menos trágicamente, en Boston el 22 de marzo de 1976. Acababa de cumplir veintiséis años y tenía ante él un brillantísimo porvenir como economista y como escritor. En su memoria escribo, caliente aún la lectura de su libro Poemas que su padre me hace llegar, y que prologa con emoción contenida Octavio Paz: La muerte de un joven- d i c e- nos golpea como una sentencia injusta: ¿qué decir entonces de la muerte de un poeta joven? Apenas una veintena de poemas y cuatro textos de prosa poética componen el bagaje de este muchacho, que habló de una palabra que se niega a quedar muda y que volcó en su verso un puñado de obsesiones, que cobran relevancia especial cuando se constata la terrible brevedad de su plazo. En efecto, Joaquín Xirau dice del polvo y de la tierra y, sobre todo, del tiempo, como si los oyese golpear en su cerebro y su vigilia, tenaces, imparables. Caminando por el tiempo habla de un pájaro con las plumas de tiempo, de una capa de tiempo y negro terciopelo, del símbolo del tiempo, del crujir del tiempo, de la arruga del tiempo, de granizo de tiempo, mármol de tiempo, terrones de tiempo, tiempo de roca, tiempo de granito... y hay un reloj de arena que goteando sombra tiempo muere puntual cuando nace el canto Nace su canto precisamente con el poema al que estos últimos versos pertenecen y que luce el significativo título de Nacimiento I Porque cuanto en este libro se recoge ha sido cronológicamente ordenado y enmarcado entre estas dos fechas: 1968- 1972. Quiere decir que, desde los veintidós años, Joaquín Xirau no volvió a escribir poesía, inmerso en! diversos menesteres, que le llevaron a la Universidad de Harvard y que dieron lugar, entre otras cosas, a su libro Nuestra dependencia fronteriza escrito en colaboración con Miguel Díaz y aparecido el mismo año de su muerte. Ahora es ya silencio. Y sombra palpitante en estas pocas palabras verdaderas. Él quiso olvidar que el olvido existe Recordémosle, pues, niño dormido en su tumba tierra de sol amorosa Carlos MURCIANO ¿TIENE ALGO QUE VENDER? Utilice la Sección de Anuncios por Palabras de