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Vittoria Chierici: sosería y encanto ITTORIA Chierici (Bolonia, Galería Buades 1955) fue uno de los nomGran Via, 16 bres italianos que el artista y crítico mílanés Corrado Levi, organizador de su primera individual (Milán, 1986) propuso en su colectiva- apuesta Spunti di giovane arte italiana celebrada hace tres años en Buades. Aquel batiburrillo, si no facilitó el conocimiento de las obras individúales, al menos sirvió para que la galería se planteara el ir dando la palabra, de uno en uno, a algunos de aquellos artistas. Vittoria Chierici, pues, en solitario. Italiana formada en los Estados Unidos, y más concretamente en la New York School of Visual Arts, asume ese navegar entre dos culturas. Con los protagonistas de la nueva escena norteamericana, comparte un interés grande por las implicaciones sociológicas del arte, por el destino de la imagen en las sociedades consumistas. Una de sus primeras series conocidas fue aquella en la que versioneaba, otorgándole mayor pictoricidad de la que poseía el original, un cuadro de Warhol de 1962, cuadro a su vez basado en una imagen preexistente, la de la universal botella de Coca- Cola. Siguiendo con ese rizar el rizo, vino luego una serigraSin título, (1990) fía a partir de una fotografía de unos cuadros en los que Mike Bidlo retomaba algunas de las imáge- consabido juego de espejos al que go en el caso de Vittoria Chierici el nes más conocidas de Picasso. tan aficionados son los apropiacio- tipo de actitud en juego es otro. Ya Todo esto tiene que ver con el nistas y sus exégetas, y sin embar- Corrado Levi, al presentarla el año V pasi do en el catálogo de una importante colectiva japonesa, indicaiue la herencia neurótica en q j e ella se inscribe es la de pinitalianos- por lo demás bien distintos entre s í- coma Filippo de o Mario Schiffano. ectivamente, en cuanto hace ría Chierici hay una suerte de libilidad de pintora, que redime, el lado de la sencillez, aquello en otro sería mero juego inteial y pedante. Vittoria Chierici, cuyo trabajo se fundamenta en la repetición obsesile ciertos motivos, oscila perentemente entre la sosería y el into. Banalidad de la imagen fotográfica de la voladura de un io en Saint Louis, Missouri, y eza casi impresionista de la ra, de los cuadritos en que imagen se traduce. Eficacia ndística, difundida por los de las banderas rumanas creadas por los insurrectos del invierno pasado, y gracia y libertad u tratamiento, entre el trabajo man jal infantil, y la abstracción lírilo Sam Francis. Frialdad, por últimlo. de los cuadros realizados a r de la representación, en illo fluorescente sobre blanco, elotas de tenis, y rareza de un tado que la pintora querría cargado de la intensidad bizantina del nausoleo de- Gala Placidia en Rávi ¡na. J. M. B. Steffner, una voz de Mitteleuropa HRISTOPH Steffner (Altenmarkt, Austria, 1961) del que nunca habíamos oído hablar por estos pagos, estudió ingeniería mecánica en Salzburgo, capital de su provincia natal, y Económicas en Linz. Sus estudios de arte los empezó en 1984 en esa misma ciudad, prosiguiéndolos a partir de 1986 en Berlín. Actualmente reparte su tiempo entre Viena y Madrid. Según se desprende de su nota biográfica, además. de la pintura le han interesado el cine, la fotografía, el vídeo. En el primero de los campos mencionados ha creado- ver de nuevo la nota biográfica- diversas máquinas de cine experimental La exposición de Columela consta por una parte de una larga serie de dibujos, todos ellos realizados sobre páginas de la edición alemana Funf Jahre meines Leben, 1894- 1899 Berlín, Dr. John Edelheim Verlag, 1901) de las memorias de Alfred Dreyfus, el famoso capitán Dreyfus del affaire de mismo nombre, y por otra de dos piezas cinéticas, parte principal de las cuales son sendos proyectores científicos construidos por la empresa Biofiz, de Poznan (Polonia) gracias a los cuales vemos sobre una pantalla una serie de juegos de agua y luz. JUEVES 5- 7- 90 C Galería Columela Lagasca, 3. Hasta finales de julio esos elementos, que descritos pueden sonar a poca cosa, Ste fner logra crear un clima sumamerte sugerente. i los papeles se entrelazan el amarillento del sopórtenla leótica del texto y algunas reprobones de textos manuscritos, un dibujo enmarañado, en el distinguimos rostros, cuerpos udos, mares, pájaros... Es ineile pensar, ante estas imágede un romanticismo no reñido la precisión, ante estas entrevias intensas, en cierto venero ico mitteleuropeo en Kubin, Heripanovsky y otros soñadores ses, en Meret Oppenheim, en s, cuya sombra alargada grasobre una buena parte de la ra que hoy se hace en EuroEn las construcciones, que se Sin título, 1990 an a cien lenguas del cinetisestilo Museo de la Ciencia, ner alcanza mayor intensidad ica todavía. La que ocupa el fondo de la sala principal, con su e girando y girando, es de una za y de un misterio infrecuencasi milagrosos si tenemos en ta lo complicado de su apoyafísica. Juan Manuel BONET A B C 139